Dicen que en Kolmanskop ya solo viven fantasmas, de pelo largo y rubio, sin pies ni manos… Que en la carnicería del pueblo se oyen susurros y lamentos y que en el hospital aun se escuchan pasos. Es la leyenda de este pueblo minero de vida efímera, situado muy cerca de la costa de Namibia, en el suroccidente africano, que cayó en el olvido en la década de los 50 del siglo pasado. ¿Te atreves a visitar Kolmanskop, la inquietante aldea devorada por la arena?

Kolmanskop
Fuente: Unsplash

Namibia es uno de los países más curiosos y desconocidos de África, si es que todavía queda un lugar en la Tierra que pueda calificarse de «desconocido».

Ofrece al viajero una historia cautivadora y algunos de los parajes más espectaculares del mundo. Su costa es legendaria y regala al aficionado a la fotografía increíbles estampas: las interminables dunas llegando hasta la misma orilla del oceáno Atlántico.

A buen seguro que los primeros alemanes que llegaron a esta zona de África se sintieron subyugados ante una geografía tan diferente a la suya. Pero a finales del XIX los viajeros europeos no iban (solo) buscando experiencias y aventuras al continente negro. Eran conquistadores: reclamaban poder y riqueza.

¿Qué hacían tantos alemanes en Namibia?

Kolmanskop
La increíble costa namibia. Fuente: Unsplash

La Conferencia de Berlín de 1884 es el refrendo de una de las grandes tragedias de la historia contemporánea: los países europeos se declaraban legitimados para repartirse África. Lo hicieron a escuadra y cartabón sin tener en cuenta los deseos ni las particularidades locales. Un desastre monumental que alteró para siempre la idiosincrasia africana.

El célebre Otto von Bismarck, canciller alemán y uno de los personajes decisivos de la segunda mitad del siglo XIX en Europa, auspició esta reunión entre las grandes potencias europeas. El objetivo era reorganizar el despliegue descontrolado de los países europeos por África, evitando confrontaciones bélicas. Pero el objetivo real de Bismarck era conseguir una buena porción de un continente al que habían llegado tarde con respecto a la mayoría de sus rivales.

En el reparto, entre otros territorios, el Imperio Alemán se llevó la futura Namibia que, tras la Conferencia de Berlín, se denominó África del Sudoeste Alemana. Una de las primeras tareas de los países conquistadores fue la infraestructura ferroviaria, fundamental para la explotación comercial de los territorios. Y así surge Kolmanskop.

Kolmanskop y la fiebre del diamante

Cuenta la leyenda que un trabajador del ferrocarril, de nombre Zacherias Lewala, se topó con una curiosa piedra mientras se ocupaba de sus tareas en la construcción de la vía férrea. Se lo llevó a su jefe y este abrió los ojos como si hubiera visto el fantasma del mismísimo Bismarck. Aquella piedra era diamante. Manos a la obra.

Kolmanskop
Fuente: Wikipedia

En pocos meses se funda Kolmanskop, un pueblo surgido de la nada que tendría todo tipo de comodidades para los centenares de trabajadores que acudieron a la zona para explotar la mina de diamante. Para controlar la llegada masiva de buscadores de fortuna, el gobierno alemán crea una zona restringida de 26.000 km cuadrados —que incluía el pueblo de Kolmanskop—  a la que solo pueden acceder personas autorizadas. El Reich quiere sus diamantes. Hasta se instala la primera máquina de rayos X del continente africano. ¿Su objetivo? Controlar que los mineros no ocultasen diamante… en el estómago.

Kolmanskop
Todavía hoy Kolmanskop está dentro de un área restringida al visitante. Fuente: Google Maps

Situado a poco más de 15 kilómetros de la costa atlántica, se llegó a construir un tranvía para unir este pueblo con el puerto de Lüderitz. Así mismo, los habitantes de Kolmanskop tenían casino, iglesia, hospital y hasta una fábrica de hielo. Y es que para muchos de los inmigrantes alemanes debía ser como pasar una temporada en el infierno. Pero la fiebre del diamante bien valía soportar temperaturas poco habituales en Múnich.

Kolmanskop
Fuente: Unsplash

Pese a que tras la I Guerra Mundial —en la que el Imperio Alemán es una de las grandes potencias perdedoras— la mayor parte de la actual Namibia cae bajo el dominio de la Unión Sudafricana, todavía son muchos los europeos que acuden a la zona en busca de diamantes. Pero la fiebre se traslada más al sur.

Las dunas se comen Kolmanskop

Kolmanskop
Fuente: Google Maps

Tres décadas más tarde de su fundación, la mayoría de los habitantes del pueblo hacen las maletas y ponen rumbo al sur. En Oranjemund, en las proximidades del río Oranje, se encuentran nuevos yacimientos de diamante y la vieja Kolmanskop ya no proporciona fortuna a sus vecinos. El último de ellos abandona el pueblo en 1956. El desierto vuelve a reclamar sus dominios.

Y así permanece, ya como pueblo fantasma, hasta 1980, año en el que una compañía minera local restaura algunos edificios con la intención de abrir un museo. Más adelante serían otras empresas privadas vinculadas al turismo las que tratarían de aprovechar el furor por la exploración de lugares abandonados para comercializar el lugar.

Kolmanskop
Fuente: Wikipedia

En la actualidad, Kolmanskop es uno de esos pueblos fantasma que atraen a centenas de turistas cautivados por las leyendas que se han ido creando alrededor del lugar. Pese que este pueblo no es más que una anécdota en comparación con los atractivos de un país como Namibia, el viajero puede disfrutar durante unas horas —previo pago— de una de esas aldeas que han sido engullidas por la naturaleza ofreciendo imágenes insólitas.

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