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Cartel promocional del documental 'Las Kardashian: una dinastía multimillonaria'. Foto: Movistar Plus+
Cartel promocional del documental 'Las Kardashian: una dinastía multimillonaria'. Foto: Movistar Plus+
Kris, Kendall y Kylie Jenner, en la
Kris, Kendall y Kylie Jenner, en la gala anual del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York de 2019. Foto: Movistar Plus+

Kim Kardashian y las oportunistas perfectas

El 29 de junio, Movistar Plus+ estrena el documental ‘Las Kardashian: una dinastía multimillonaria’, una serie de dos episodios que desentraña el fenómeno en el que se ha convertido esta familia que llegó a la fama con ‘Keeping Up with the Kardashians’, un reality que estuvo 14 años al aire y terminó en 2020 tras veinte temporadas. Parecía el fin de una era de telerrealidad a medias, pero la vida en directo debía continuar y las hermanas volvieron a la parrilla con ‘The Kardashians’, dos años más tarde. Sus escándalos, dramas y la vida de lujo que las acompaña son ya parte de la cultura pop.

Aurora Muñoz

Kim Kardashian es una especie de Lola Flores a la americana: «Ni canta ni baila, pero no se la pierdan». Esta frase apócrifa sobre la artista española se atribuyó durante años a una crítica supuestamente publicada en The New York Times que jamás figuró en los archivos de la web del periódico estadounidense. Sin embargo, la sentencia prevalece y sirve para explicar fenómenos como el de esta celebrity que, de partida, no contaba con ningún atributo que le asegurase el estrellato, salvo la sed de fama. Ahora, las cifras hablar por sí solas. La segunda del clan Kardashian cuenta con un patrimonio neto valorado en 1,4 billones de dólares, según los datos que maneja Celebrity Net Worth, sitio web especializado en la fortuna de las celebridades. Además, tiene 361 millones de seguidores en Instagram, que aumentan a un ritmo imparable: 93.023 followers al día. Ha llegado a superar la barrera de los cinco millones de likes en apenas un día con una publicación. Solo Beyoncé supera su impacto en redes sociales.

 

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¿Kim Kardashian se lo debe todo a Paris Hilton?

Muchos ya lo habrán olvidado, pero la primera piedra de ese imperio se colocó en Internet en 2004 con la difusión de un video sexual o… ¿Fueron dos en realidad?. Por aquel entonces, Kim Kardashian era asistente de la socialité Paris Hilton. “Ella literalmente me dio una carrera y lo reconozco totalmente”, declaró durante el rodaje de la temporada 17 del reality show de E!, Keeping Up with the Kardashians (KUWTK). Su amistad le abrió puertas de los clubes de moda de Los Ángeles, justo cuando la bisnieta de Conrad Hilton, fundador de Hilton Hotels & Resorts, estaba en el ojo del huracán por la filtración de un video íntimo con su novio de aquel entonces, Rick Salomon, que se viralizó y propició su participación en The Simple Life, junto a Nicole Richie.

Podríamos pecar de ingenuos y caer en lugares comunes como que la historia siempre se repite, pero lo cierto es que tres años después, el 14 de marzo de 2007, casualmente (o no) la propia Kimberly se convertía en la protagonista de su propio terremoto mediático, después de que se hiciera pública una sex tape casera con su pareja de aquel momento, el rapero Ray J. Aquello desató un auténtico #CelebGate y las teorías sobre su origen no dejaban de circular.  «Un amigo de Kim y Paris Hilton le aconsejó que, si lo que deseaba era hacerse famosa, un escándalo sexual sería suficiente. Kim habría comentado la idea con su familia de antemano”, recoge el libro Kardashian Dynasty, de Ian Halperin , en el que se basa el documental de dos capítulos que estrena Movistar Plus+ este 29 de junio. El verano pasado, el portal TMZ publicó en exclusiva unos documentos que trataban de probar esta versión sobre la filtración deliberada y revelaron que en las seis primeras semanas de su lanzamiento, el vídeo sexual generó 1.424.636,63 dólares. Los datos provienen de un correo enviado por Steve Hirsch, el director general de Vivid Entertainment, la productora de películas para adultos que distribuyó la cinta. El otro implicado en la historia, Ray J., asegura que fue Kris Jenner, la madre de su expareja, quien orquestó el plan para darle un empujón a su carrera profesional.

