En Logroño, como en el resto de España, el tapeo es una tradición que encuentra su máxima expresión en la calle Laurel. En esta vía habitan más de 60 bares, uno detrás de otro, donde sirven innumerables especialidades locales y nacionales que la han convertido en la localización de referencia de la tapa y la gastronomía en miniatura. Es conocida desde tiempos inmemoriales como la “senda de los elefantes”, pues se dice que quien la visita suele ir de bar en bar, de modo que cuando termina la ruta siempre lo hace “trompa”, es decir, bebido. Laurel es, por tanto, un lugar de peregrinación obligado para quienes deseen conocer la gastronomía riojana como Dios manda. Estas son las propuestas que te recomendamos probar.

Morrito del Charly (Laurel, 2 )

Ubicado en el corazón de Laurel desde hace más de treinta años, ofrece una carta en la que habitan especialidades tradicionales como el choricillo riojano, el caldo de invierno o la tortilla de patata. Sin embargo, mención especial merece el morrito de cerdo frito sazonado con sal gorda, una delicia muy patria apta para los paladares más castizos. Si te quedas con ganas de más, prueba sus croquetas caseras.

‘Matrimonio’ del Blanco y Negro (Laurel, 1)

Matrimonio.
Matrimonio.

Es el bar más antiguo de esta popular travesía, donde sirven innumerables especialidades locales desde el siglo XIX. Sin embargo, el ‘matrimonio’ es la que le ha hecho valedor de fama a este clásico de los clásicos. Está formado por consortes tan sabrosos como las anchoas, los pimientos verdes fritos y los boquerones, colocados sobre un pan regado con un generoso chorro de aceite de oliva. Una propuesta sin ostentaciones que es imperativo probar.

‘Cojonudo’ de El muro (Laurel, 27)

Cojonudos
Cojonudos

Este bar toma prestado su nombre del muro de Berlín, pues abrió sus puertas cuando este fue derribado en 1989, tras haber dividido a la ciudad durante 28 años. Su barra está poblada con más de una veintena de pinchos, pero el que reclama la atención es el ‘cojonudo’, que consta de picadillo de chorizo acompañado de huevos de codorniz y pimientos. Sin duda, toda una institución que despierta el paladar de riojanos y viajeros.

Champiñones en el Soriano (Calle Laurel, 3)

En esta cantina, la cual abrió sus puertas en 1972, han logrado elevar a la categoría de delicatessen un alimento tan sencillo y convencional como son los champiñones. Los hacen a la plancha, los aliñan con ajo y aceite y los pinchan con una gamba sobre un pedazo de pan. Dicen que el secreto de esta sabrosa tapa está en el palillo, pues impide que se esfumen el aceite y los aromas.

Setas del Cid ( Laurel s/n)

Setas a la plancha.
Setas a la plancha.

Los devotos de los placeres micológicos pueden continuar la degustación en el Cid, una cantina clásica que siempre ha apostado por elaboraciones tradicionales muy conocidas, sin la cual la calle no sería lo mismo. En su cocina las setas se hacen en la plancha y después se riegan con una salsa, cuyos ingredientes se guardan en secreto.

Patatas bravas del Jubera (Laurel, 18)

Aunque este bar trabaja una excelsa carta de tapas, su especialidad son las patatas bravas, uno de los sabores más familiares de la gastronomía patria. Aunque, seamos precisos, se sirven en su versión mixta, es decir, con mayonesa y salsa picante. Su textura exterior muestra un grado de crujiente exacto, mientras que la interior es suave y esponjosa. Se sirven en cazuelas de barro y los típico es comerlas con palillos.

‘Quejas’ de Las quejas (Albornoz, 6)

Quejas.
Quejas.

En este bar se admiten “quejas”; cuantas más, mejor. La razón es que su tapa estrella se llama de este modo tan curioso. Se presenta como un montadito relleno de setas a la plancha, jamón y queso fundido. Como mejor sabe y se disfruta es acompañado de un buen vino de la tierra. Los hay y muy buenos, pues atesora una gran riqueza enológica.

Pincho moruno de Páganos (Laurel, 22)

No podemos concluir este periplo gastronómico sin hacer mención a los pinchos morunos que este local lleva haciendo veintidós años. Pican y aliñan la carne artesanalmente y la asan a la brasa con carbón vegetal. El resultado no se describe, se prueba. Por cierto, deja un hueco la tortilla de patatas.

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