Camino de los Pirineos, Besalú es una localidad en el cruce de las comarcas del Alto Ampurdán, Pla del l’Estany y La Garrocha, a la cual pertenece. Ubicado al pie de un meandro del Fluviá, este pueblo enamora al viajero por su primoroso caserío medieval al que se accede a través de un puente que es el icono de la localidad gerundense y una de las postales más representativas de Girona. Acompáñanos en esta ruta descubriendo Besalú, el pueblo medieval que sirve de entrada a los Pirineos. 

Besalú, un pueblo de cuento 

Besalú
Entrada a Besalú. Fuente: Wikipedia

Los historiadores sitúan el origen del condado de Besalú en tiempos del mítico Wifredo el Velloso, uno de los principales responsables de la consolidación de los condados catalanes a finales del siglo IX, tras la inicial protección del vecino Imperio carolingio. Pero no sería hasta el siglo X cuando aparecen las primeras referencias documentales del castillo de Besalú en torno al cual se configura su singular trazado medieval que lo convierten desde 1966 en conjunto histórico-artístico reconociendo uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Cataluña

Y es que pocos pueblos pueden presumir de contar con una entrada tan escenográfica, como sacada de un relato de caballeros y princesas: un puente de más de 100 metros con siete arcos irregulares y un portal que se han convertido en el icono del pueblo. Pese a que su origen puede ser contemporáneo al castillo, sucesivas reformas han ido alterando su fisionomía sin perder, no obstante, su valor simbólico. 

Atravesado el puente, transitamos por el carrer del Pont Vell adentrándonos en la judería de Besalú, una de las más representativas de Cataluña. Durante más de cinco siglos, la comunidad judía estuvo establecida en el pueblo desarrollando una serie de construcciones características como la sinagoga o el micvé, uno de los grandes tesoros patrimoniales del pueblo

Besalú
Plaza Mayor o de la Llibertat de Besalú. Fuente: Pixabay

Este edificio datado en el XII es uno de los pocos que se conservan de esta época en toda Europa lo que ha llevado a Besalú a diversos grupos de investigadores de la historia judía. Fue descubierto en 1964 de forma accidental cuando se estaba excavando un pozo. Se trata de una cámara con una pequeña piscina que cumplía funciones rituales: el rito purificador consistía en bajar los últimos 7 escalones de los 36 que forman la escalera del micvé hasta sumergirse tres veces en la piscina. 

La tradición judía de Besalú se sigue recordando a través de la fiesta Besalú, Ciudad Judía que, a principios de marzo, recibe a los visitantes con música sefardí en directo, visitas guiadas teatralizadas, gastronomía típica y un mercadillo medieval. 

A un paso del micvé, el carrer del Pont Vell desemboca en la Plaza Mayor de Besalú donde se encuentra el edificio del Ayuntamiento y un museo conocido como la Despensa del Condado de Besalú, una exposición permanente de utensilios para la elaboración de productos tradicionales de la Garrotxa entre los que destacan los embutidos: una buena manera de comenzar a degustar las delicias culinarias de la comarca. 

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Monasterio de Sant Pere de Besalú. Fuente: Pixabay

Otra de las calles que desemboca en la plaza es la del Comte Tallaferro, en honor al conde Bernardo I de Besalú de principios del XI, la cual cobija un precioso edificio con dos galerías de arcos sostenidos por columnas. Si seguimos hacia el norte, ya a la salida del pueblo, nos encontramos con los restos de la colegiata de Santa María en la que se han descubierto los ábsides de la antigua capilla condal en unas excavaciones recientes.

Desde la Plaza Mayor, recorremos ahora el carrer Mayor para conocer la iglesia de Sant Vicenç, un edificio de planta basilical con tres naves y tres ábsides semicirculares datado también en el siglo XII, aunque sus primeras referencias sitúan su origen a finales del X. En su interior se cobijan restos de la Vera Cruz o del propio Sant Vicenç, destacando en su exterior las dos portadas, especialmente la de San Rafael. 

Regresamos de nuevo al centro del pueblo siguiendo el carrer Ganganell para conocer la plaza del Prat de Sant Pere, otro de los rincones más entrañables de Besalú. Además de disfrutar de las bonitas terrazas de la plaza, debemos acercarnos al monasterio de Sant Pere de Besalú, un nuevo testimonio del sensacional patrimonio medieval besalense. 

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Iglesia del hospital de San Julián de Besalú. Fuente: Pixabay

Fue fundado en el 977 poniéndose bajo el patrocinio de la Santa Sede de Roma, se consiguió el traslado de las reliquias de los santos Felicià y Prim. Además de la severa sobriedad del exterior, lo más destacado de este edificio lo encontramos al interior, en su magnífico deambulatorio tras al ábside central: 8 columnas en grupos de dos con capitales historiados que sostienen cinco arcos de medio punto sobre los que se asiente la bóveda absidial.  

Otros tres edificios destacan en la plaza del Prat de Sant Pere. Por un lado, la Casa Llaudes o Cornellà, uno de los mejores edificios de arquitectura civil románica de Girona, destacando su impresionante patio porticado de planta cuadrada en torno al cual se articula el edificio. 

Besalú
Besalú. Fuente: Pixabay

Detrás del monasterio de San Pedro también debemos detenernos en la iglesia del Hospital de Sant Julià cuya portada del XII decorada con cinco arquivoltas es una delicia. Y, por último, una curiosidad que nos aleja durante un rato de este viaje al Medievo: Circusland, el primer museo dedicado al circo en Europa que en sus tres plantas hace un recorrido de la historia del circo moderno en sus últimos 250 años. 

Tras este recorrido urbano por Besalú, regresamos sobre nuestros pasos en dirección del carrer de Rocafort donde se sitúan los restos de viviendas que confirman un asentamiento romano en la zona, además de uno de los miradores más espectaculares del pueblo desde donde observamos, desde otra perspectiva, el imponente puente sobre el río Fluvià, el principio y desenlace de este pueblo con final feliz.