Así es el rincón medieval más bonito del sur de Francia

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En pleno corazón del Tarn, a media hora en coche de Albi, se ubica Cordes sur Ciel, una de las mejores escapadas en el sur de Francia. Fundada en el siglo XIII como bastión inexpugnable de los albigenses, una comunidad cristiana utópica, considerada herética por la Iglesia católica, vivió su etapa de esplendor durante el siglo XIV al amparo de su febril actividad comercial. 

700 años más tarde, una vez que Cordes recibió oficialmente el apellido “sur Ciel” (en el cielo), se convirtió en el pueblo más bonito de Francia para los espectadores de un famoso programa de televisión. Y es que Cordes sur Ciel es la joya medieval más rutilante del sur de Francia. 

Cordes sur Ciel, de dragones y herejes 

Cordes sur Ciel
Cordes sur Ciel – Fuente: Depositphotos

Son muchas las leyendas que circulan en torno a este bastide —pueblo fortificado— que creció en un promontorio de la campiña del Tarn, pero la más sugerente es la que vincula su origen a un dragón. Sin ir más lejos, la curiosa silueta del pueblo recuerda al perfil de uno de estos animales fabulosos: todo el pueblo habría sido construido sobre el lomo de un dragón dormido

Además, está el misterioso pozo del mercado, que con sus nada menos que 113 metros de profundidad dicen que es el más profundo de Europa. ¿Y por qué tanto? Cuentan que allá abajo se puede encontrar la marca de la lanza que San Miguel —patrón del pueblo— infringió a Lucifer transfigurado en dragón. 

Tras degustar el perfil mítico de Cordes sur Ciel desde uno de los diferentes miradores del entorno, entramos ya en el pueblo que nos recibe tras cruzar su puerta occidental, la Porte des Ormeaux, uno de los baluartes que convirtió este pueblo en una plaza inexpugnable. Hasta dos líneas de murallas con magníficas puertas fortificadas protegieron a los habitantes del pueblo. 

Cordes sur Ciel
Plaza del Mercado con el famoso pozo de 113 metros de profundidad – Fuente: Wikipedia

¿Y por qué tanto énfasis en proteger a un pueblo que acababa de nacer? Cordes sur Ciel es un asentamiento que nace para dar cobijo a parte de la población del entorno que se había quedado sin hogar fruto de las guerras de religión que asolaron la región del Mediodía francés a principios del siglo XIII. 

La zona de Albi era dominada por los albigenses o cátaros, un movimiento religioso de carácter maniqueísta cuya teología era dualista: para ellos, el universo está en permanente conflicto entre dos mundos, el espiritual creado por Dios y el material controlado por Satán. 

Cordes sur Ciel
Calles de Cordes sur Ciel – Fuente: Wikipedia

Cuando los albigenses comenzaron a extender su influencia, la Iglesia católica los calificó de herejes e invocó el apoyo de la Corona francesa para hacerles frente. Fue así como empieza la cruzada albigense que originó un pandemónium en el entorno del Albi. 

Cuando el conde Tolosa y marqués de Provenza Raimundo VII funda Cordes sur Ciel, la guerra de religión está muy reciente y ordenará la construcción de esa muralla perimetral para proteger a sus vecinos que no tardaron en vivir una etapa dorada una vez terminado el conflicto bélico. 

Cordes sur Ciel, esplendor medieval

Cordes sur Ciel
Porte de l’Horloge, en el extremo oriental de Cordes Sur Ciel – Fuente: Depositphotos

Pasada la Porte des Ormeaux y dejando a la izquierda la Porte de la Jane, la segunda de las cinco puertas que dan acceso a las empedradas —y empinadas— calles de Cordes, caminamos por la Grand Rue Raimond VII donde apreciamos la nota más destacada de su caserío: la belleza medieval de sus viviendas construidas al calor de la ferviente actividad comercial de buena parte del siglo XIV. 

Porque Corder sur Ciel no solo se fundó sobre los lomos de un dragón dormido, sino también sobre un promontorio que controlaba las rutas comerciales que se adentraban en Europa central. Este carácter comercial del pueblo, vinculado especialmente a la industria textil, supuso la creciente riqueza de muchos de sus vecinos que no tardaron en exponer su recién adquirida condición social en imponentes casonas y palacios

Al principio de la calle de Raimundo VII podemos observar cuatro de las más espléndidas casonas medievales del pueblo: la Maison du Grand Ecuyer, la Maison Ladevèze, la Maison Gaugiran justo enfrente y, finalmente, la Maison du Grand Veneur ya en la plaza de San Miguel, uno de los puntos focales del pueblo donde se halla también la iglesia de Saint-Michel cuya construcción arrancó en el XIII y finalizó en el XV.  

Cordes sur Ciel
Maison du Grand Veneur – Fuente: Wikipedia

Lo que más impresiona de las casas de Cordes sur Ciel son los relieves de sus fachadas: son figuras singulares que han despertado también la curiosidad de los fanáticos de los misterios medievales sugiriendo interpretaciones alquímicas

Si continuamos hacia el este llegamos ya a la plaza del Mercado cuya singularidad radica en que está parcialmente cubierta con un artesonado de madera sostenido por un bosque de columnas pétreas. Un buen lugar para descansar un rato mientras observamos el ya mencionado pozo de extraordinaria profundidad.  

Taponado en el siglo XVII —imaginamos que para evitar desgracias— fue reabierto temporalmente en varias ocasiones hasta que unos espeleólogos lo investigaron recientemente despejando el fondo: encontraron numerosas piezas arqueológicas… pero no la marca de San Miguel sobre el lomo del dragón.

En realidad, su gran profundidad se debe a la altura a la que se encuentra el pueblo con respecto al nivel de las aguas subterráneas, imprescindibles para la supervivencia de los vecinos durante las primeras etapas tras la fundación del pueblo. 

Cordes sur Ciel
Rue des Mitons en Cordes sur Ciel – Fuente: Unsplash

Dejando atrás la plaza del Mercado llegamos a dos museos que ofrecen un enfoque más actual de esta joya medieval. Por un lado, el Museo de las Artes del Azúcar y del Chocolate asociado al popular chef francés Yves Thuriès: se exhiben esculturas y figuras echas con dulce y chocolate.  

Y, justo al lado, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo instalado en la Maison du Gran Fauconnier, que celebra la asociación de este pueblo con el arte contemporáneo tras la llegada del pintor Yves Brayer al que le siguieron muchos artistas que quedaron maravillados con este rincón del Tarn. 

Tras pasar ante el Portail Peint y cruzar la Porte du Vainqueur del siglo XIII, la puerta del extremo oriental de la primera muralla, pasamos ante la torre de la Barbacane para descender por la calle homónima, otra de las postales más típicas del pueblo. 

Y pasando la Porte de l’Horloge llegamos a nuestra última visita en Cordes sur Ciel, la impresionante Escalier du Pater Noster, construida en el siglo XIX: 52 escalones, uno por cada palabra que tiene el Padre Nuestro. ¡Como si no hubiese ya suficientes rampas y cuestas en esta magnífica joya medieval! 

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