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Cartel promocional de 'Esta ambición desmedida', el documental sobre C. Tangana. Foto: Movistar Plus+
Cartel promocional de 'Esta ambición desmedida', el documental sobre C. Tangana. Foto: Movistar Plus+
Un fotograma del documental 'Una ambición desmedida', sobre C. Tangana. Foto: Movistar Plus+
Un fotograma del documental 'Una ambición desmedida', sobre C. Tangana. Foto: Movistar Plus+

La crisis de los 30 de C. Tangana

Después de alcanzar los 65.000 espectadores en cines y se convertirse en el tercer documental más taquillero del año, ‘Una ambición desmedida’ llega a Movistar Plus+ reconvertida en serie para pulverizar todos los récords, como hizo ‘El Madrileño’. La mística del perdedor es el eje de este título que competirá en Los Goya y que coloca al espectador en el backstage de la gira ‘Sin cantar ni afinar’.

Aurora Muñoz

El 26 de febrero de 2021 se lanzó El Madrileño. Fue el mejor debut global de un artista español en la historia de Spotify, con 5.170 millones de streams en sus primeras 24h. Solo una semana después, ya era el álbum más escuchado del mundo. Reunió a 15.723 personas en su concierto en el Wizink Center. Un año más tarde, C. Tangana ya había ganado tres Grammy Latinos y había despachado 160.000 copias, convirtiendo este trabajo en el disco más vendido en España aquel ejercicio.

Estas cifras demuestran que El Madrileño ha sido el proyecto más ambicioso de Antón Álvarez Alfaro (Madrid, 16 de julio de 1990) hasta la fecha. Los críticos musicales alabaron que hubiera roto la baraja con un proyecto que marcaba un antes y un después en su carrera. «C. Tangana sí que se parece al Bob Dylan que tanto admira», le concedió Luis M. Maínez en Mondosonoro. Sin embargo, lejos de los focos, Antón sentía el vértigo de este salto al vacío mientras era encumbrado.

En busca de la trascendencia

«Me estoy dirigiendo siempre a la juventud y hablar a los chavales está bien, pero yo ya quiero pararlo y no es fácil ese cambio. (…) Soy un creador, no soy un intérprete. Necesito algo a lo que pueda afiliarme, aunque tenga 40 palos», cuenta al arranque de Esta ambición desmedida, una película dirigida por Santos Bacana, Cris Trenas y Rogelio González que se estrenó en cines el pasado 26 de octubre con el aval de su productora Little Spain y que ha logrado la candidatura de Mejor Película Documental a los Premios Goya 2024.

El largo, que dura dos horas y 15 minutos, se estrena este lunes 22 de enero en Movistar Plus+ en forma de serie. Una especie de drama en el que el público redescubrirá a C.Tangana, que pasa de una pose de suficiencia ególatra a mostrar la vulnerabilidad de un tipo al que le pesa la soledad en la cima, los vicios alteran sus rutinas y el deseo de alcanzar la trascendencia casi le cuesta la carrera. Lejos quedaba aquel arquetipo del rapero que canta al dinero, a la fama y a su éxito con las mujeres. Ya no hay lugares comunes a los que regresar. Así que decide dejar atrás un disco grabado con rap y opta por llegar a la superación del trap de otra manera, con un nuevo trabajo que considera «a altura de los tiempos», como contó en declaraciones a El País poco antes de su estreno.

El referente absoluto de la modernidad se despoja de la capa de armiño y se queda desnudo ante sus súbditos, como en el cuento publicado por Hans Christian Andersen en 1837, El traje nuevo del emperador. Antón se debate de manera obsesiva entre la deconstrucción de la masculinidad y el empoderamiento. No está dispuesto a quedarse sentado en el trono a esperar que otro se lo arrebate y, en mitad de esa inmensa crisis creativa, llega el momento de ponerle el cascabel al gato: ¿cómo se puede trasladar al directo un disco revolucionario como El Madrileño?

