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Medinaceli, la ‘Occilis’ de los romanos

Tiene el reconocimiento de Conjunto Histórico Artístico y Municipio Artístico de la Provincia de Soria, y además está incluida en la ruta de los pueblos más bonitos de España. Hoy visitamos Medinaceli.

Soria puede presumir de ser la tierra de las setas, la trufa negra, el románico y de Antonio Machado, pero también de atesorar pueblos hermosos y con un rico legado monumental como Medinaceli. Capital de la provincia homónima, cuenta en su lista de galardones con el reconocimiento de Conjunto Histórico Artístico y el Premio Municipio Artístico de la Provincia de Soria, que lo ha ganado dos veces consecutivas, y está incluida en la ruta de los pueblos más bonitos de España. Así que, con tal carta de presentación, esta localidad soriana se tiene ganada una visita por méritos propios. Nos adentramos en ella.

Medinaceli en clave romana

Fuente: Wikipedia.

La ubicación de Medicaneli en la confluencia de los valles que forman el Arbujuelo y el Jalón la han convertido en objeto de deseo de numerosos pueblos. De hecho, por ella han pasado los celtas, los árabes, los cristianos y los romanos.

Todos dejaron su impronta, aún visible en cada una de las calles que la conforman, en las que toman el protagonismo el aroma a cordero y cabrito asados, a cochifrito y migas sorianas. Pero fueron los romanos quienes la conquistaron y, bajo la denominación de Occilis, la convirtieron en un paso importante de la Vía XXV, que era la calzada romana que unía la antigua Emérita Augusta (Mérida) con Caesar Augusta (Zaragoza).

Además, la decoraron con un sinfín de construcciones, muchas de las cuales aún permanecen en pie como el magnánimo arco romano. Data del siglo 1 d.C., es el único conformado por una triple arcada que se conserva en la península ibérica y está declarado Bien de Interés Cultural. Fue la puerta de entrada y salida de la ciudad y, desde lo alto, regala unas vistas impagables a los valles del Arbujuelo y el Jalón, el cerro de la Villa Vieja y las salinas.

No es la única huella de los romanos que conserva la localidad, pues también sigue en pie la fuente de Canal, que abasteció de agua al pueblo 2.000 años, y los restos de la muralla, que en época del Imperio tenía una extensión de 2.400 metros, haciendo a la ciudad prácticamente inexpugnable para los invasores.

La huella de los árabes

Fuente: Wikipedia.

Medinaceli también da buena cuenta del paso de los árabes. Precisamente de ellos es la Puerta Árabe, que, junto con el arco romano, es el único acceso a la muralla que se conserva de las ocho existentes. También se la conoce como la puerta del Mercado, puesto que en torno a ella se instalaban los puestos de los comerciantes.

Igualmente, el castillo es fruto de dicha cultura. Aunque, para ser exactos, se levantó sobre la antigua alcazaba en algún momento del siglo XIV. Los artífices fueron los condes de Medinaceli, cuya intención era reforzar la defensa de la localidad y convertirlo en su residencia.

Las construcciones cristianas

Fuente: Wikipedia

Tal y como hemos dicho, los cristianos también vivieron en la localidad, la cual además ejerció de línea divisoria entre estos y los musulmanes. Levantaron construcciones religiosas maravillosas, siendo especialmente destacadas la colegiata gótica de Nuestra Señora de la Asunción, que guarda la talla del venerado Cristo de Medinaceli, que fue donada por los duques del mismo nombre (de ahí su denominación); y la ermita del Beato Julián de San Agustín, que custodia los restos del beato, quien además sirvió de inspiración a Lope de Vega para la obra El por no saber y la vida de San Julián de Alcalá de Henares.

La Plaza Mayor, el alma de Medinaceli

Fuente: Wikipedia.

Concluimos la ruta en la Plaza Mayor, que se descubre ante el viajero como uno de los espacios más bonitos y visitados de Medinaceli. Con una inusitada silueta prácticamente pentagonal, de marcado aspecto castellano y porticada, constituye el alma de la ciudad presente, pues acoge la celebración de numerosas actividades como el Toro Jubilo, y pasada, en tanto que albergó el foro de la Occilis romana.

Está rodeada de edificios tan insignes como el Palacio Ducal, que esta declarado Bien de Interés Cultural y acoge la Fundación DeArte, consagrada al arte contemporáneo; la Alhóndiga, que antaño sirvió como granero; y el museo de Arqueología, que versa sobre los orígenes y la historia de la localidad soriana.

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