¿Partidos de pelota vasca en el centro de Madrid? Nos situamos a finales del siglo XIX en la capital de España. La pelota vive un momento de esplendor gracias también al negocio de las apuestas que siempre se ha vinculado a este deporte. Los frontones proliferan por todo el mundo desde México a China. Y en Madrid tampoco pueden faltar: casi una veintena de frontones están operativos a finales de siglo, pero ninguno como el que se prepara en Chamberí: Beti Jai será único. Un edificio de larga y accidentada historia que los madrileños han recuperado 125 años después de su apertura.

Del mejor frontón del mundo a espacio okupado

Beti Jai
Primeras visitas del frontón Beti Jai después de 100 años

1918. 25 años después de su inauguración el Beti Jai cambia de manos y de función. El frontón más grande de Madrid se alquila a la mítica firma de automóviles Studebaker que erige en su interior un taller. Es el triste y apresurado final de la Capilla Sixtina de la pelota vasca en Madrid. Pero, ¿qué sucede para que en solo dos décadas y media un frontón sea inviable en pleno Chamberí?

1893. La Sociedad Arana, Unibaso y Cía acude al arquitecto Joaquín de Rucoba con una tarea muy concreta: llevar el —hoy desaparecido— frontón Beti Jai de San Sebastián a Madrid. Nos encontramos en una época de fiebre pelotari. Es la “década prodigiosa del pelotarismo” tal y como la nombraba el cronista Peña y Goñi. Es en esta época en la que la capital de España se convierte en el centro mundial de la pelota.

Al calor de la expansión de este deporte se desarrollan revistas centradas en la información sobre los partidos de pelota: como si se tratara del fútbol actual, revistas como El Pelotari o La Cancha publican en Madrid noticias acerca de la pelota mientras los mejores pelotaris se trasladan a Madrid o surgen en la propia capital.

Y para jugar a la pelota se necesitan frontones. Los promotores de Beti Jai deciden no reparar en gastos para construir el mejor frontón del mundo. Joaquín de Rucoba recoge los propósitos de los promotores e idea un armazón ecléctico en el que destaca la portada interna neomudéjar y el gradería con barandilla de forja y columnas de fundición. Beti Jai tendrá un aforo total de 4.000 personas que podrán presenciar los partidos cómodamente desde cualquier punto del reciento gracias a las vigas curvadas de sus cuatro pisos. Una joya arquitectónica inclasificable que no tiene parangón en el mundo.

Beti Jai
Partido de pelota en Beti Jai a principios de siglo XX

Y tal vez fue la ambición de los promotores la que terminó por obligar al cierre prematuro del frontón. La pelota, por muchas apuestas que genere, no es tan rentable como la incipiente industria del automóvil. Controversias judiciales nunca aclaradas llevaron a los propietarios del inmueble a vendérselo a otra familia de empresarios que alquila el frontón a Studebaker.

Se inicia así la segunda vida del frontón Beti Jai marcada por las sucesivas funciones adaptadas a la naturaleza de sus inquilinos. El juego de pelota ya solo será un recuerdo mientras Beti Jai pasa de taller de Harley Davidson a garaje, comisaria o incluso cárcel. Una historia de película que termina en la decadencia más absoluta en los años 70, época en la que comienzan a aparecer voces que reivindican una recuperación del espacio para la comunidad.

Reapertura de la ‘Capilla Sixtina’ de la pelota

“Reivindicamos que las galerías del Beti Jai se abran a la colectividad, que su cancha sea el escenario de manifestaciones culturales que no encuentran sitio en nuestros centros urbanos”. En 1978, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid incluye en un documento titulado “La destrucción de la ciudad” un encendido alegato en defensa de la recuperación de Beti Jai denunciando su deplorable estado.

Beti Jai
La decadencia del Beti Jai

Y es que en los primeros años 80, el frontón más grande de Madrid continúa su decadencia llegando a ser durante años espacio frecuentado por okupas mientras el Ayuntamiento va tomando conciencia de la necesidad de recuperar este espacio para todos los madrileños. Es en 2015 cuando, finalmente, el Ayuntamiento abona 7 millones de euros que sumarían otros 23 más tras una sentencia del Tribunal Supremo en 2016— a sus últimos propietarios: el inmueble se declara entonces Bien de Interés Cultural. Es hora de restaurarlo.

Con una inversión de 5 millones de euros, las autoridades municipales acuden a Ferrovial Agromán que se encarga de la complicada restauración del Beti Jai. Su estado es tan delicado que se necesitan varios años de obras para adecuar el lugar: el objetivo es recuperar, en la medida de la posible, el aspecto original del frontón. El hecho de que se trate de un edificio único en el mundo que combina arquitectura ecléctica y neomudéjar con espacio deportivo apto para el juego de pelota complica las obras, pero, a la vez, supone un acicate para los restauradores.

Beti Jai
Beti Jai tras la restauración

En 2019 finalizan con éxito las obras que reciben, incluso, el Premio a Mejor Obra Municipal en los galardones Caminos Madrid 2019 que conceden el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Y en junio de ese mismo año, el público vuelve a entrar por primera vez en 100 años en el frontón.

Mientras la controversia acerca del futuro uso del edifico se mantiene —el TSJM tumbó el proyecto de cubierta para el frontón que había planeado el Ayuntamiento a través de un concurso de ideas— el frontón Beti Jai se puede conocer hoy en puntales visitas guiadas que organiza el Ayuntamiento, a la espera de que se recupere también como espacio para eventos. Esperamos que pronto podamos volver a ver un partido de pelota vasca en el centro de Madrid.

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