A 40 kilómetros al sur de Valencia llegamos a Cullera, un precioso rincón del Mediterráneo entre verdes arrozales, sensuales olas de mar y la legendaria montaña de oro que domina la bahía. Célebre destino turístico como buena parte de sus localidades vecinas, Cullera se abre al visitante como un libro de historia plagado de sugerentes relatos que van desde las misteriosas cuevas de arte rupestre al esplendor musulmán de la fortaleza en lo alto de la muntanya de les Raboses. 

Cullera, un brillante faro en la bahía 

Faro de Cullera

Nuestra ruta por Cullera comienza al sur de la localidad, en la torre del Marenyet que nos ofrece una primera panorámica de la bahía de Cullera, aquella que tanto interés despertó entre los piratas berberiscos que asolaron buena parte de la costa levantina en el siglo XVI. Y ese fue el principal cometido de la torre, alertar a los cullerenses del peligro corsario. 

Tras cruzar el Pont de la Bega y observar la desembocadura del Júcar, río cuyas riberas favorecieron el esplendor agrícola de la localidad durante diversas etapas, entramos en el caserío cullerense donde visitamos sus primeros edificios históricos, entre los que destacan la Casa Enseñanza y la Casa Consistorial.  

El primero de ellos es un edificio neoclásico construido en época de Carlos IV y que ahora alberga el Museo Fallero de Cullera con una muestra de Nitots indultats, mientras que el segundo es el actual Ayuntamiento construido en época de Carlos III, que nos adentra ya en el casco histórico cullerense. 

Tras pasar la iglesia de los Santos Juanes originaria del siglo XIII, llegamos al Mercado, en la plaza de la Virgen de Cullera, un espacio que acoge diferentes instalaciones, además del propio mercado de alimentos en el que se pueden adquirir algunos de los célebres productos frescos de la huerta valenciana que domina el entorno de Cullera.


Cullera
Vistas de Cullera desde la fortaleza sobre la montaña de oro. Fuente: Wikipedia

Aquí también se encuentran, además del Auditorio, los Refugios de la Guerra Civil: dos galerías musealizadas que constituyen uno de los cuatro refugios que protegieron a la población civil de los bombardeos. 

Nos vamos ahora al norte, acercándonos a las faldas de la montaña, para callejear por el Barri del Pou, la zona más pintoresca y entrañable de la localidad. Siguiendo el carrer del Pou nos vamos adentrando en la parte antigua de Cullera, un espacio de estrechas callejuelas y misteriosas plazoletas que en origen conformaron el asentamiento de la antigua Qulayra islámica.  

En el Barri del Pou nos alejamos de la Cullera motorizada para disfrutar un rato del silencio de unas calles en las que los coches no son bienvenidos. En la propia calle del Muro de las Ánimas todavía pueden distinguirse algunos lienzos de la muralla reforzada en el XVI, cuando Cullera debió rearmarse como fortaleza para sostener los temibles envites corsarios. 

Y desde la calle del Calvario, al norte del Pou, subimos por el serpenteante camino que lleva al castillo, fortaleza cuyo origen data del siglo X, siendo erigida en tiempos del Califato de Córdoba: su objetivo, en primer término, fue controlar los preciados recursos naturales del entorno de Cullera.  

Está formado por una alcazaba y dos albacaras, las cuales protegían a las tropas, el ganado, las caballerías y la propia población durante los momentos de asedio. Además, la fortaleza custodia otros edificios como la torre Reina Mora, en la puerta fortificada que da acceso a la segunda albacara, o el santuario de la Virgen del Castillo, levantada a finales del XIX para conmemorar una leyenda sobre de la patrona del pueblo cuya imagen habría sido milagrosamente encontrada por un pastor en una cueva cercana. 

Cullera
Santuario de la Virgen del Castillo de Cullera. Fuente: Pixabay

Dejamos el castillo, pero no la montaña: en la vertiente oeste nos espera Abric Lambert, abrigo que contiene pinturas rupestres descubiertas en 1995 por dos excursionistas locales y que fueron abiertas al público desde hace menos de dos años. Ofrecen al visitante un testimonio de valor incalculable sobre los pobladores de Cullera desde el Neolítico a la Edad de Bronce. 

Bajamos ya de la montaña para deleitarnos, por fin, con el litoral cullerense desde la zona de uno de sus insignes vigías: el Faro de Cullera que, desde el cabo homónimo —que incluye la denominada Isla de los Pensamientos— ilumina las noches mediterráneas sobre la bahía.  

En este entorno no debemos perdernos la Cueva-Museo del Pirata Dragut, única cueva-museo pirata de toda España, dedicada al navegante turco, antiguo lugarteniente de Barbarroja, que saqueó la localidad levantina el 25 de mayo de 1550, desembarco que obligó a los cullerenses a reforzar la defensa de la ciudad con torres como la del Marenyet. 

Playas y naturaleza en Cullera 

Panorámica de la playa de Cullera

Aprovechando nuestra presencia en el litoral cullerense, recorremos los 15 kilómetros de playas, el paraíso mediterráneo que ofrece Cullera a los visitantes. Al norte del cabo de Cullera se ubica la playa Mareny de Sant Llorenç que forma parte del Parque Natural de La Albufera que se desarrolla siguiendo la costa hasta la capital autonómica.

Esta playa también incluye la única naturista de la zona. Al lado de Mareny de Sant Llorenç se encuentra la playa del Dosel, una de las más tranquilas de Cullera, con una longitud de 1800 metros.  

Al otro lado de la Isla de los Pensamientos se ubican tres arenales: la playa Faro, buena para el buceo, la familiar playa de los Olivos y Cap Blanc, la favorita de los amantes del windsurf por sus vientos fuertes, especialmente de tarde. 

Las tres playas urbanas más frecuentadas se encuentran entre Cap Blanc y la desembocadura del Júcar: Racó, San Antonio y Escollera. Y al otro lado del Júcar, playa Marenyet, ante la torre homónima y Estany. Y al otro lado del estanque la playa del Brosquil con sus más de dos kilómetros de arena y sus tres ambientes diferenciados. 

Una buena opción para acercarse a esta zona meridional de Cullera es la Senda desembocadura del Júcar, playas sur y lago del Estany, una ruta circular de casi 10 kilómetros que se inicia en la rotonda norte del Pont de la Bega y que nos conduce a disfrutar de uno de los entornos más bellos del municipio levantino. 

Pero no nos podemos ir de Cullera sin alejarnos un rato de la costa para disfrutar de otro de sus paisajes más entrañables: los arrozales de la huerta que rodean buena parte del municipio. Una buena forma de conocer esta zona es a través la Ruta del arroz por el Marjal norte, un itinerario circular que parte del Museo del Arroz y que discurre por deliciosos caminos rurales, entre huertos de naranjas y arrozales.