“Un centro comercial para ricos”, “ostentoso e ilusorio”, “un parque de atracciones para millonarios”: el nuevo barrio de Nueva York se ha inaugurado envuelto en polémica y ácidas críticas. Su nombre es Hudson Yards y se sitúa al Oeste de Manhattan, entre la calle 30 y la 34, con Hell’s Kitchen al norte y Chelsea al sur. Nueva York ha vuelto a hacer magia y ha convertido la última zona abandonada de la ciudad en otra atracción turística y en una nueva fuente de ingresos multimillonarios.  

Hudson Yards
Hudson Yards

Hubo un tiempo en el que los barrios crecían según las necesidades de los ciudadanos: en las grandes megalópolis del mundo occidental los barrios ya no crecen, se inauguran, como si se tratara de un centro comercial o un estadio de fútbol. Y es que hace años que Manhattan se ha convertido en un amable, fascinante y reluciente espejismo urbanístico.

Poco queda ya de aquel Nueva York salvaje de los 70 en el que pasear por Times Square era poco menos que una temeraria aventura. Ahora, cada rincón de Nueva York es el sueño de cualquier instagramer: nada desentona y todo es encantadoramente ficticio, como vivir en un gigantesco Starbucks.

Desde hace décadas, solo los elegidos pueden costearse una vivienda en uno de los distritos más caros del mundo. Y por lo que se ve, el Hudson Yards no será diferente al resto de barrios de la Gran Manzana. Se dice que el alquiler más barato en el nuevo barrio alcanzará los 5.000 dólares… por un apartamento de una habitación.  

Hudson Yards
Hudson Yards

Related Companies y Oxford Properties Group han gestionado una inversión de 25.000 millones de dólares —cuando en 2005 el proyecto echó a rodar se hablaba de 15.000 millones, pero estas cosas siempre doblan su presupuesto con el paso del tiempo— y esperan sacar rédito lo antes posible. Pero no todo ha sido inversión privada. Según un estudio de The New School, las ayudas públicas —que incluyen importantes rebajas fiscales y la extensión de una línea del metro— alcanzan los 6.000 millones de dólares.  

Las autoridades neoyorquinas se defienden argumentando lo de siempre: Hudson Yards generará —dicen— más de 50.000 puestos de trabajo y su impacto económico en la ciudad a largo plazo será muy positivo. Y para que este impacto arranque con fuerza nada como un par de hitos arquitectónicos que fascinen al ciudadano… pero, sobre todo, atraigan al turista y su cámara de fotos. 

The Vessel: el icono de Hudson Yards que ‘no’ se podía fotografiar

Cuentan que cuando se inauguró la escultura de Thomas Heatherwick en el centro de Hudson Yards, sus gestores tenían la intención de apropiarse del derecho de cualquier imagen tomada por el visitante en su interior: así se hacía constar en el documento de los términos y condiciones que el visitante aceptaba por entrar en The Vessel y caminar por «las escaleras que no llevan a ningún lado»

Hudson Yards
The Vessel y The Shed en Hudson Yards

Tras la polémica generada por una iniciativa tan impopular, se ha dado marcha atrás y ya no tendremos que ceder ningún derecho por sacar las fotos de rigor al Shawarma —apodo jocoso de los neoyorquinos por su parecido con el rollo de carne del que se extrae el kebab, tan habitual en los puestos callejeros de la ciudad— pero demuestra que los dueños de Hudson Yards harían caja con el oxígeno del barrio si las autoridades se lo permitieran.  

Hudson Yards tendrá un mercado ‘español’

Pero The Vessel no es el único icono del barrio: no se ha reparado en gastos a la hora de acudir a arquitectos y artistas de renombre. Diller Scofidio + Renfro como arquitectos principales y Rockwell Group como estudio colaborador han dado forma a The Shed, un centro cultural multidisciplinar cuya cubierta retráctil, que se integra en uno de los seis rascacielos del barrio, se ha convertido en otro objetivo de los fotógrafos.  

Hudson Yards
The Shed en construcción

Y todavía falta por rematar la joya de la corona, un elemento que no puede faltar en Nueva York: el mirador. La web de Hudson Yards —sí, tiene web y todo— se refiere a The Edge como “la plataforma exterior más alta de todo el hemisferio occidental”. Se trata de hacer la sana competencia a los miradores del Rockefeller Center y del Empire State y sacarse un buen dinero a base de explotar el legendario skyline de la ciudad. Porque subir al mirador no será barato, por supuesto. 

Hudson Yards
The Edge

Como tampoco lo será el cacareado Mercado Little Spain, auspiciado por José Andrés y los hermanos Adrià, un complejo de 3.200 cuadrados que acogerá varios restaurantes y tiendas todas ellas vinculadas con la gastronomía española, cada vez más de moda en Nueva York.  

“Un espectáculo consumista y artificial”

Pero Hudson Yards no ha sido recibido con genuflexiones por todo el mundo. Al contrario, algunos de los tótems de la cultura neoyorquina le han dado la espalda, caso del crítico de arquitectura del New York Times, Michael Kimmelman: “las ciudades sanas son organismos que se adaptan, Hudson Yards se parece más a una urbanización cerrada de Singapur”.  

Hudson Yards
Inauguración de Hudson Yards

Y es que el barrio ha podido quedarse anticuado antes incluso de completarse —la última piedra de Hudson Yards se colocará en 2022 según las previsiones—, siendo criticado por compendiar los errores urbanísticos de la primera década del siglo XXI en Nueva York. “Hudson Yards glorifica una especie de espectáculo superficial, como si las ambiciones máximas de la vida urbana fueran consumir artículos de lujo y disfrutar de un materialismo amable, seductor y sin sentido”, remacha Kimmelman. Pues eso: New York, New York. 

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