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'Romancero', una noche de terror lorquiano
Andalucía también puede ser una región oscura y trágica donde habitan monstruos. Sin embargo, las criaturas sobrenaturales no son más horripilantes que quienes las persiguen. Ese es el punto de partida de la nueva serie de Prime Vídeo, que aprovecha el género de terror para hacer un retrato sin concesiones de exclusión social y relaciones abusivas.
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"Ya suben los dos compadres / hacia las altas barandas. / Dejando un rastro de sangre. / Dejando un rastro de lágrimas. / Temblaban en los tejados / farolillos de hojalata. / Mil panderos de cristal / herían la madrugada", narraban los versos de Federico García Lorca en su Romance Sonámbulo. Este poema, contenido en la obra Romancero gitano, se publicó en 1928. El escritor granadino de la generación del 27 pasó a la posteridad por su hermoso lirismo y su destino infausto, pero podría haber sido un perfecto cronista de sucesos. En estas líneas cuenta cómo una joven espera, asomada al balcón, la llegada de su amado. Él es contrabandista y su padre, miembro de la Guardia Civil. Ambos resultan heridos y ella acaba por suicidarse. Esta estampa sombría es solo uno de los muchos ejemplos que pueden encontrarse en su obra sobre el desarrollo de un sentimiento trágico por Andalucía.
Casi un siglo después, el guionista Fernando Navarro (Venus, Verónica) y el director Tomás Peña, miembro del colectivo audiovisual Manson, se han unido en un proyecto que recupera aquella esencia lorquiana en una nueva serie de Prime Vídeo. Romancero no pretende aumentar la fama de una Andalucía graciosa, ingeniosa y bella. Este 3 de noviembre se desprenden de los tópicos para arrebatar la ligereza amable que se le atribuye a esta tierra y la envuelven de tristeza.
La parada de los monstruos
El argumento parece sencillo: Jordán (Sasha Cocola) y Cornelia (Elena Matic) son dos adolescentes que se ven envueltos en un hecho terrible que los obliga a escapar. Esa huida hará que, por una noche, todos se enfrenten a sus propios demonios y es ahí donde todo se complica. "La premisa siempre fue hacer una serie que gustara a los fans del género de terror, de la novela negra y del thriller, sin escudarnos en nada", reconoce Navarro. "Si luego la serie habla de otras cosas y usa otros símbolos, pues mejor, pero lo primero siempre fue entretener a la gente con una historia que enganchara, que usara los mecanismos de la televisión”, añade.
Esa vocación original de relato de miedo queda evidenciada desde el arranque, que sus creadores dedican a reinterpretar la imagen clásica de los aldeanos persiguiendo al monstruo con antorchas. En esta ocasión, la masa enfurecida es un grupo de motoristas ataviados con puños americanos y bates de béisbol que buscan en los márgenes de una carretera provincial a dos chiquillos aterrorizados.
"Desde ese instante, ya sabes que esta serie no hace concesiones. El horror no está disfrazado ni camuflado con nada esotérico ni fantástico. De hecho, esos recursos están más vinculado al mundo de los niños. Es una manera de reflejar la forma en la que un menor puede entender lo que le está pasando y cómo evita ponerle palabras a algo terrorífico que le sucede", interpreta la ganadora del Premio Goya por La trinchera infinita, Belén Cuesta, que da vida a la madre de Jordan.
Esa mirada infantil nos conduce hacia un relato alternativo. Al contrario de las historias clásicas que elevan a quienes pretenden evitar que los villanos alteren el orden de las cosas, Romancero nos descubre que la normalidad puede ser un auténtico drama y convierte en protagonistas quienes sufren las consecuencias de un sistema que los condena a la exclusión social. Aquí, los monstruos son aquellos que temen al diferente y hacen todo lo que está en su mano para que nada cambie, aunque eso signifique perpetuar las relaciones abusivas.
