Viajar en avión suele ser un proceso largo y pesado que pone a prueba nuestra educación y capacidad de autocontrol: educación para respetar a los demás y autocontrol para mantener la calma ante situaciones desagradables. ¿Cuántas veces te has sentido molesto por la actitud de otro pasajero? Muchas, ¿verdad? ¿Y cuántas veces has asumido que tu propio comportamiento ha enervado a otro pasajero? No tantas, ¿cierto?

Los problemas asociados a viajar en avión derivan de esa máxima: nuestras malas costumbres nos parecen minucias mientras que las de los demás nos resultan totalmente intolerables. Al fin y al cabo, viajar en avión es como cualquier acto social… con una pequeña salvedad: estamos atrapados durante horas en un espacio muy reducido sin posibilidad de salir. Como en la oficina, pero peor. Así es que si no quieres convertirte en ese pasajero que tanto odias, empieza por dejar de ver la paja en el ojo ajeno… y seguir este manual de buenas costumbres.

Control de seguridad aeropuerto
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Sé eficaz en el control de seguridad

Todos hemos tenido algún contratiempo en los controles de seguridad y aunque cada aeropuerto es de su padre y de su madre —y cada empleado de seguridad también— lo básico es similar en todos los rincones del planeta. Respeta las indicaciones del personal, sé comprensivo con otros pasajeros asumiendo que no todo el mundo es un experto en aeropuertos y no te olvides del abc de los controles de seguridad: la documentación, los líquidos, los objetos peligrosos, los aparatos electrónicos, etc. Sé eficaz… y no esperes que los demás lo sean.

Respeta a la tripulación

El personal de vuelo está trabajando y aunque tú vayas a una despedida de soltera, el azafato no tiene por qué seguir la corriente de tu jocosidad. Por otro lado, no hay nada más insoportable para un miembro de la tripulación que un pasajero no haga caso a sus indicaciones: que no apagues el móvil si te lo dice, que te levantes del asiento cuando no puedes o que pidas ayuda insistentemente cuando están preparando la comida.

Protocolo de seguridad en los aviones

Intenta, así mismo, no estirar las piernas más de la cuenta en el pasillo, otro aspecto que molesta a la tripulación que debe estar sorteando piernas todo el viaje. Y trata de ser comprensivo con aquellos trabajadores más hoscos. Todos podemos tener un mal día en el trabajo.

Tu asiento no es tu casa

Llegas al asiento, metes en el compartimento superior todo tipo de zarandajas sin respetar el espacio para maletas de otros pasajeros, sacas un arsenal de ocio compuesto por portátil, cascos, libros, revistas, etc. que despliegas en la balda y que luego nunca usas —pero ahí queda todo el viaje—, ocupas todo el reposabrazos metiendo bien el codo, te quitas los zapatos y los calcetines, no paras de hablar a gritos. Y, la joya de la corona, reclinas el asiento como si el pasajero de atrás no existiera.

Cabina avión
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El asiento de un avión no es tu casa. Y tu comodidad termina donde empieza la incomodidad del vecino. Si quieres reclinar el asiento, lo primero, sé cortés con el pasajero de atrás y pregúntale si molesta. Y no vale eso de: “si los asientos se pueden reclinar es que estoy en mi derecho de hacerlo”. Tienes derecho a reclinar el asiento pero no a fastidiarle el viaje a otro pasajero. Modera tu desparrame o cómprate un avión privado.

Niños y aviones: un cóctel explosivo

Consejos para viajar por primera vez en avión con un bebé
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Todo pasajero ha tenido que lidiar alguna vez con el llanto irrefrenable de un bebé o la actitud hiperactiva de un niño. Es molesto, casi insoportable, puede incluso que llegues a buscar un paracaídas. Pero recuerda: ningún viaje en avión es eterno… que a veces se nos olvida que en unas horas no volveremos a escuchar nunca más el llanto de ese niño. Escucharemos el de otro… tal vez el nuestro.

En este caso es más necesario que nunca hacer uso de nuestro sentido común y diferenciar cuándo los padres están siendo irresponsables y cuándo no. Y evita, por favor, frases como: “es que no saben educar a sus hijos”… sobre todo si no los tienes. Ten en cuenta que para un niño pequeño o un bebé viajar en avión puede ser una situación extraordinariamente anómala e incómoda. Otra cosa es que un mastuerzo de 11 años se pase dos horas escuchando a Kidd Keo a todo gas. Son cosas diferentes y requiere contramedidas de diferente calado.

El baño, la bebida y los espacios comunes

Hay pasajeros que no soportan estar sentados tantas horas seguidas y se las arreglan para encontrar huecos en zonas comunes —como en los extremos de la cabina de pasajeros— para pasar el rato. No hay problema mientras que el personal de tripulación no te diga que ahí no puedes estar. Así mismo, intenta hacer uso moderado del baño: algunos pasajeros establecen su segunda residencia en ellos generando molestias tanto en otros pasajeros como en la tripulación.

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Y cuidado con pasarte con las botellitas de licor. Si te ha tocado alguna vez un borrachín cerca ya sabes a lo que me refiero. El efecto del alcohol puede hacer más llevadero el viaje pero multiplica las posibilidades de que te empieces a comportar como un energúmeno reclinasientos y con síndrome agudo de no puedo parar de levantarme a abrir el compartimento superior.

La estampida para abandonar el avión

Viajar en avión
Y ahora a salir de aquí…

Es, sin duda alguna, el momento más enervante de un viaje en avión: cuando todo el mundo siente idéntico e incontenible impulso de saltar como un resorte del asiento para coger la maleta. Y empieza el espectáculo: meto pie, meto codo, asomo cabeza, presiono al de delante, no dejo pasar al de atrás pese a que ya tiene su maleta.

Es en esos momentos cuando uno no comprende como el ser humano es capaz de llegar a la Luna y no de salir de un avión con buenos modales. No te comportes como un ansioso y grosero descerebrado y respeta el orden lógico de salida —por mucho que los de la fila de la ventana se pongan en pie presionando al resto, deberán esperar su turno por una cuestión de sentido común—, respeta la habilidad de los otros pasajeros para sacar sus maletas y, por favor, no empujes: no hay nada más molesto que sentir como te empujan tras mil horas de vuelo.

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