Nunca sabremos la verdad, pero lo cierto es que el 14 de octubre de aquel mismo año, todo el clan debutaba en un canal por cable estadounidense poco conocido. No pretendían protagonizar una serie familiar más. Kris y sus hijas KimKourtneyKholeKendall y Kylie ya eran conocidas por el difunto patriarca del clan, Robert Kardashian, un abogado que representó a O.J. Simpson en el juicio más mediático de la historia; también había sido muy sonado el posterior matrimonio de Jenner con el atleta olímpico Bruce Jenner —Caitlyn Jenner, después de su transición—; pero ahora las mujeres de la familia llegaban para competir en una franja de entretenimiento menos tradicional y destronar a espacios de la competencia como The Hills, la secuela del programa de telerrealidad Laguna Beach de MTV​, que documenta la vida de Lauren Conrad y sus amigas en Los Ángeles. La publicación de aquellas imágenes íntimas tuvo una innegable importancia en la narrativa de la primera temporada de KUWTK, que pretendía dejar claro, desde el principio, que era diametralmente opuesta a un formato blanco. «Estaba cachonda y me apetecía», relata abiertamente Kim cuando Kourtney, la mayor de las hermanas, le pregunta por qué se grabó aquellas imágenes en 2023, cuando tenía 23 años.

Millones de personas han seguido Keeping Up With the Kardashians a lo largo de sus 20 temporadas, la secuela se estrenó antes de que pasaran 10 meses desde su final y a lo largo de todo ese tiempo han cerrado contratos publicitarios de todo tipo. Las Kardashian se han convertido en una marca de la cultura pop. No hay duda. La cuestión es cómo han logrado aprovechar al máximo las redes sociales para crear una forma totalmente nueva de hacer televisión y hacer de sí mismas auténticos productos de consumo.

Así se crea un imperio

«Las ames o las odies, es innegable que las Kardashian han cambiado tantos aspectos del mundo que es poco probable que no hayan influido en algo a tu vida», argumenta Marita Alonso, experta en cultura pop y redactora de temas relacionados con estilo de vida y la cultura desde una óptica feminista en medios como las revistas Elle y Cosmopolitan. Estas hermanas han cambiado la forma en la que consumimos entretenimiento y han sabido sacar partido como nadie al consumo mediante la doble pantalla, en el que vemos el dispositivo televisivo al tiempo que estamos pendientes de las redes sociales, entrando en juego el storytelling transmedia que Henry Jenkins definió como aquellos «elementos integrales de una ficción que se dispersan de forma sistemática por diversos canales con el fin de crear una experiencia de entretenimiento coordinada y unificada». Ellas consiguen que, a pesar de ser una constante en las redes, lo que cuentan en el reality siempre aporta algo nuevo.

 

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«Son las maestras del manejo de la hiperrealidad de Baudrillard, pues en el primer estado de la simulación, han optado por exagerar su sexualidad y sus curvas hasta cambiar la percepción que tenemos de las Kardashian», introduce Alonso. El clan ha normalizado una nueva belleza construida y unos ideales de belleza en los que acentúan sus curvas hasta el punto de que ya no sabemos distinguir al personaje de la persona. «En muchas ocasiones sucede que la gente es incapaz de saber cuándo Khloé Kardashian ha retocado la foto en sus redes sociales y cuándo es ella la que se ha hecho un nuevo retoque. Es imposible no vincular esta hiperrealidad con la forma en la que la telerrealidad da un giro a la narrativa tradicional, pues en lugar de intentar que los personajes parezcan reales, hace que la gente real se convierta en personajes al emplear recursos narrativos», desarrolla.

Su secuela ha sido dirigida por la showrunner nominada al Emmy, Danielle King, responsable de otros formatos célebres como Million Dollar ListingRuPaul’s Drag Race, y producido por la compañía británica Fulwell 73, que tiene en su catálogo programas como el Late Show de James Corden, ganador de varios premios Emmy. La excelencia del equipo que hay detrás de las lentejuelas y el satén demuestra que, además de ofrecer un producto bien pulido, todo está absolutamente medido. Las propias Kardashian-Jenner también están acreditadas como productoras ejecutivas, lo que les otorga control sobre la versión de sus vidas que proyecta el reality. «Se han encargado de que cada episodio ya no sea una narración de sus vidas, sino una suerte de branded content salpicado de alguna anécdota personal. La firma de Kim, Skims, no sólo aparece constantemente en cada capítulo tanto en la trama como en los looks de las hermanas, funciona hoy como un baúl cultural que dentro de unos años, nos servirá para recordar lo que era culturalmente significativo en cada momento. ¿O acaso es casualidad que apostara por dos de los personajes más populares de The White Lotus 2 en una de sus campañas de San Valentín?», plantea Alonso.

