Chamberí es caña y tapa, butaca y palomitas, librería de viejo y frutería de esquina, es uno de los barrios más característicos de la capital porque aglutina buena parte de sus singularidades: deliciosas terrazas, cultura inquieta, efervescente gastronomía y un aire castizo del que ya casi nadie reniega. Ubicado en pleno centro de la capital, Chamberí está cerca de todo y ofrece a vecinos y visitantes un gran número de propuestas de ocio. Recorremos este distrito y sus seis barrios que brindan un delicioso punto de encuentro entre el viejo y el nuevo Madrid. 

Chamberí: Napoleón, los chisperos y el Triángulo de oro 

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Plaza de Chamberí. Fuente: Wikipedia

Año 1808. Las tropas francesas de Napoleón entran en Madrid formándose un campamento en la actual plaza de Chamberí. La tradición afirma que los soldados denominaron este campamento como Chambéry en honor de la capital de la Saboya histórica y que de aquí deriva el nombre del barrio. Pero en el plano de Madrid trazado por Nicolas Chalmandrier 40 años antes ya aparece fijado el nombre de ‘Chamberí’ que invalidaría la teoría sobre el campamente francés. 

Entonces, ¿de dónde viene este nombre de inequívoco aire francés para uno de los barrios más madrileños de la capital? La teoría más verosímil implica a María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V, primer Borbón en España, como responsable de la denominación. Sus paseos por la zona que, por entonces, no era más que bosque y huerta, recordarían a la reina su infancia en las tierras del ducado de Saboya.

Efectivamente, durante el siglo XVIII, los terrenos del actual Chamberí estaban orientados al sector agrícola. No sería hasta principios del XIX cuando la industria empieza a ganar peso en la ciudad sustituyendo a las huertas y los campos con diversas fábricas, entre las que van descollando yeserías, textiles, químicas y fundiciones. Y es así como surge el apodo de chispero para nombrar al vecino de Chamberí.  

Ya a finales del XIX, la industria deja paso a las viviendas siendo el barrio de Almagro —al sureste de Chamberí, haciendo frontera con la Castellana y el barrio de Salamanca— el primero en urbanizarse. Al Triángulo de Oro que forman las manzanas de Almagro le sigue Trafalgar al oeste, y Ríos Rosas al norte. Será ya en las primeras décadas del XX cuando se trasladan los camposantos de San Martín y San Andrés lo que facilita la urbanización de Vallehermoso, Arapiles y Gaztambide.  

Lo mejor de Chamberí 

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Jardín del Museo Sorolla. Fuente: Wikipedia

Según los datos del INE, en Chamberí viven unas 140.000 personas: aproximadamente los habitantes de Huelva o Salamanca. También es uno de los barrios más envejecidos de la capital con una media de edad que supera los 46 años muy por encima de los 37 de Villa de Vallecas o los 38 de Vicálvaro. Con todo, Chamberí es un barrio de matices, orgulloso de sí mismo, pero afable y cercano.  

Lo podemos palpar en sus plazas, como la mencionada Chamberí, en la confluencia de la calle Luchana, Santa Engracia y el Paseo de Eduardo Dato. Pero seguramente es la Plaza de Olavide, en pleno centro del barrio del Trafalgar, uno de los rincones más chamberinianos de este histórico distrito. Con los primeros amagos primaverales, Olavide es un hervidero de terracistas. Y en los tiempos que corren, el terraceo en Olavide sobrevivirá al invierno, sin duda.  

Los aficionados a la arquitectura y el urbanismo también están de suerte en Chamberí porque se trata de uno de los barrios más estimulantes de la capital. El trazado regular de la mayoría de sus barrios contrasta con otras zonas limítrofes de Chamberí como Malasaña al sur o Tetuán al norte. La calle Zurbano es, en este sentido, uno de los paseos más refrescantes (y tranquilos) del distrito: The New York Times llegó a alabarla hace años como una de las mejores de Europa.

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Hospital de Maudes en el barrio de Ríos Rosas. Fuente: Wikipedia

Entre los edificios más característicos de Chamberí están algunos palacios como el de Bermejillo en el paseo de Eduardo Dato y que es la actual sede del Defensor del Pueblo o el Palacete de Miguel de Maura en la plaza Rubén Darío. Muy cerca destaca también el Instituto Valencia de Don Juan como testimonio del estilo neomudéjar.   

Más al norte, ya en Ríos Rosas, el caminante se sorprende con el diseño rimbombante de la Escuela Superior de Ingenieros de Minas de Ricardo Velázquez Bosco, autor del Palacio de Cristal del Retiro, con cerámica de Daniel Zuloaga quien también colabora en el Hospital de Maudes ya en la frontera norte del barrio, uno de esos rincones insólitos de Madrid. Como insólita es la Gasolinera Gesa, al sur de Arapiles, uno de los testimonios más singulares del racionalismo arquitectónico madrileño. 

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Anden 0 – Estación de Chamberí. Fuente: Flickr

Después de admirar las fachadas de los edificios chamberinianos tal vez sea el momento de adentrarnos en uno de ellos. Una de las visitas imprescindibles del barrio está el Paseo del General Martínez Campos: el Museo Sorolla es parada obligada para conocer uno de los artistas españoles más internacionales de los dos últimos siglos.  

Como es obligado acercarse al Andén Cero – Estación de Chamberí en la plaza homónima para remontarnos a ese año 1919 en el que aquella primera línea de metro que unía Sol con Cuatro Caminos abría sus puertas. En el Anden 0 podremos conocer el mobiliario y los andenes originales de aquellas viejas estaciones de metro.  

Y Chamberí es también cine y teatro. Para los nostálgicos de las salas de cine, Chamberí sigue siendo un refugio, esperemos que por muchos años más. Pese al cierre de algunos históricos, todavía resisten los Conde Duque al norte de Santa Engracia, los Verdi de Bravo Murillo o el Cine Paz en el primer tramo de la calle Fuencarral, abierto en 1943 y que permanece cerrado temporalmente por el Covid. Muy cerca está el edificio art decó de 1932 que gestiona desde hace años Cinesa. 

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Facahada de local típico en Ponzano. Fuente: Wikipedia

En cuanto al teatro, Chamberí poco tiene que envidiar a otras zonas más tradicionalmente teatreras de la ciudad: los Teatros del Canal, el Galileo, los Teatros Luchana o el Teatro de la Abadía siguen al pie del cañón. Como siguen también a pesar de los pesares, la Sala Clamores al sur de Olavide o Copérnico en Gaztambide, poniendo al mal tiempo buena música.  

¿Y qué vamos a decir de la gastronomía de Chamberí? Pocas calles están tan de moda en la ciudad como Ponzano que se ha erigido en los últimos años en un crisol culinario que combina el casticismo más deslenguado con la sofisticación más cosmopolita. Porque así es Chamberí, una fusión de todo lo que nos gusta de Madrid.  

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