La mañana del 29 de junio, Haro se tiñe de morado, el color que deja en la vestimenta los litros y litros de vino que son arrojados en una de las fiestas más refrescantes del calendario. Tras dos años sin Batalla del Vino, volvemos a ponernos de riguroso blanco sin olvidarnos del pañuelo rojo en el cuello, cargamos nuestras pistolas de vino y nos vamos a los Riscos de Bilibio, allí donde vivió y falleció Felices de Bilibio, el anacoreta y santo patrón de la localidad riojana. 

La Batalla del Vino de Haro: los orígenes 

Descubriendo la Batalla del Vino en Haro
Homenaje al vino en Haro. Fuente: Depositphotos

¿Arrojar vino para celebrar la devoción a un santo? Bueno… vayamos por partes. Antes de cargar la bota de vino, debemos irnos unos 15 siglos atrás en el tiempo, en torno al 433 d.C., cuando nace Felices en una aldea conocida como Bilibio, que desde antiguo fue poblada por berones y en cuyo entorno los romanos erigieron un castro defensivo: Castrum Bilibium

A esta zona de los Riscos de Bilibio, caracterizada por su relieve escarpado, se fue Felices huyendo del mundanal ruido. Pero un buen día, un joven llamado Emiliano de la Cogolla —futuro San Millán—, acude a los riscos para pedir consejo a Felices, que lo adopta como discípulo. 

Tuvieron que pasar cinco siglos hasta que la figura de Felices de Bilibio fue rescatada por los cristianos que comenzaron a reivindicar su figura tras al traslado de sus restos al Monasterio de San Millán de Suso cerca de San Millán de la Cogolla. 

A medida que los peregrinos a los Riscos de Bilibio aumentaban en número, el concejo de Haro animó al pueblo a organizar una romería como ‘Dios manda’. Fue en torno al siglo XV cuando aparecen los primeros testimonios sobre celebraciones de los peregrinos tras subir a los Riscos en torno a los días de San Juan (23 de junio) y San Pedro (29 de junio). 

Descubriendo la Batalla del Vino en Haro
Modernos peregrinos de la Batalla del Vino en Haro. Fuente: Alfonso Bermejo García / Flickr

Cuando a principios del XVIII se erige la primera ermita San Felices, la celebración pos-romería va cogiendo cuerpo, abundando, claro está, el vino… No olvidemos que estamos en La Rioja. Y un buen día comienzan los ‘bautizos del vino’, que hacen referencia al acto de remojar a los asistentes tras finalizar la romería y la misa y como forma de entrar en calor antes del convite.  

Con el paso del tiempo, los bautizos se convierten en remojones, y los remojones en guerra sin cuartel: las armas son la bota, la botella, la jarra o el tonel, y la munición, por supuesto, el vino. Ya desde finales del XIX, la Batalla del Vino de Haro es toda una realidad que atrae a miles de personas a los Riscos de Bilibio, allá donde Felices vivió su retiro espiritual, al que suponemos llevaría algo de vino, como buen riojano de pura cepa. 

Batalla del Vino: rituales, reglas y consejos 

Descubriendo la Batalla del Vino en Haro
Descubriendo la Batalla del Vino en Haro. Fuente: Alfonso Bermejo García / Flickr

El campo de batalla de esta guerra morada es un paraje que encontrarás a unos kilómetros al norte de Haro, en el entorno de la ermita y el castillo de Bilibio. Este es el lugar en el que el Ebro entra en La Rioja.  

Aunque oficialmente la Batalla del Vino de Haro empieza tras la misa en honor a San Pedro en torno a las 10 de la mañana del 29 de junio, la fiesta empieza mucho antes para muchos harenses que salen toda la noche anterior. En este sentido, recomendamos unas horas de sueño previas a la batalla, si no quieres perecer antes de tiempo. 

Para alcanzar la esplanada de la batalla —unos 7 kilómetros desde Haro— puede accederse en coche, furgoneta, tractor u otro medio de locomoción no motorizado, pero atención porque nuestras últimas noticias es que la finca que se solía usar como aparcamiento improvisado ha denegado su uso. Razones no le faltan.  

Descubriendo la Batalla del Vino en Haro
Batalla del Vino infantil. Fuente: Wikipedia

De cualquier forma, el Ayuntamiento habilita autobuses que parten del puente del río Tirón desde las 7 horas hasta las 11.30. Y, si no, siempre se puede subir andando, mucho más divertido y ameno… razón de más para tomarse la noche anterior con calma. 

Si es la primera vez que acudes a la Batalla del Vino, debes saber que hay que respetar unas reglas. No se trata de llegar y venga remojones. Con calma. Lo primero es ir de riguroso blanco, a poder ser con pañuelo rojo.

Las armas han de estar ‘homologadas’: es decir, botas, botellas que no sean cristal, calderos y pistolas de agua. Por supuesto, acude a la batalla con un calzado al que no le tengas mucho cariño: no es un buen día para estrenar los Louboutin, aunque su suela roja haga juego con el tono que protagoniza el día.  

Descubriendo la Batalla del Vino en Haro
Descubriendo la Batalla del Vino en Haro. Fuente: Alfonso Bermejo García / Flickr

El objetivo de la Batalla del Vino es poner morado a todo el mundo. No debe quedar ni un rastro de blanco por ningún lado. Vigila tu espalda, porque cuando menos te los esperes, tu mejor amigo se convertirá en tu verdugo y un caldero de vino remojará tu cabellera. 

Una vez que todo el mundo está morado, es hora de descansar y almorzar: chuletillas al sarmiento, panceta y los típicos caracoles con tomate. Y tras el almuerzo, la celebración vuelve a Haro. De nuevo hacia abajo, hacia el Puente del Ferial que da acceso al barrio de las bodegas donde continúa la fiesta… hasta que el cuerpo aguante.