 

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La marca de Kim Kardashian llegó al mercado en 2019, un momento de cambio. Presentó sus prendas interiores y supo expandirse en el marco de la inclusión a través de una amplia representación de tonalidades para cualquier tipo de piel y de tallas, justo cuando Victoria ‘s Secret estaba siendo cancelada por empeñarse en no abrazar ese modelo body positive.  Con esta estrategia, ganó dos millones de dólares pocos segundos después de su lanzamiento. «Kim, siendo una de las mujeres más sexys del planeta, hizo de la lencería color carne y de las fajas las prendas íntimas más aclamadas. Ni encajes ni sujetadores push up: su firma ha sabido escuchar a las necesidades de un público cansado de ángeles imposibles, pero al mismo tiempo, al asegurarse de posar siempre en sus posts y campañas, nos ofrece la ilusión de poder parecernos un poquito a ella sin invertir ingentes cantidades», explica la experta en cultura pop.

El año pasado optó por dar un paso más y recuperó a las cuatro súper modelos más icónicas de Victoria ‘s Secret para una campaña. Alessandra Ambrosio, Candice Swanepoel, Heidi Klum y Tyra Banks se quitaron las alas para enfundarse en las fajas más famosas del mundo, adueñándose así de la narrativa de la firma predecesora. Kardashian proyectaba así la idea de que el mundo ha cambiado y que incluso las propietarias de los cuerpos más admirados del mundo utilizan prendas reductoras para realzar las partes de su anatomía que más les gustan. Ese era el lema: «SKIMS Fits Everybody”.

 

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«Kim Kardashian se está asegurando de trazar constantes paralelismos con Marilyn Monroe para erigirse con el indiscutible icono de la cultura pop del momento. De hecho, antes de ponerse el vestido con el que la actriz le cantó el Cumpleaños feliz a Kennedy, ya apostó un año antes, en la gala MET de 2021, por un diseño que cubría su cuerpo y su rostro, haciendo sin embargo que este look de tintes casi ninja fuera plenamente reconocible, pues al igual que ocurre con Monroe, un icono es reconocible simplemente por su silueta, y la de Kim, lo es», apostilla Alonso.

El plan funcionó e igual que Kim copió el viaje al estrellato de Paris Hilton con algunas mejoras, la menor de las Kardashian-Jenner, Kylie utilizó una estrategia de lanzamiento inspirada en su hermana para dar el salto al mundo del maquillaje como empresaria.  Comenzó a aparecer en el show con su familia a los nueve años y fue creciendo con el programa. Según ha contado en su cuenta de Instagram, comenzó a inyectarse relleno en los labios cuando tenía 16 años y tardó en admitir públicamente que había recurrido a la cirugía para hacer su boca más voluminosa, pero el cambio era notable. Las redes se llenaron de publicaciones con los hashtags #KylieJennerChallenge y #LipChallenge. Las adolescentes popularizaron un reto que consistía en absorber el aire de un vaso de chupito con la boca y dejar que la presión engrosara sus labios para que se asemejaran a los de la artista. Aquel fue el germen de Kylie Cosmetics. En 2015, sacó tres kits de labios que prometían ser el secreto de su exuberancia. Las 150.000 unidades se vendieron en cuestión de horas y los éxitos se sucedieron hasta que en 2019 vendió el 51% de las participaciones de su compañía al gigante de la belleza Coty en un trato valorado en 1.200 millones de dólares. La revista Forbes puso sus ojos en ella y la proclamó «la billonaria más joven de la historia». Sin embargo, el tiempo (y la documentación periodística) demostró que las cifras estaban infladas.

La publicación de negocios no dudó en retirarla de su lista de millonarios y le dedicó un reportaje en el que desmontaba lo que denominó «una espiral de mentiras», pero la Kardashian, una vez más, había logrado su objetivo gracias al escándalo: un titular de impacto (o incluso dos) y acaparar las portadas.