El show para un estadio que llenó el Wizink

Es posible que el álbum que tenemos entre manos no sea Omega o La leyenda del tiempo, pero lo cierto es que si algo derrochó Tangana fue ambición. Derrochó por los cuatro costados, que dirían los flamencos. Antón reclutó a un grupo de al menos 15 colaboradores que van desde los 20 hasta más de los 70 años, músicos veteranos y talentos emergentes, de géneros como el corrido o el son cubano. Llegaron desde Puerto Rico, San Francisco, Uruguay y Hermosillo para completar una lista que incluye a José Feliciano, Carín León, Adriel Favela, La Húngara, el Niño de Elche, Gipsy Kings, Jorge Drexler, Omar Apollo, Toquinho, Eliades Ochoa, Andrés Calamaro, Pepe Blanco y Kiko Veneno. Casi nada.

«Yo no sé cantar», planteó el artista a Sony, su discográfica. Pero, ¿desde cuándo se ha tratado de eso? El lema que pone nombre a su gira mundial Sin cantar ni afinar, es un ejercicio absoluto de honestidad de este madrileño que creció entre los barrios de Usera y Carabanchel. Nunca se ha sentido cómodo en el escenario ni con formalismos como perfeccionar la técnica vocal. «Mis conciertos no eran arte, no podían considerarse una expresión cultural. Eran una fiesta y está muy bien hacer fiestas, pero mi ambición iba más allá. Yo quería ser un performer. Ojalá llegase a ese nivel, pero sí creo que esta experiencia me ha cambiado, me ha puesto en un sitio del que me siento muy orgulloso», relataba en el madrileño hotel Urso durante la presentación del largometraje a la prensa.

En un ejercicio de responsabilidad artística, decidió aceptar el reto de ofrecer un show que los reencontrase con las masas, con citas nacionales en Madrid y Barcelona, pero Pucho es uno de esos seres humanos que sueña a lo grande y no se conforma con menos. Lo quiere todo. Y quiso camareros y más de 30 músicos sobre el escenario, una pantalla gigante, varias cámaras para la realización… Y la cosa se salió de madre. «Llevo un año trabajando en esta gira y no voy a ver un puto euro», le dice Kigo, su manager, en un momento clave del documental en el que reconoce que ha pasado dos semanas deprimido tras ver los números. Ambos mantienen una reunión tras primeros conciertos y comprenden que el espectáculo no va a ser rentable. Necesitan detener la sangría. «Esta gira era para hacer millones. (…) Teníamos un espectáculo para un Wanda y hemos hecho un WiZink», le echa en cara Chave, su financiera.

La cinta muestra a C. Tangana a lo largo de más de cuatro años que comprenden desde la génesis del disco al término de su gira mundial y, en todo ese tiempo, la tensión con el equipo es evidente en muchos momentos, pero el baño de realidad no lo detiene. Lo suyo es auténtica obsesión pasional y no lo de aquel reguetón de Aventura. «La atención te vuelve un poco loco, te desequilibra, pero debes hacer algo que realmente merezca la pena con lo que tienes, con la repercusión mediática, el público que te sigue y con todo lo que tengas a tu alcance», valora ahora. «En el fondo es un lujo poder montar este pollo», concluye en respuesta a las preguntas de los periodistas.

Si algo puede salir mal… Saldrá peor

Durante la promoción, una de las frases más repetida por Lucho fue: «Este tiene que ser el concierto de mi vida» y quizás muchas de las fechas de su gira mundial lo fueron, pero por razones inesperadas. «Es como un puto niño pequeño. En algún momento tendrá que parar esta persona, no puede llegar más arriba», relata en cámara Chave. Es justo entonces cuando todo se empieza a torcer y ese hombre, armado con su propósito, acaba por descubrir de la peor forma que a veces hay que tener cuidado con lo que deseas.

«Si seguimos bajando, lo siguiente es que yo salga desnudo o que no salgamos, directamente», protesta Tangana en un momento de desesperación. En ese preciso momento, cuando todo se desploma, es donde el documental despunta y comienza a parecerse a una suerte de Lost in La Mancha. El público va pelando la cebolla hasta llegar al corazón. El equipo de Little Spain se sumerge en la vida del protagonista desde un punto de intimidad muy privilegiado, hasta el punto que en un guiño al espectador llegan a mostrarnos a C.Tangana literalmente desnudo, mientras se ducha. «Yo soy el que se mete en problemas», reconoce en la rueda de prensa.

