Nadie en Gernika podrá olvidar nunca lo sucedido el 26 de abril de 1937: aviones alemanes e italianos al servicio del ejército español sublevado arrasaron la localidad vizcaína en el que es considerado el primer bombardeo masivo e indiscriminado sobre población civil de la historia. Cientos de muertos, más del 80% de los edificios destruidos y una herida difícil de cerrar fueron la consecuencia de aquel bombardeo. 85 años después de aquella fatídica fecha, visitamos Gernika, el pueblo que resurgió de sus cenizas. 

26 de abril de 1937: día de mercado, día de bombardeo 

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Museo de la paz de Gernika. Fuente: Wikipedia

“Lunes gernikes, golperik ez”. Los lunes en Gernika eran de fiesta, de ‘no dar ni golpe’ porque era el día de mercado. No solo los gernikenses salían a la calle para “saborear los guisos del fogón y las emociones del frontón”, tal y como describía un artículo de la revista Estampa firmado por Julián de Zugazagoitia en 1936, sino que cientos de personas de los pueblos limítrofes acudían a Gernika para disfrutar del ambiente y vender sus productos en el mercado. 

Pero la mañana del 26 de abril de 1937 el mercado amaneció de otra manera. Pocos días antes, la vecina Durango, a 30 kilómetros al sur, había sido bombardeada por las tropas nacionales y las autoridades locales ya habían construido refugios antiaéreos.

La Guerra Civil llevaba algo menos de un año asolando buena parte de España, pero, pese al miedo y las amenazas —pocos días antes se había difundido un mensaje radiofónico en el que se ‘invitaba’ a los vascos a rendirse—, la vida debía seguir en Gernika

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El convento de Santa Clara frente a la Casa de Juntas y el Árbol de Gernika. Fuente: Pixabay

Hasta que a las cuatro de la tarde de aquel lunes de mercado, el primer avión hizo acto de presencia. Fue la antesala de un pandemónium de horror y 31 toneladas de bombas que se alargó durante tres horas. Más de 1600 personas murieron según el Gobierno vasco, destruyéndose 271 edificios. Fue el primer bombardeo indiscriminado sobre población civil de la historia bélica.  

Pese a que Franco siempre negó su liderazgo sobre el bombardeo, algunos periodistas escribieron crónicas contradiciendo al futuro dictador. El ejército nacional exhibió su músculo para amedrentar y desmoralizar al ejército republicano, mientras que los alemanes usaron Gernika como ensayo para sus futuros y siniestros planes: “Gernika fue una especie de blanco de prueba para la Luftwaffe. Es lamentable, pero no podíamos obrar de otra forma. En aquel momento, estas experiencias no podían efectuarse en otro lugar”, aseguró Hermann Goering en los juicios de Núremberg sobre los verdaderos objetivos del bombardeo. 

Gernika: la paz de un pueblo verde y orgulloso 

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Henry Moore en Gernika. Fuente: Pixabay

Los bombardeos son historia, pero la historia tiende a repetirse y, por eso, el Museo de la paz de Gernika es tan necesario, lugar en el que arranca nuestra visita al pueblo vizcaíno. Además de recordar todas las facetas del bombardeo, la exposición pivota alrededor del concepto de reconciliación que vivió uno de sus momentos más emocionantes en 1997 cuando el estado alemán reconoció su participación en la masacre y pidió perdón a los gernikenses. 

Nuestra siguiente parada en la localidad vasca debe ser el Árbol, lugar en el que el señor de Vizcaya juraba los fueros y cuya tradición ha permanecido hasta nuestros días convirtiéndose en un símbolo de la democracia vasca: aquí jura su cargo el lehendakari. En realidad, actualmente hay dos robles: el viejo plantado a mediados del XVIII y ubicado en el jardín de la Casa de Juntas y el nuevo plantado en 2015. 

Viajamos ahora al Medievo para conocer el templo más importante de Gernika: la iglesia de Santa María que conjuga tres estilos: el gótico que podemos apreciar en su bella portada abocinada de arco de apuntado, el renacentista en la estructura de su definitiva planta de tipo salón y el barroco de su espadaña del XVIII. 

El arte contemporáneo también está muy bien representado en Gernika gracias a dos de los grandes escultores del siglo XX: Eduardo Chillida y Henry Moore. Dos de sus obras se ubican en el Parque de los Pueblos de Europa inaugurado en 1991: las 20 toneladas de Large Figure in a Shelter de la última época del escultor británico y Gure Aitaren Etxea de Chillida.  

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El centro cultural en la vieja fábrica de armas de Astra en Gernika. Fuente: Wikipedia

Cuenta Iñaki Anasagasti, exsenador y diputado del PNV, que estas dos piezas fueron cedidas a Gernika como premio de consolación tras las repetidas demandas de las autoridades vascas por llevar el Gernika de Picasso al pueblo vasco. Pese a que la obra original se mantiene en el Reina Sofía, podemos disfrutar de un mural de cerámica frente al ambulatorio de la localidad. 

Dejamos la réplica de la obra maestra picassiana pero no nos olvidamos de los horrores de la guerra: Gernika ofrece al viajero la visita de varios refugios antiaéreos a través de una ruta que nos permite conocer más fondo estas estructuras defensivas tan tristemente habituales durante el pasado siglo. Entre los refugios destaca el de Astra, la célebre firma de armas que se trasladó de Éibar a Gernika en 1913: se trata de una estructura de hormigón escondida bajo un falso techo que simulaba una vivienda para evitar que los aviones pudieran detectarla. 

Por cierto, la antigua fábrica de Astra —firma trasladada a Suiza en 2008— aneja al refugio antiaéreo se ha transformado en un centro de creación cultural que brilla con todo su esplendor gracias a la colorista fachada firmada por al artista británico Liam Gillick. 

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El bosque pintado de Oma cerca de Gernika. Fuente: Wikipedia

Y ahora a saborear las emociones del frontón pues el “aldeano vasco en apostando es feliz” tal y como decía Julián de Zugazagoitia en el artículo antes mencionado. El frontón Jai Alai es uno de los frontones activos más grandes del mundo recordando a otros míticos frontones como el Beti Jai madrileño. Construido en 1963 tiene una capacidad para 1500 espectadores albergando la escuela de cesta punta de Gernika. 

Y no podemos dejar Gernika sin disfrutar de su otro gran atractivo: la naturaleza que tiñe de verde y mar todo el entorno de la localidad vizcaína. Hay que recordar que durante siglos fue un punto estratégico de comunicación tanto por tierra como por mar al comunicarse con el Cantábrico a través del río Oka y el puerto de Mundaka.  

Por supuesto, el mito del surf vasco es una visita imprescindible, como lo son las vecinas playas de Laida y Laga, dos de los arenales más famosos de toda Euskadi. Todo ello se ubica en Urdabai, declarada Reserva de la Biosfera de la Unesco, una zona ideal para disfrutar del turismo activo. Entre nuestros lugares predilectos de este entorno está el Bosque animado de Oma: un espacio en el que la naturaleza y el arte se dan la mano gracias al ingenio de Agustín Ibarrola. El lugar ideal para respirar paz coloreando el gris de la historia.