¿Cuánto hay de auténtico en el show?

Kim Kardashian marcó el final de hacerse famosa por la polémica. Si regresamos al mito, nos encontramos con que Marilyn fue un sex symbol cuyas curvas sirvieron para representar la forma en la que la sociedad cambiaba su forma de afrontar el sexo, mientras que Kim representa la pérdida de intimidad, la obsesión por la fama y la era digital. «Es el siguiente sex symbol, el que representa el presente, pero ella está sabiendo apropiarse de la narrativa y emplear su poder a su antojo. Bien sea en una visita a la Casa Blanca o pudiendo tener acceso al vestido de su icono, ella demuestra que a partir de un escándalo, el mundo es casi suyo, y el público, la odie o no, está siendo testigo de su dominación», resume Marita Alonso. A veces, lo que el espectador valora no es tanto tener la verdad delante, sino un gran espectáculo y eso es lo que le brinda este (falso) reality.

 

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Desde que las conocemos, las Kardashian han ido esquivando crisis de credibilidad. Todo comenzó con la fachada de la casa ubicada en las inmediaciones de Los Ángeles que se muestra temporada tras temporada. En 2020, la vivienda a la que pertenece se puso a la venta por 6,75 millones de euros en la agencia inmobiliaria realtor.com y gran parte de la audiencia del programa descubrió entonces que no pertenecía a ninguna de las hermanas. Podían haberlo advertido mucho antes, ya que la propiedad había aparecido antes en series como True Blood, American Horror Story y un anuncio de Victoria’s Secret.

 

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Según la web inmobiliaria VIP The Real Deal, la intención inicial era la de duplicar lo más fiel posible la morada que poseía Kris Jenner, que nunca vivió realmente entre esas paredes. Kim explicó que, aunque los interiores si que retratan sus verdaderos hogares, para las tomas de exterior utilizaban otras casas para proteger su seguridad y evitar que sus verdaderas direcciones sean expuestas. Desde ese momento, todas las imágenes externas se hacen de la parte trasera de las casas de la familia para que no puedan ser identificadas por nadie. Esto es solo un pequeño detalle de que «la vida en directo» no lo es tanto.

Aunque la intención de un reality show es mostrar el lado más personal de las famosas, lo cierto es que no todas las escenas que se ven en Keeping up with the Kardashian son reales, muchas están ensayadas y en ocasiones, cuando algo no se ve bien en pantalla, entra alguien de producción en el plano o hay algún fallo, suelen repetir la escena hasta que quede perfecta. «Ellas se han integrado completamente con las cámaras y las luces. No se ven momentos de torpeza como pasan algunos realities donde, que de vez en cuando, se ve alguien del equipo por el tiro de cámara y, si eso sucede, lo integran y le dan un nombre. El programa es limpísimo», defiende Alberto Rey, creador del blog Asesino en serie de El Mundo y crítico de televisión.

Contar esto, no es descubrir la pólvora ni romper la fantasía de televisión, precisamente. El jugador de baloncesto Kris Humphries hizo público durante el juicio en el que solicitaba la nulidad de su matrimonio con Kim Kardashian que gran parte de lo que vemos es guionizado. En concreto, alegó que fue obligado a pedirle matrimonio durante las grabaciones del programa y que todo fue un montaje para el show. De la misma manera, hemos asistido a la evolución explosiva de la relación entre Khloé, Kourtney y Kim, que llevan peleándose desde la apertura de su primer negocio, las tiendas Dash. Incluso en algunos capítulos Kourtney confiesa que ya no quiere tener una “relación falsa” con sus hermanas, mientras que en sus cuentas de Instagram podemos verlas en imágenes idílicas donde se apoyan y se motivan las unas a las otras.

 

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Nos dejan pistas incluso dentro del propio formato. En uno de los episodios, las tres mayores se inscriben en un curso para aprender a dirigir su discurso a los medios de comunicación. Durante la formación, les hacen preguntas complicadas para ensayar las respuestas más favorecedoras para su imagen pública y a Kourtney le tocó afrontar un interrogatorio en toda regla sobre cómo le explicaría a sus hijos cuando crecieran los problemas que ha tenido con Scott Disick, su expareja y uno de los miembros que más controversia han generado. La contestación fue espontánea: «¡Les diré que todo fue mentira!».

