La vuelta al mundo en ocho postres

La carta de dulces y postres a lo largo y ancho de planeta atesora deliciosas propuestas con una enorme reputación entre los paladares más golosos, cuya degustación despierta los sentidos y proporciona infinita felicidad. Además, constituyen la manera más suculenta de darse un homenaje y conocer otras culturas gastronómicas. Nos damos una vuelta por el mundo para saborear los ocho dulces más irresistibles.

Tarta Sacher (Austria)

Fuente: Wikipedia.
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Nació en 1832, fruto del ingenio del repostero Franz Sancher (de ahí, su nombre), y es la más representativa de la carta repostera de Austria. Constituye la perdición de los amantes del chocolate, pues está formada por dos planchas de bizcocho de chocolate y vainilla, rellenas de una fina capa de mermelada de albaricoque y recubiertas con un glaseado de chocolate negro, que le confiere una textura crujiente única. Se saborea sola, aunque acompañada de nata montada o crema de chantillí proporciona un placer celestial.

Selva negra (Alemania)

Fuente: Pixabay.
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Además de compartir nombre con el célebre macizo montañoso, es toda una institución en Alemania. Originaria de la región de Baden, está conformada por varios pisos de bizcocho empapado de licor de kirsch de cerezas. Entre ellos, se extienden finas capas de mermelada de cerezas y nata, y se corona con una capa de chantillí, virutas de chocolate y más cerezas.

Pastéis de Belém (Portugal)

Fuente: Wikipedia.
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También llamadas natas, estas deliciosas tartaletas rellenas de crema son los dulces más distintivos de la carta repostera de Portugal, especialmente Lisboa. Se crearon con anterioridad al siglo XVIII y parece que los artífices (no está del todo claro) fueron los monjes del convento de los Jerónimos de Lisboa, ubicado en la freguesía de Belém, de la que toman nombre. A día de hoy, la receta es todo un misterio que únicamente conocen tres personas. Lo que sí está claro es que saben mucho mejor calientes, momento en que el hojaldre regala el punto idóneo de crujiente y la crema se derrite en la boca.

Pavlova (Nueva Zelanda)

Fuente: Pxhere.

Dos países reclaman la autoría de esta delicia: Nueva Zelanda y Australia. Quizás contribuya a arrojar un poco de luz el hecho de tener en cuenta que el libro más vetusto que incluyó la receta se publicó en Nueva Zelanda. En lo que sí parecen llegar a un acuerdo dichos países es en que surgió para homenajear a la bailarina rusa Anna Pavlova y en los ingredientes: bizcocho de merengue, nata y frutos rojos. Sin duda, la forma más dulce de homenajear a alguien.

Alfajor (Argentina)

Fuente: Wikipedia.
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Aunque en España también tenemos nuestra versión, ambas provenientes de la gastronomía de al-Ándalus, lo cierto es que la argentina goza de gran popularidad en toda Latinoamérica. La versión más tradicional se compone de dos obleas rellenas de dulce de leche y bañadas de chocolate o azúcar en polvo. Una combinación de lo más exitosa, que ha conllevado la aparición de numerosas versiones: rellenas de miel, de mousse de chocolate, de frutas…

Coulant (Francia)

Fuente: Wikipedia.
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Los devotos del chocolate que visiten Francia tienen que probar sí o sí esta delicia. También conocido como volcán o fondant, se presenta como un bizcocho de chocolate, cuyo corazón está relleno de crema de chocolate fundido, la cual brota como una cascada cuando se parte por la mitad. Se sirve caliente y acompañado de helado de vainilla.

Brownie (Estados Unidos)

Fuente: Wikipedia.
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Ahora viajamos a Estados Unidos, de donde procede este popular pastel. Nació en 1890, fruto del (acertado) error de un cocinero de Boston, quien olvidó agregar levadura al bizcocho de chocolate que estaba elaborando. El resultado fue de lo más exitoso, de hecho, existen cientos de versiones: de mantequilla de cacahuete, de queso, de frutos rojos… Sin embargo, a la de chocolate, acompañada de helado de vainilla y regada con sirope de chocolate caliente no hay quien le arrebate el trono.

Panna cotta (Italia)

Fuente: Wikipedia.
Fuente: Wikipedia.

Finalizamos este recorrido en Italia, más concretamente en el Piamonte, donde surgió este sencillo dulce, cuyo nombre significa «nata cocida». Incluye crema de leche, gelatina y azúcar, y se adorna con mermelada de frutos rojos, aunque admite más posibilidades. Una propuesta que ha traspasado fronteras, cuyo éxito estriba en la sorprendente textura a medio camino entre el flan y la gelatina y el sabor suave con toques lácteos que regala.

Sonia Fernández

Historiadora y redactora zamorana. Comencé a escribir por casualidad hace siete años y hoy, quién me lo iba a decir, se ha convertido en una de mis grandes pasiones. Esto me ha enseñado que lo importante no es recorrer el camino, sino disfrutar de lo que la vida te brinda en el trayecto.

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