Por su cercanía con España y por sus precios, es una escapada familiar ideal. Viajar a Lisboa con niños es fácil, rápido y barato y no ofrece grandes dificultades para los más pequeños… si obviamos las cuestas. Es una ciudad que fascina por su encanto atlántico, por su juventud y por su gastronomía. Cuenta con numerosos monumentos de gran interés, así como algunos museos deliciosos. Si nos organizamos bien, los niños no se aburrirán. Garantizado.

Si tu peque todavía no anda o solo puede moverse en carrito, no se puede decir que Lisboa sea la ciudad europea más child friendly, sobre todo si nos movemos por los barrios históricos. Por ello, si vais a viajar a Lisboa con bebé, recomendamos las mochilas portabebés… si estáis acostumbrados a su uso. Si os decidís por usar carrito, preparaos para sudar. ¿Pero quién no suda en cualquier viaje con los hijos?

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En cuanto al alojamiento, lo ideal es elegir un hotel céntrico cercano a las zonas más visitables de Lisboa. Pero hay quien prefiere pernoctar fuera del centro y utilizar el transporte público de la capital portuguesa (que no va mal) para acercarse a los barrios históricos. De cualquier forma, nosotros recomendamos la primera opción.

¿Qué ver en Lisboa con niños?

Visita obligada es el Castillo de San Jorge, tanto para los peques como para los adultos. Es una buena forma de conocer el pasado y el presente de la ciudad a través de sus magníficas vistas. ¿Por qué los castillos fascinan tanto a los niños? Es un lugar ideal para dejar volar la imaginación y soñar con princesas, dragones y mazmorras. Eso sí, vigilad las correrías de los niños por las empinadas escaleras…

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¡Papá, estoy cansado! Vale, es hora de visitar una zona un poco más llana. El barrio de Belém es uno de nuestros lugares preferidos de la ciudad, por su amplitud, por su aire puro y porque cuenta con algunos de los hitos más interesantes de Lisboa, también para los niños. La increíble Torre de Belém, al borde del río Tajo, es un imperdible. A los peques les encanta y la zona ofrece buenos lugares de esparcimiento para que los papás y las mamás descansen un poco.

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Tampoco nos podemos perder el Monumento de los Descubridores, un homenaje a tantos y tantos exploradores portugueses de leyenda, desde el que podemos sacar una fantástica instantánea con el Ponte 25 de Abril de fondo. En Belém también está el Monasterio de los Jerónimos, pero tal vez los niños prefieran un helado

¿Qué hacer en Lisboa con niños?

Por supuesto, además de monumentos y sueños medievales, Lisboa cuenta con numerosas actividades que pueden maravillar a los más pequeños. En la zona del Parque de las Naciones, además de disfrutar de este espacio verde y su interesante conjunto arquitectónico ejecutado para la Expo de 1998, no podemos perdernos el Oceanario, el acuario interior más grande de Europa… y una garantía para tener a los niños entretenidos. Eso sí, si tenéis opción, intentad evitar las horas punta para respirar tranquilos y tener a los peques mejor controlados.

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Ya que estamos por la zona, no podemos irnos del Parque de las Naciones sin visitar el Pabellón del Conocimiento, que está a solo 5 minutos del Oceanario. Se trata de otro lugar interesante para niños, aunque mejor un poco más mayores (a partir de 6 años). Muchas de las instalaciones son interactivas y ya sabemos que los niños disfrutan más si lo pueden toquetear todo…

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Otras dos actividades que debemos añadir a nuestra lista son: el inevitable viaje en tranvía, todo un clásico lisboeta, y el Hippotrip, un barco-bus que hará las delicias de los niños, sobre todo cuando se pone a navegar. Aunque los autobuses turísticos nos dan algo de pereza, esto es otra cosa, os lo aseguramos.

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Más allá de Lisboa, si tenemos tiempo y la meteorología acompaña, tampoco está nada mal acercarse a las playas de Cascais o a Sintra para conocer el Palacio da Pena o el Castelo dos Mouros, aunque este último puede ser un poco duro si vamos con niños pequeños.

Con todo, Lisboa es una de las primeras opciones de los españoles para viajar con niños más allá de nuestras fronteras. No solo es una ciudad amable y de rica historia, sino que se encuentra en un momento de efervescencia cultural que lo convierte en un destino muy atractivo también para los adultos.

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Soy redactor, profesor de escritura creativa e historiador del arte. También paso la aspiradora, hago la colada y cambio pañales. Y cuando sobra algo de dinero, viajo. Se admiten donaciones.

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