El crítico de El Mundo, en cambio, pone en duda que todo sea pura impostura. «Si conoces los tiempos de producción, llegas a plantearte si a este tipo de gente le compensa tener una vida real y luego performar para la cámara. Si van a estar diez o doce horas diarias ante los focos viviendo un personaje, lo más probable es que sean prácticas y de perdidas, al río. A ver si al final, lo que estamos viendo va a ser más real que lo que queremos creer, porque tendrían que ser las mejores actrices del mundo para no acabar quedándose en el personaje y, hasta donde sabemos, no han aceptado ningún papel de cine», desliza.

Los límites de la telerrealidad

La banalidad que rodea a este reality les ha servido de justificación para lo injustificable, incluida la pérdida de la verosimilitud. «Las hemos acabado tratando un poquito como a Tamara Falcó. Hemos decidido que son un dibujo animado todo el rato, hasta la enfermedad, no las consideramos personas de cuarenta años. Las colocamos en el mismo cajón mental que a los de Sálvame y, aunque estaría perfectamente legitimado, si dicen determinadas barbaridades, no las tomamos en serio», valora Rey, que las compara la serie The Idol, de HBO, que tiene como intérpretes principales a Lily-Rose Depp y The Weeknd. «Hay un momento en el que un personaje le dice dice una de las protagonistas: ‘Tú no eres una persona, tú eres una súper estrella’. Ellas viven también en esa escena grandilocuente, donde de repente están presentes en la vida de todo el mundo. Eso hace que las poseamos y, al tiempo, les permitamos cualquier cosa, como si habitaran en un mundo de ficción», amplía.

Para ejemplificar esta teoría, devuelve a nuestra memoria un momento de la serie en el que Kanye West  dedice ir al colegio de sus hijos en un camión de bomberos auténtico, con oficiales del cuerpo de Los Ángeles. «Cuando lo vi, pensaba en que la ciudad tiene un serio problema de incendios y de falta de bomberos. Podría haber optado por caracterizar un camión y llenarlo de figurantes, pero se permitieron el lujo de hacerlo con uno de verdad. Eso lo hace cualquier otra persona y lo revientan públicamente. Ellos, en cambio, tienen tramas tan absolutamente incoherentes, que no entramos ni a tratar de desmontarlas. Ya están viviendo una existencia tan performativa e hiper producida que ahora mismo hay un apagón generalizado que nos obliga a volver a la era de las cavernas y Kim Kardashian no se dejaría de maquillar hasta que se le acabasen los productos de belleza», bromea.

Eso no quita que sus excesos no sirvan de punto de partida para iniciar debates sociales de calado. A veces, incluso, la realidad supera a la ficción. En 2018, varios fuegos calcinaron más de 45.000 hectáreas y 6.700 edificios al sur de California. Cientos de personas tuvieron que ser evacuadas de sus viviendas por el peligro de las llamas, entre ellas famosos como Miley Cyrus. Algunas ciudades como Paradise, de 26.000 habitantes, quedaron arrasadas por completo. Se contabilizaron más de 40 muertos y 200 desaparecidos. En mitad de esa pesadilla, faltaban efectivos y el matrimonio West no dudó en recurrir a una patrulla privada de bomberos para que les ayudara a apagar el fuego que rodeaba su casa, que quedaba dentro de la zona de evacuación, según la web estadounidense TMZ. Su poder adquisitivo les permitió salvar una mansión, valorada en más de 60 millones de dólares, mientras que otras muchas familias veían como sus hogares eran devorados por el fuego.

«Este reality enseña los límites de la economía de mercado, cuando de pronto todo es un negocio, incluso sus propios hijos», advierte Rey. El columnista se retrotrae al comienzo de todo para demostrar cómo Jenner y sus descendientes han ido transgredir todo lo que hasta su llegada se consideraba un punto de no retorno: «Hay un cierto paralelismo en su historia del vídeo sexual y la de Pamela Anderson. También se dijo que ella y Tommy Lee habían filtrado unas cintas caseras por popularidad, pero los caminos que siguieron fueron muy diferentes. Ella siempre sostuvo que se las robaron y puso una línea roja. No quiso participar de una violación a su intimidad ni beneficiarse económicamente de la distribución del vídeo. Sin embargo, Kim y su equipo deciden que van a jugar».

