París no es solo la ciudad del amor. También es la ciudad de las artes, la ciudad de la moda y una de esas capitales europeas cosmopolitas y con un patrimonio histórico excepcional que enamora a cualquier viajero que acude a conocerla, pasea a orillas del río Sena y se deja llevar por su encanto.

Son muchos los lugares emblemáticos que encontrarás en la capital de Francia, por lo que tendrás que aprovechar muy bien el tiempo del que dispongas. Pero te recomendamos que coloques entre los primeros puestos de los sitios a recorrer estas cinco visitas imprescindibles en París. Si se te escapa alguna, seguro que te arrepentirás.

Torre Eiffel

El símbolo de París es una de esas visitas ineludibles en la ciudad francesa. Y es que la Torre Eiffel, levantada en el año 1889, es uno de los monumentos más famosos del mundo. De hecho, hasta que no se construyó el edificio Chrysler, en Nueva York, la Torre Eiffel, con sus 300 metros, era el más alto del planeta.

Puedes visitar su interior durante todo el año, desde primera hora de la mañana hasta la noche, y descubrir así sus distintos niveles. Atrévete a asomarte al mirador de su primer piso, con barandillas acristaladas, y a subir en uno de sus ascensores de cristal que conducen a 180 metros de altura, desde podrás contemplar una panorámica impresionante de la ciudad. Además, en ella, te sorprenderá descubrir el pequeño cuarto donde trabajaba Gustave Eiffel, y en el que también recibía a amistades como Thomas Edison.

Museo del Louvre

Museo del Louvre

Uno de los museos más importantes y famosos del mundo es el Museo del Louvre. Sus fondos son tan hermosos como valiosos e incluyen obras de arte occidental de entre la época medieval y el siglo XIX. Es tal su extensión y la cantidad de obras que atesora que las numerosas secciones temáticas, en las que se divide el espectacular palacio fortaleza del siglo XII, se han señalizado con un código de colores para facilitar la visita. Tanto es así que necesitarás echar mano de los mapas para poder guiarte por sus pasillos.

De hecho, la mayoría de aquellos que disponen de poco tiempo para conocerlo seleccionan las obras más emblemáticas de sus exposiciones, como la Gioconda de Leonardo da Vinci o La Venus de Milo, o bien se recomienda reservar una visita guiada para aprovechar el tiempo al máximo.

Moulin Rouge

Uno de los sitios más fascinantes de la noche parisiense es el Moulin Rouge. Este teatro cabaré fue uno de los lugares que inspiró a artistas como el pintor Toulouse-Lautrec y todavía evoca el baile del can-can y la Belle Époque. Su fachada resulta inconfundible, con las aspas de su molino de viento que se deslizan con lentitud, sus grandes letreros y su roja iluminación.

No dejes de asistir a los espectáculos de los numerosos artistas que se suben a su escenario, en el que los bailes provocativos, las lentejuelas y las plumas son ingredientes imprescindibles. Lo mejor para poder disfrutar seguro del espectáculo y degustar una copa de champán en uno de los iconos franceses es que adquieras las entradas previamente para el Moulin Rouge. De tal manera, podrás quitar partido a todo el tiempo del que dispongas en París sin desperdiciarlo en largas colas de espera y asegurarte además un buen par de asientos.

Montmartre

Precisamente el Moulin Rouge es un punto de partida perfecto para conocer otro de los lugares imprescindibles de París: el barrio de Monmartre. Aquí vivieron artistas como Van Gogh, y puedes visitar la que fue su casa, además de descubrir la Plaza de los Artistas, la Place Dalia y muchas de las localizaciones de la película Amélie.

En la parte más alta del barrio se erige la basílica del Sagrado Corazón, otro de esos lugares de París donde no te cansarás de hacer fotografías, pues además de la belleza del monumento, las vistas que se aprecian desde él son fabulosas.

Museo de Orsay

Entre los numerosos centros museísticos de París, además del Louvre, hay otro que no te puedes perder, tanto por sus colecciones como por el edificio en el que se encuentran. Nos referimos al Museo de Orsay, que se ubica en una antigua estación de tren junto al río y cuyo edificio está catalogado como Monumento Nacional. Fue construida en el año 1900, con motivo de la Exposición Universal de París, y se diseñó de tal forma para no desentonar con su entorno. La estación contaba con ascensores, montacargas, vías subterráneas y un hotel. Pero dejó de estar en funcionamiento en el año 1939, cuando sus andenes quedaron pequeños para el tamaño de los nuevos trenes.

El Museo de Orsay, que abrió sus puertas en 1986, respetó gran parte de la estructura original, de la que puedes contemplar el característico reloj de gran tamaño de la antigua estación y los techos de cristal. Sus exposiciones cuentan con fotografía, esculturas y pinturas de entre los años 1848 y 1914, muchas de las cuales son obras de los más destacados artistas de su tiempo, como Degas, Renoir, Cézanne, Monet y Rodin.

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Escritora y redactora gallega. Autora de los libros Las nueve piedras y El Libro del Único Camino, así como de numerosos relatos en revistas de género, colabora asiduamente con sus artículos y columnas de opinión en diversos medios digitales. Con la pasión y la curiosidad que la caracterizan, descubre el mundo a través de su historia, su cultura, sus lugares y sus gentes para difundir y compartir todo tipo de sensaciones y hallazgos. Porque todo viaje comienza con un solo paso.

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