Una Andalucía desértica y cruel
Esta serie producida por 100 Balas (The Mediapro Studio) se ha grabado en la provincia de Granada y municipios de Almería como El Ejido, Níjar y Tabernas, donde sus desiertos, cortijos, y carreteras secundarias se han convertido en escenario de un thriller sureño se aleja absolutamente del spaghetti western que se rodó en esta zona en los años 70. "Quería retratar en este desierto un universo opresivo que sirviera como metáfora para hablar del desamparo de la gente que vive ahí y está desesperada a todos los niveles", explica su guionista.
"Yo soy murciano y lo quería hacer en mi pueblo", desvela el director. "La Unión tiene un punto que me recuerda a Nashville y hay algo parecido al lugar donde vive Cornelia al que nosotros le llamamos el campamento de los olvidados, en mitad de la nada", describe Peña.
Romancero obliga a mirar hacia donde nos resistimos a poner la vista. "En esa zona de Almería se está generando desde hace tres décadas un microcosmos de explotación hacia los migrantes que todos hemos visto en las noticias, pero no sería justo decir que la serie hace un retrato global de Andalucía, sino de un entorno muy concreto que es perfectamente trasladable a otros lugares del planeta. La violencia machista está en todas partes, pero tampoco queremos verla", relata Guillermo Toledo, que interpreta a Teodoro, un policía veterano que patrulla esa noche de pesadilla en la que le toca seguir los pasos de Jordán y Cornelia.
La aterradora realidad
El entorno donde habitan los personajes es tan hostil y agreste que quienes viven en él se mimetizan y se vuelven áridos. Romancero añade a ese tablero su coexistencia con sectas y criaturas sobrenaturales en un viraje hacia el cine fantástico, pero lo más aterrador de la serie nunca está en la imaginación: “He diseñado las escenas con bebedores de sangre con una estética muy pop, casi de cómic, pero las tramas más terroríficas no tienen ni un ápice de fantasía. Lo que da miedo son los humanos normales sin efectos especiales", puntualiza el director, Tomás Peña.
En ese aspecto, Sorroche representa la verdadera bomba de relojería de esta historia. "Cuando este tipo entra en una habitación, cambia la energía del espacio", adelanta Ricardo Gómez, que cambia de registro para ponerse en la piel de este agente que se escuda en su oficio para cometer todo tipo de abusos de poder. "Queríamos un personaje silencioso e impredecible, que guarda una ira interna hacia sí mismo y nunca está del todo presente. Eso le hace parecer más peligroso", describe. Esta personalidad hace que Sorroche sea temido en todo el pueblo, sobre todo aquellos vecinos no tienen nada a lo que agarrarse para plantarle cara.
Esto no es 'Stranger Things'
Jordán es uno de esos chicos que parecen condenados a cargar con la etiqueta de delincuente y pasar la vida escapando del personaje de Gómez. "No es mal chaval", advierte Cocola. "Le ha tocado vivir en un lugar muy cruel y su situación familiar le obliga a pasar el día en la calle. Necesita apoyarse en alguien, aunque no sea la mejor compañía", avanza.
Las escenas de pequeños hurtos en centros comerciales han hecho que se compare con 7 Vírgenes e incluso un segmento de la crítica establece paralelismos con Stranger things. A pesar de que ambos proyectos comparten década ambiental y juegan a sumergir a protagonistas adolescentes en una historia de monstruos, Romancero se resiste al puro esteticismo y su director impugna este parecido. "Esta serie tiene su propia personalidad. Refleja una visión cruel que solo se nos permitiría hacer en Europa. No creo que hubiera sido fácil levantar una historia así con la maquinaria de Hollywood", valora Peña.
Sus creadores no fantasean con finales felices a toda costa, pero toda esta oscuridad tiene un rayo de esperanza en sus protagonistas. "Todos están huyendo, pero Cornelia y Jordán se encuentra en mitad de este lío y no están dispuestos a abandonarse en el viaje", cuenta Cocola. Ellos representan ese último reducto de fe en la humanidad. Bastarán seis episodios para descubrir si unión es suficientemente fuerte para vencer al mal.