 

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Podría decirse que, si Britney Spears fue considerada la sucesora de Madonna en la música, la segunda de las Kardashian le ha dado el relevo en las revistas. «Durante muchas etapas de su carrera, Madonna hizo lo quiso, aunque le advirtieron que no debía y, al final, a base de insistencia y muchas leches por el camino, le ha salido bien. Incluso podríamos decir que el mundo es un poquito mejor gracias a ella. Cuando sale su libro Sex [se publicó en 1992, con fotografías de Steven Meisel y Fabien Baron, como acompañamiento de su quinto álbum de estudio, Erotica], ella no duda en decir que, cada vez que lee a gente indignada porque ve fotos de dos hombres besándose o de una mujer dominando a un hombre con artilugios sadomasoquistas, se alegra de haber sido la que provocó esa reacción. No pide perdón. Ella cambió las reglas y, en cambio, Kim ha sabido ir con el mercado. Su madre, como representante, ha sabido comprender dónde estaban las oportunidades y explorar las al máximo. Si esa mujer hiciera un curso para empresarios, habría que pagar lo que pidiera, porque valdría cada dólar», asegura Rey.

La estética del triunfo

Tal y como sucede ahora en la docuserie de Georgina Rodríguez, los guionistas buscan desarrollar un patrón en el que nos sintamos identificados, pero sin abandonar ese punto aspiracional. «Es absolutamente indiscutible cómo han marcado el canon. Vas a un garito por la noche y solo tienes que fijarte en cómo se visten y se pintan las chicas para darte cuenta de que hay Kardashians por todos lados», señala el periodista de El Mundo.

Lo verdaderamente llamativo es cómo han logrado colocar un modelo de belleza que, a priori, estaba destinado a no permear en la sociedad. «Imagínate hacer una ficción sobre unas tías ricas, armenias, que deciden, entre todas, elegir una estética claramente latinoamericana con cinturas muy apretadas y traseros con un enorme protagonismo. Luego ellas mismas, que son puro privilegio, lo modifican e introducen peinados propios de las mujeres nubias y consiguen ampliar su mercado de una manera exponencial. Esto lo escribes en un guion de ficción y no te lo compra nadie, te tacharían de misógino y exagerado, porque han tenido momentos en los que aquello parecía una parodia donde se proyectaban ideales inalcanzables, pero por otro lado, hay un punto honesto en hacer lo que les da la gana con su cuerpo», justifica Rey.

El tiktoker @alekos__ desarrolló una teoría viral que acusaba a las Kardashian-Jenner de utilizar la influencia de los hombres negros para impulsarse. «Catapultaron a su familia a la fama y descubrieron una mina de oro: la cultura negra. Ahora sus hijas podrían tomar características de la cultura negra, embellecerlas, pero lo más importante: manufacturarlas», sostenía este creador de contenido. Su protesta no es un caso aislado en las redes sociales. Kim ha tenido ya que enfrentarse en diversas ocasiones a acusaciones de apropiación cultural y, en más de una ocasión, ha tenido que pedir disculpas.

 

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Uno de los casos más sonados fue el nombre que decidió darle a su marca de ropa interior moldeadora. Lo que ahora se conoce como Skims, fue llamado Kimono en un primer momento, algo que hizo arder las redes por lo poco que ver que tenía con la tradicional prenda japonesa. Después, llegó la publicación de una fotografía en la que lucía una pieza de joyería llamada Maang Tikka (conocido también como Tikka o Sirbandi) que las mujeres indias suelen emplear en bodas o celebraciones y las múltiples ocasiones en las que ha lucido trenzas. «Nunca haría nada para apropiarme de ninguna cultura, pero en el pasado tuve reacciones violentas por ponerme el pelo en trenzas y lo entiendo, aunque también hay una historia de trenzado de cabello en Armenia y la gente olvida que yo también soy armenia», declaró ante las acusaciones de blackfishing [término que se usa para describir cuando las personas blancas cambian su apariencia para parecer más negras o racialmente ambiguas] que le dirigió el dramaturgo Jeremy O. Harris.

