No importa que seas un habitual de la Casa de Campo, siempre quedan rincones por conocer. Y si no frecuentas el parque más grande de Madrid, ya estás tardando en descubrirlo. Al fin y al cabo, son tiempos de explorar lo que tenemos más cerca, esos lugares que siempre dejamos para más adelante porque están al lado de casa.  

Y es que la Casa de Campo es algo más que otro espacio verde de la capital: un inmenso territorio natural en el que podemos encontrar desde un parque de atracciones hasta el Puente de la Culebra, desde búnkeres y trincheras de la Guerra Civil hasta algunos de los árboles más singulares de la Comunidad de Madrid. Así es la Casa de Campo: historia, naturaleza, ocio y deporte. Nos vamos de excursión por los mejores lugares de este parque infinito. 

Casa de Campo: historia y naturaleza

Casa de Campo de Madrid
Fuente: Flickr

Cuando el 1 de mayo de 1931, poco más de dos semanas después de la proclamación de la Segunda República, se decretó la cesión de la Casa de Campo al Ayuntamiento de Madrid, unos 300.000 madrileños visitaron este recinto. Cuesta creer que, durante los cuatro siglos anteriores, este inmenso espacio de 1700 hectáreas fuera un coto privado para el uso exclusivo de la familia real. Pero seguro que dentro de 100 años nuestros descendientes tampoco podrán creer cosas que suceden actualmente… 

Fue en tiempos de Carlos I cuando Francisco de Vargas y Medina, señor de la Casa de Vargas, ordenó construir una residencia en la ribera del Manzanares. En las décadas siguientes, los arquitectos y paisajistas que trabajaron para los Austrias continuaron completando el proyecto que fue ampliándose tomando territorios anexos al primer palacio. Con los años, de lugar de recreo y coto de caza para la familia real y la corte, pasa también a incluir funciones productivas fomentándose el cultivo de la tierra y la cría de ganado

La llegada de los Borbones introduce algunos cambios estéticos para dotar al jardín de un aire francés, además de nuevos elementos técnicos para aumentar la productividad agrícola. A principios del siglo XX, la Casa de Campo era casi una ciudad autosuficiente en la que los empleados vivían dentro del recinto. Pero sería finalmente en 1931 cuando la Casa de Campo se transforma en espacio público. 

Casa de Campo de Madrid
El Puente de la Culebra. Fuente: Wikipedia

Y no todas las grandes capitales del mundo pueden presumir de contar con un espacio público natural de 1700 hectáreas: es quince veces más grande que el Retiro, el triple que el Parque Forestal de Valdebebas, cinco veces más grande que Central Park en Nueva York y seis más que Hyde Park en Londres. Ya nos vamos haciendo una idea, ¿no? 

Con su relieve ondulado de pendientes suaves, la Casa de Campo es un espacio en el que la naturaleza luce en todo su esplendor. Solo hace falta subirse algunos de sus cerros, como el Garabitas o el Murat para contemplar un paisaje único de la ciudad, el cercano Monte del Pardo y la Sierra de Guadarrama. La biodiversidad del parque es, en este sentido, uno de sus grandes atractivos, habiéndose censado unas 130 especies de vertebrados y más de 50 especies de mariposas. 

El encinar, junto a la retama, domina la vegetación natural de la Casa de Campo: en la zona central del parque el visitante puede disfrutar del Encinar de San Pedro, un área de conservación prioritaria de casi 100 hectáreas en la que se ubica el Centro de Divulgación de Mariposas y el Centro de Divulgación de insectos.  

Tras la catalogación del año 2000, hasta 18 árboles de la Casa de Campo fueron nombrados árboles singulares. Entre ellos es muy conocido el Árbol del Ahorcado, cerca del Puente de la Culebra, al sur del parque: cuentan que en este fresno se colgaba a los prisioneros en épocas de guerra. Al norte del Parque de Atracciones se encuentra la Encina del Trillo, con sus 16 metros de altura. Y en dirección hacia el famoso Teleférico que conecta la Casa de Campo con el Parque del Oeste está el centenario Pinar de las Siete Hermanas

Los mejores rincones de la Casa de Campo 

Casa de Campo de Madrid
Fuente: Wikipedia

Al margen de su incuestionable valor natural y de las opciones deportivas que ofrece (runners y ciclistas tienen kilómetros de senderos por recorrer), en la Casa de Campo abundan los lugares curiosos para descubrir. Como el mencionado Puente de la Culebra, obra de Francesco Sabatini, arquitecto vinculado a Carlos III y que intervino en el Palacio Real o la Puerta de Alcalá. Su estrechez y su forma serpenteante lo convierte en una de los rincones más pintorescos del parque. 

Muy cerca del Puente de la Culebra nos encontramos varias casamatas de la Guerra Civil: unas construcciones para instalar artillería. Y es que la Casa de Campo también fue zona de guerra y numerosos vestigios, incluyendo búnkeres y trincheras, forman parte del patrimonio histórico del recinto. 

Casa de Campo de Madrid
Búnkeres de la Guerra Civil. Fuente: Wikipedia

Continuando nuestra excursión por el extremo sur de la Casa de Campo nos encontramos con la Fuente del Zarzón, una de las más antiguas del parque. Y un poco más al norte, pasando la Puerta de Rodajos —de donde, por cierto, parten dos de las tres rutas ciclistas del anillo ciclista del parque— encontramos las rejas diseñadas por Sabatini cuya función original era la evacuación de agua… e impedir que los intrusos penetrasen en territorio real.

Seguimos ruta hacia al norte bordeando el muro perimetral de Sabatini y disfrutando de la vegetación de ribera que, en torno al Arroyo de Antequina, se muestra en todo su esplendor. Y es que el agua de los arroyos y de su gran lago al lado de la parada de Metro del mismo nombre es otro de los atractivos más populares del parque. 

En la zona más septentrional de la Casa de Campo encontramos dos rincones históricos que merecen una visita: la Casa Quemada que durante la Guerra Civil fue ocupada por la artillería del Ejercito Nacional, y los restos de la Casa de Vacas, erigida durante el reinado de Fernando VII con el objetivo de fabricar y vender quesos y mantequilla al estilo italiano.  

Casa de Campo de Madrid
Acueducto de la Partida. Fuente: Wikipedia

Continuamos ruta desciendo hacia el sur por el lado este disfrutando de los miradores como el del Cerro de Garabitas y del conocido como Estanque del Repartidor, creado durante el XVIII como piscifactoría y almacén de agua para las explotaciones agrícolas.  Cerca de él se encuentra el Puente del Colorado lindando con el mencionado Encinar de San Pedro. 

Y terminamos nuestra excursión por los mejores lugares de la Casa de Campo en el lago, una de las zonas más frecuentadas del parque, al que se puede acceder desde las paradas de Metro de Puerta del Ángel o Príncipe Pío. El lago es el polo de atracción de esta zona en el que también destaca el Palacio de los Vargas —aquellos primeros dueños de la Casa de Campo— obra que fue muy modificada posteriormente por el incombustible Sabatini que también creo el cercano Acueducto de la Partida. En este zona, destaca, por último, los jardines del Reservado que albergan otro árbol singular, en este caso un cedro. Y es que en la Casa de Campo está plagada de rincones singulares abierto al disfrute de todos, madrileños y viajeros. 

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