La estrella de rock y otros clientes de hotel terribles

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¿Qué nos pasa en los hoteles? ¿Por qué actuamos de forma diferente a cómo lo hacemos en nuestra casa? ¿Por qué sus toallas nos parecen tan valiosas? Pero si solo fuera eso… Que levante la mano quien no ha hecho alguna trastada que otra en los hoteles, pero lo de los clientes de esta lista no tiene parangón. No te pierdas esta selección de los clientes de hotel más terribles. ¿Has conocido a alguno de ellos?

El cliente borracho 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles

¿Quién no ha tenido que aguantar alguna vez un grupo de borrachos dando la tabarra en la habitación de al lado? Tal vez, incluso, en alguna ocasión hayamos sido nosotros mismos los que nos hemos pasado con el minibar y tal vez, solo tal vez, hemos puesto la música un poco más alta de lo normal y un poco más tarde (o temprano) de lo permitido. Pero hemos dormido la mona en el interior de la habitación, toda una proeza en según qué días. 

Este hombre estuvo a punto de lograr la proeza, pero se quedó a las puertas… nunca mejor dicho. Se quitó la camiseta y los zapatos y se dejó caer en la mullidita moqueta. Cuando despierte tal vez le duelan un poco las cervicales… y otro poco más la cabeza. 

El cliente cachondo 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles

Tal vez esa noche se metió un maratón del canal Dark y a la mañana siguiente tenía ganas de juerga. Así que mejor llenar una sábana simulando un cuerpo y enrollar alrededor del cuello del monigote el cable del teléfono. Una escena del crimen que ni aquella gente de CSI. A buen seguro que los empleados de limpieza que entrasen en esta habitación habrán pasado un par de segundos de cierta inquietud.  

El cliente ladrón 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles

“Pues que Debbie se ha llevado mi nevera tío, me pillo con Patsy el otro día y se fue de casa, se lo llevo todo, hasta la nevera con mis latas de Budweiser”. “Y si cogemos la mini nevera de la habitación”. “¡Buena idea, tío!”. “Venga, al coche con ella”. “Y coge un par de toallas también, ya que estamos”. A los buenos de Jimmy y Johnny les pillaron con las manos en la masa, metiendo la nevera de la habitación en el sedán blanco. Y a ver quién paga ahora la fianza, porque con Debbie que no cuenten. 

El cliente que come en la cama 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles

¿De verdad se disfruta comiendo en la cama? Al menos Dylan Wilson sí lo hace, pero luego tiene cargo de conciencia y hasta pide perdón. Y es que las manchas que dejó en las sábanas se pueden confundir con sangre y no vaya a ser que llamen al 911 por si hay que investigar un crimen. No, solo eran unas chuletas de cerdo. Con cariño, Dylan Wilson

El cliente glotón 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles

Qué nos pasa que empezamos a salivar cuando leemos ‘gratis’ junto a comida o bebida. Da igual que hayamos comido las chuletas de cerdo de Dylan Wilson, nos entra un apetito voraz otra vez. Ya que es gratis, habrá que comer, no vaya a ser que haya un repentino apocalipsis zombi y nos pille con el estómago con unas míseras chuletas de cerdo en su interior. 

Y lo mismo sucede con la bebida, sobre todo esas típicas máquinas de autoservicio con refrescos. Este chico se ha tomado al pie de la letra lo de ‘sírvete tú mismo’. Ha localizado el recipiente más grande que tenía a su alrededor —¿una maceta?, ¿una papelera? — y lo ha llenado con Pepsi. Bueno… Pepsi Light. 

El cliente blasfemo 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles

En Estados Unidos es común encontrarse con una biblia en los cajones de los hoteles. Suponemos que es una forma de facilitar el sueño a los creyentes. El problema es que, en ocasiones, uno puede tener un mal día y acaba pagándolo hasta con el polvoriento libro del cajón. En este caso, este cliente no parece muy satisfecho con lo que se dice en el versículo 1 capítulo 9 del libro de las Crónicas: Y contado todo Israel por el orden de los linajes, fueron escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá, que fueron trasportados a Babilonia por su rebelión. «¡Qué rebelión ni qué Babilonia! ¡F… You!» 

El cliente cochino y olvidadizo 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles

“Córtate las uñas Jimmy, que así no entras en mi cama”. “Pero Debbie, que he pagado 20 dólares por esta habitación”. “Como si has pagado uno de los grandes, así no entras”. “Vale, vale”. Así que Jimmy se corta las uñas y como no tiene nada a mano para dejarlas las pone en el hueco del teléfono. Una cosa lleva a la otra, y allí quedan. Cuando el siguiente cliente llega al hotel y descuelga el teléfono para pedir el servicio de habitaciones se encuentra… pues eso, las uñas de Jimmy. 

El cliente… buff, llamadlo como queráis 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles

No hace falta que ilustremos esta foto con una historia. Todos nos la podemos imaginar, sea con Jimmy y Debbie o con cualquier otro protagonista. El caso es que la cafetera —otro complemento muy habitual en las habitaciones norteamericanas, independientemente del nivel del hotel— se convirtió en un improvisado recipiente para lavar a mano una prenda íntima.

«¿La cafetera calienta a 30 grados? Pues mira qué bien, justo lo que pone la etiqueta… ¿Tienes tu algo para lavar, Jimmy?» Tal vez en este caso habría que haber dado un paso más: llevarse la cafetera a casa, suponemos que en el hotel no la habrían echado de menos dadas las circunstancias

El cliente desnudo 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles. Fuente: Unsplash

Es hora de romper una lanza a favor de los clientes de los hoteles. Pese a que es cierto que algunos clientes no tienen mucho pudor y se muestran tal y como su madre los trajo al mundo cuando entra el personal del hotel, no es menos cierto que ciertos trabajadores de los hoteles no avisan cuando entran, tal vez por descuido, tal vez por a ver qué pasa, pero no será la primera ni la segunda que se produce una escena más que embarazosa. Si tenéis alguna anécdota a este respecto… guardárosla para vosotros que hay niños mirando. 

La estrella del rock 

Los clientes de hotel más terribles
Los clientes de hotel más terribles

Si hay un tipo de cliente que ha cambiado la historia de la relación de los hoteles con sus huéspedes, esos son las benditas estrellas del rock. Desde los televisores que vuelan por la ventana de Keith Moon, hasta los paseos en moto por los pasillos de los Led Zeppelin, pasando por los agujeros de bala de las paredes y los alambres de espino de las ventanas de Sam Peckinpah, que no era estrella del rock, pero como si lo fuera.

En este caso, podemos observar cómo quedó una habitación por la que pasaron miembros de Van Halen en 1982. Lo de las manchas de salsa en la sábana de Dylan Wilson es pura anécdota comparado con la que armaron estos chicos.

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