Pero, sin duda, el momento en el que la segunda de los Kardashian se convirtió en el peor chiste racista de la historia de las revistas fue su mítica portada en Paper bajo el titular: Break The Internet [Rompe Internet]. Y lo consiguió. Corría el año 2014, Kim Kardashian fue capaz de atraer a 34 millones de personas a la web de la publicación con una instantánea en la que aparecía con un palabra de honor de látex negro mientras su trasero sujetaba una copa de champagne. Se hizo viral rápidamente, pero no por las mejores razones. La fotografía se inspiraba en una anterior, tomada en 1976 por el fotógrafo Jean Paul-Goude a la modelo afroamericana Carolina Beaumont y que bautizó como El incidente champagne. Aquella imagen fue publicada en un libro fotográfico titulado Jungle Fever [Fiebre de la Jungla] que recogía retratos de mujeres encerradas en jaulas y mostrando sus dientes como animales. Goude fue señalado por el sesgo racista de este volumen y, probablemente, hoy estaría cancelado.

 

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«Las Kardashian se han erigido en un sistema feminizado de poder, pero no es un poder político social ni cultural. Es una estructura meramente económica basada en una plasticidad erotizada de sus propios cuerpos. Son el epítome de la representación femenina en la sociedad de consumo: mujeres que se yerguen dueñas de sus decisiones, pero son meramente estéticas y sumamente complacientes, dirigidas al inconsciente colectivo masculino. No hay revolución en su discurso; no hay empoderamiento. Solo hay neoliberalismo salvaje, adoración hueca al dinero y sus símbolos de poder», interpreta Diana Aller, guionista y crítica de televisión. «Han impuesto modas, pero nada más que han cambiado el culto de la cosificación femenina de las tetas al culo; se han hecho muy ricas a costa de blanquear la pornificación femenina y desvirtuar el concepto de liberación para las mujeres», añade.

Para Aller, tampoco hay grandes aportaciones a nivel audiovisual. «Los Osbourne’s se adelantaron en esto del seguimiento emocional de la telerrealidad. Puede que resultara rompedor ver los entresijos de sus vidas en la primera temporada, pero hoy hay cierto hartazgo de privacidad en las redes sociales. La exposición estratosférica de famosos y anónimos nos inunda, tendrían que traer novedades en la narrativa para que suscitará un verdadero cambio de paradigma, pero mucho me temo que la línea será continuista: una burdísima exposición de caprichos millonarios y problemas ultraterrenales que las harán a ellas más ricas y a los demás más miserables», determina Aller.

 

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Sin embargo, si algo han conseguido estas hermanas es colarse en un lugar del star system al que probablemente no estaban invitadas inicialmente. «Las grandes firmas de la moda las han tenido que acoger de alguna manera. Han colaborado con Balenciaga y otras marcas de súper lujo que saben que el público las reconoce como un icono, aunque no quieran. Han logrado un estatus de superestrellas absolutas sin haber hecho nada», sostiene Alberto Rey.

La suya ha sido proclamada como una estética del triunfo, en una especie de retrato cínico del universo de la moda y de las clases privilegiadas, que podría haber sido rescatado de El triángulo de la tristeza, la película del director sueco Ruben Östlund que ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes. «Es más bien lo contrario. Si tú tienes esta estética, triunfarás», aclara el crítico televisivo. «Tiene un punto de la corte francesa del siglo XVIII, cuando las mujeres de la nobleza llevaban unos estilismos imposibles, con las pelucas y apretadas con corsés que no las dejaban ni respirar. Era su manera de demostrar que no necesitaban trabajar. Casi no se movían y perdían muchísimo el tiempo en su aspecto. El contouring podría ser el equivalente del siglo XXI», ilustra Rey.

 

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Esta súper producción de su aspecto podría resultar caricaturesca pero ha sido la clave de su éxito. «Hay mujeres en todo el mundo que observan como a Kim Kardashian se la valida como una gran triunfadora, como una mujer súper sexy y además, es bastante más sencillo que se vean proyectada en ella que en Margot Robbie«, desentraña el periodista de El Mundo. «Ellas son las oportunistas perfectas. En la tradición mediterránea, hemos adoptado este término como un insulto que le colocamos a aquel que se aprovecha de algo, pero en la cultura anglosajona define a s alguien que ve una oportunidad y la coge. Las Kardashian son capaces de montar inmensas campañas de marketing solo con colgar fotos en Instagram de apariencia casual, con su vasito de Starbucks en la mano mientras salen de un coche con cristales tintados. Ahí reside su poder. Forman parte de una cultura de la celebridad, donde la gente es famosa por ser famosa y eso es algo que puede gustar más o menos, pero es la realidad y tenemos que reconocerles su capacidad de influencia», concluye el crítico televisivo.