El inevitable relevo generacional

La película ha alcanzado los 65.000 espectadores en cines y se ha convertido en el tercer documental más taquillero del año. El metraje nos descubre por medio de la hostilidad de las negociaciones, los ensayos y las conversaciones incómodas al chico de 16 años que sigue latiendo debajo de esa estrella que lleva viviendo más de seis meses de hotel en hotel.

En 2006, Pucho era Crema y lo petó en los MP3. «Cuando escucho lo que hacía, le encuentro el valor, pero aunque parezca muy austero, es lo más pretencioso que he hecho», dice a los periodistas sin que le tiemble el pulso. «Yo ya no entiendo lo que hacen los chavales», admite y lo cierto es que, desde entonces, la escena urbana ha cambiado mucho. Tanto, que C. Tangana ya ni siquiera se reconoce en ese apodo con el que se dio a conocer en 2011.

Algunos han llegado a comparar El Madrileño con My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010) de Kanye West, por lo que significó en la trayectoria del que ha sido uno de los hombres más poderosos e influyentes de la industria de la música y la moda. Algo debe haber, puesto que el propio Antón sacó en 2018 un tema titulado El Rey Soy Yo / I Feel Like Kanye. En pleno intercambio de beefs, su letra rezaba: «Creo que dije algo que la molestó, /y ahora me siento como Kanye, amado por casi nadie. /Super odiado por ti«. Más de un lustro después, hace la misma reivindicación que el estadounidense hizo en el filme jeen-yush: A Kanye Trylogy, que se presentó en el festival de Sundance después de dos décadas de rodaje y luego fue estrenado en Netflix: ser valorado como artista, más allá de la esfera del rap.

El futuro se rueda

«La trascendencia pasa por ser más insignificante. (…) Yo soy un currela, no soy un genio. Mi carrera se basa en picar piedra», asegura Antón. «A lo mejor mi próximo disco es una mierda, no lo escucha nadie y no puedo volver a montar una como esta», dice entre risas a los periodistas. Su madre lo duda: «Pucho es muy listo. Sabe ver las cosas buenas y juntarlas para hacer algo mejor», simplifica con acierto en el documental. Dicen que nadie nos conoce mejor que la que nos parió y Patricia Alfaro aún rememora con cierto escepticismo el día que celebraron su contrato con Sony comiendo unas croquetas «malísimas» en un bar del barrio. «Es muy vago, desde pequeño. No sabe cantar… Pero lo mismo si que le quita el trabajo a Santos», bromea.

Lo cierto es que, a lo largo de esta serie que de la que podremos ver un episodio cada lunes en Movistar Plus+ hasta completar los tres, el madrileño afirma en varias ocasiones que quiere cerrar el capítulo musical. «Sigo teniendo mucha ambición creativa. No me estoy quieto, pero tampoco tengo la ruta marcada. Me siento un poco huérfano de algo que me represente, que esté más actualizado, pero no sé, cambio de opinión cada semana», contó en el hotel Urso. «El último año he estado muy implicado en un montón de proyectos con Little Spain que no son éste y por ahí se vienen muchas cosas», anticipó.

Por lo pronto, ya anunció en el Festival de Cine de San Sebastián que dirige un documental non-scripted sobre el artista flamenco Yerai Cortés, al que define como su artista favorito y que le ha acompañado en su gira Sin cantar ni afinar. «No tengo ni idea de qué director de cine quiero ser, honestamente. Pero me encuentro cómodo ahí porque tampoco sabía qué tipo de disco iba a ser El Madrileño. En la duda estoy bien», declaró entonces.

Pucho ha encontrado su lugar sobre el alambre y reconoce que esta tragedia en tres actos ha merecido la pena: «Perder dinero para montar una buena fiesta siempre renta», dice para cerrar la rueda de prensa. Desde hoy, cualquiera está invitado al show.