Ingmar Bergman puso en el mapa la isla de Farö a principios de los años 60. Primero fueron los suecos los que se quedaron prendados de esta isla al noreste de Gotland y, con el tiempo, comenzaron a llegar turistas internacionales ávidos de conocer los paisajes yermos y amenazantes que aparecieron en películas como Persona (1966) o La vergüenza (1968).  

Hoy en día, más de una década después de la muerte del cineasta sueco, su legado es la principal excusa que lleva a muchos viajeros a tomar el ferry desde Gotland y visitar Farö. Pero en esta isla se pueden hacer unas cuántas cosas más que respirar el espíritu Bergman. Hasta se está poniendo de moda entre los surfistas. Si Ingmar levantase la cabeza…

Farö la isla de Bergman

1960. Bergman está en crisis y cuando el director sueco está en crisis es mejor mantenerse al margen. Sus ataques de ira son legendarios… y eso que todavía no es una gran estrella internacional. Con poco más de 40 años tiene ya una larga producción cinematográfica y es una referencia en el teatro sueco, su verdadera pasión.  

Tras El manantial de la doncella y El ojo del diablo, Bergman se halla en una encrucijada. Su fórmula se agota y lo sabe. Su inspiración en textos literarios clásicos —como en su célebre Sonrisas de una noche de verano— no da para más y su cine autorreferencial, como Fresas Salvajes, a pesar de su éxito, tampoco debe ser sobreexplotado.  

Bergman debe volver a empezar. Mientras trabaja en el guión de Como en un espejo (1961) trata de buscar un escenario adecuado para la historia: los conflictos de una familia que vive aislada en una isla. Quiere rodar en Escocia pero es demasiado caro. Y entonces alguien le sugiere Farö. Llega un día lluvioso y gris de abril a la isla… y se enamora: “Si quisiera ser solemne, diría que encontré mi verdadero hogar, si quisiera ser divertido podría afirmar que fue un flechazo”. 

Farö la isla de Bergman
Fuente: Christian Barrete

El paisaje lunar, árido y de cielos interminablemente plomizos se convirtió en el decorado perfecto para este giro artístico de Bergman: apostando casi en exclusiva por guiones propios, se concentró en el análisis de los conflictos humanos a través de historias contemporáneas en las que, además, empezó a experimentar con los recursos propiamente cinematográficos tratando de tomar distancia con respecto a la influencia literaria y teatral. 

Farö la isla de Bergman
«Como en un espejo», primera película de Bergman rodada en Farö

Con Farö como centro principal de operaciones, todo encaja definitivamente en los años 60, la década prodigiosa del cineasta nórdico que factura obras maestras como churros. Pero fue con Persona como, definitivamente, Bergman alcanzó su cenit artístico. Y la isla de Farö tuvo mucha relevancia en la estética y el discurso de aquella extraordinaria película. 

Las playas de piedras con sus raukar —esos insólitos monolíticos pétreos que se han convertido en la imagen de la isla— se erigieron en decorado natural de algunas de las escenas más famosas de Persona, como el travelling que sigue a Bibi Andersson por la playa tras discutir con Liv Ullman. 

Su muerte y su legado

Farö la isla de Bergman
Bergman habla con Liv Ullman durante el rodaje de «Persona» en Farö

Bergman todavía usaría Farö como decorado en películas como La vergüenza, Pasión o la también célebre Escenas de un matrimonio. En los años 70 el director sueco sigue en forma, pero ya no será lo mismo… De cualquier manera no se olvida de su querida isla rodando dos documentales sobre ella, uno a principios de la década y otro al final.  

Tal fue el apego que sintió el director por Farö que se fue haciendo con distintas propiedades alternando su presencia en la isla con su casa de Estocolmo desde principios de los 60 hasta su muerte. Bergman se construyó una sala de cine y pasó los últimos años de su vida encerrado en ella revisando sus películas preferidas. Murió en 2007, con 89 años, siendo enterrado en Farö, por supuesto.  

Farö la isla de Bergman

¿Y qué queda hoy de Bergman en Farö? Mucho. A su muerte, su hija Linn —fruto de su relación con la actriz y directora Liv Ullman— junto a Brit Bildoen decidieron agrupar varias de las propiedades del artista bajo el nombre de The Bergman State on Farö, una residencia artística que trata de fomentar la contemplación y la reflexión. O dicho de otra manera: un lugar en el que esperar en la más absoluta soledad la llegada de la musas…  

Farö la isla de Bergman
Fuente: Christian Barrete

Así mismo, también existe un pequeño museo dedicado al director denominado Bergman Center con diferentes exposiciones sobre su filmografía y su vida en la isla. Recientemente han realizado una muestra sobre El séptimo sello, una de las películas más recordadas del director, pese a que no se rodó en Farö.

Safari Bergman

Farö la isla de Bergman

Así mismo, todos los veranos se desarrolla un festival anual que en este 2019 se dedicó a la memoria de Bibi Andersson, recientemente fallecida, y que contó con la presencia de artistas internacionales como Tim Roth. Y para los más fanáticos existe el denominado Safari Bergman, un recorrido de tres horas por la isla haciendo parada en algunos de sus escenarios más populares, como la citada playa de Persona, convertida ya en zona instagrameable gracias a sus raukar. 

Farö la isla de Bergman

Con una superficie que dobla en extensión a Manhattan y unos 500 residentes censados, Farö es un oasis a la sueca, un lugar inhóspito, exótico y sugestivo en el que abandonarse durante unas horas (o unos días) ya sea para encontrar inspiración, reconducir tu carrera artística, o simplemente disfrutar de las playas, las casitas, las rutas en bicicleta… y el surf.

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