6 quesos asturianos que deberías probar

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Asturias tiene más de cuarenta variedades de quesos, cuatro de ellas reconocidas con Denominación de Origen Protegida y otra con Indicación Geográfica Protegida, lo que convierte al Principado en uno de los grandes destinos queseros de España. Azul, cremoso, de cabra, de vaca… Cada uno se erige insigne representante de sus tierras y tradiciones, al mismo tiempo que ejerce de suculento atractivo para los devotos de este placer. Hay muchos y muy buenos, por lo que es imposible nombrarlos todos. Por ello, hemos elaborado nuestra pequeña selección quesera.

Cabrales

Queso cabrales

Si hay un queso que ha otorgado popularidad al Principado, llevando su nombre fuera de nuestras fronteras, ese es el Cabrales. De hecho, la propuesta de la quesería Valfríu, en Tielve, se convirtió en el mejor pagado de la historia con un precio de 14.000 euros en la última edición del Certamen de Queso Cabrales. Protegido con Denominación de Origen desde los años 80, este manjar se elabora en el concejo que le da nombre y en tres municipios de Peñamellera Alta, en el corazón de los Picos de Europa. Es bien conocido su proceso de maduración, el cual se lleva a cabo en cuevas y oquedades naturales, muchas de ellas recónditas en las montañas. Su potente sabor e intenso aroma le impiden pasar inadvertido.

Gamonéu

Gamonéu

Oriundo de varios concejos de Onís, es posiblemente el más desconocido fuera del Principado. Sin embargo, hay quien dice que es el mejor embajador de la esencia, la tradición y la pureza de las tierras asturianas. Como el Cabrales, madura en las cuevas naturales que horadan los voluptuosos Picos de Europa. El resultado es una variedad de gusto picante con un toque ahumado. Estas características lo distinguen del resto de variedades y lo convierten en uno de los más aclamados por los amantes de estos placeres lácteos.

Afuega’l Pitu

Afuega’l Pitu

Su traducción del asturiano al castellano significa «ahogar la garganta», lo que nos proporciona una gran pista sobre sus características. Y es que esta variedad, una de las más antiguas y extendidas del Principado, presenta una textura pastosa, la cual aumenta con su proceso de maduración, que tiende a pegarse al paladar. Hay cuatro variedades con diferentes colores y formas –atroncau blancu, atroncau roxu, trapu blancu y trapu roxu– y todas ellas nos agasajan con un sabor singular en el que prevalecen las notas ácidas con toques de levadura. Es uno de los más presentes en los restaurantes de la región, en los que, además de protagonizar numerosas elaboraciones, ejerce de sabroso postre.

Los Beyos

Queso Los Beyos

Esta joya láctea se crea en los concejos de Amieva y Ponga, el cual toma su nombre de un vertiginoso desfiladero esculpido por el río Sella. Elaborado indistintamente con leche de oveja, cabra o vaca, regala al paladar un sabor ligeramente ácido en el que se atisban matices lácteos. Su textura cremosa lo convierte en una excelente opción para consumir en solitario, como aperitivo o en ensalada. Aunque también casa a las mil maravillas con acompañamientos dulces como el membrillo.

Casín

Queso Casín

Elaborado en los concejos de Sobrescobio, Caso y Piloña, tiene el honor de ser uno de los más antiguos no solo del Principado, sino también de Europa. De hecho, las primeras referencias que encontramos sobre el Casín datan del siglo XIV. Al margen de este pincelada histórica, lo cierto es que esta variedad, elaborada a partir de leche cruda de vaca, es otra de las suculentas joyas lácteas de Asturias, también reconocida con Denominación de Origen. Sin embargo, su valor estriba en la complejidad que caracteriza su sabor, rebosante de matices picantes y con un leve retrogusto amargo. Su aroma similar al de la mantequilla termina de conformar la esencia de esta delicia.

Taramundi

Queso Taramundi

No podemos concluir este periplo quesero sin hacer mención a esta variedad oriunda de Vega del Llan. Posiblemente, es la más singular de cuantas habitan en la exclusiva carta de quesos asturianos, pues está elaborada con leche pasteurizada de cabra y también con nueces y avellanas. Esta simbiosis de ingredientes le confiere una textura mantecosa y un gusto particular que lo hace inconfundible, proporcionándonos un dechado de alegrías gustativas.

Sonia Fernández

Historiadora y redactora zamorana. Comencé a escribir por casualidad hace siete años y hoy, quién me lo iba a decir, se ha convertido en una de mis grandes pasiones. Esto me ha enseñado que lo importante no es recorrer el camino, sino disfrutar de lo que la vida te brinda en el trayecto.

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