Monte Neme, el lago tóxico que está de moda en Instagram

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El furor de algunos instagrammers por conseguir más likes los lleva a protagonizar escenas imprudentes y peligrosas, como bañarse en las aguas del lago tóxico del Monte Neme, una antigua mina de wolframio ubicada entre los municipios de Carballo y Malpica de Bergantiños, a algo más de media hora al oeste de A Coruña y muy cerca de la famosa playa de Razo.

Lugar ya frecuentado desde antiguo como atestiguan los restos de monumentos megalíticos, también está asociado a cultos paganos y leyendas sobre meigas. Pero la “fiebre del wolframio” de principios de siglo XX no quiso saber nada de piedras y brujas y se estableció en el Monte Neme generando este insólito paisaje de aguas turquesas y taludes ocres que fascina en Instagram… pese a que su acceso está prohibido. 

Brujas y nazis en el Monte Neme 

Monte Neme
Monte Neme. Fuente: Depositphotos

Si hay un territorio plagado de mitos y leyendas en España ese es Galicia. Y el Monte Neme no es una excepción. Muchos siglos antes de que este lugar se convirtiera en polémico hashtag en Instagram, ya era frecuentado por hombres y mujeres del Paleolítico como prueba la Eira das Meigas, un crómlech ubicado en la ladera sureste de la montaña. 

Asociado a prácticas funerarias y cultos astronómicos, su nombre no es baladí puesto que se vinculó a la celebración de aquelarres protagonizados por las meigas, especialmente durante el solsticio de verano. Cuenta la leyenda que, durante la noche de San Juan, las brujas subían a este paraje para sentarse a pergeñar sus maléficos planes en las piedras del crómlech. Mientras, en los pueblos cercanos, los habitantes contenían el aliento para no sufrir su ira.

A buen seguro que las meigas tendrán alguna preparada para “castigar” a aquellos que destrozaron buena parte de este monumento megalítico. Es la segunda parte de la historia del Monte Neme, ya un poco menos legendaria, asociada a la explotación minera. 

Tal y como sugieren algunos investigadores, como el historiador del arte Íñigo Mouzo, este paraje pudo ser explotado ya en época romana, debido a la riqueza mineral de la montaña, especialmente del estaño, un material muy codiciado ya que permitía generar bronce a través de su aleación con el cobre. 

Pero no sería hasta principios del siglo XX cuando el Monte Neme se convierte en una mina explotada a nivel industrial. Y es que esta montaña no es como las demás de su entorno: está formada por rocas metamórficas en las que predomina el gneis, roca compuesta en esencia de los mismos minerales que el granito, pero con orientación definida en bandas custodiando elementos poco habituales, no solo en España, sino en toda Europa: el wolframio o tungsteno

Monte Neme
El Monte Neme sin filtros. Fuente: Wikipedia

Material clave en la industria armamentística al endurecer el acero, durante la primera mitad de siglo XX se produjo en Europa una suerte “fiebre del wolframio” debido también a su escasez: fue así como se empezó a explotar en los albores de la I Guerra Mundial. 

Pocas décadas más tarde, la mina del Monte Neme también participaría de forma directa en la II Guerra Mundial. Al contrario que los aliados, Hitler y su Tercer Reich andaban escasos de tungsteno y la explotación gallega podía ser una buena oportunidad. Hay que recordar que España era un país neutral, al menos sobre el papel, pero la Dictadura franquista debía pagar los favores de la Guerra Civil, y el wolframio era una buena moneda de cambio. 

Cuentan que en torno al Monte Neme se produjeron diversos episodios de espionaje, con los británicos pagando a locales para robar wolframio y sabotear la mina para que este preciado material no llegase a manos alemanas. 

Con el final de las contiendas bélicas, el Monte Neme siguió explotándose hasta que en la década de los 80 la cantera redujo su producción hasta su abandono definitivo en 2012, cuando la firma responsable de la explotación entra en concurso de acreedores. 

Dos años más tarde, unas fuertes lluvias provocan la rotura de una de las balsas mineras del monte originando un vertido de más de 24.000 m³ de agua y lodos que alcanza varias aldeas cercanas. Es ese momento cuando las autoridades toman conciencia de los peligros de la mina: sus aguas son tóxicas al contener altas cantidades de metales pesados. 

Instagrammers en el Monte Neme 

Monte Neme
Monte Neme. Fuente: Instagram / opvpita

No sabemos si las meigas lloran o mueren de risa viendo en lo que se ha convertido su antiguo lugar de aquelarre. Por aquí ya no hay brujas ni espías, ni siquiera mineros. Solo curiosos que se acercan para comprobar si el agua de los lagos del Monte Neme es tan turquesa como aparece en las cientos de fotos que han convertido el lugar en un hashtag.  

Pese a que la Xunta de Galicia ya prepara un plan de regeneración para recuperar el entorno de la mina —dando marcha atrás a su controvertido uso como reclamo turístico de una campaña de 2017—, el Monte Neme y sus lagos turquesa sigue atrayendo a decenas de visitantes que hacen caso omiso de las señales que prohíben el paso

Monte Neme
Monte Neme. Fuente: Instagram / anna_morrina

Y es que “la foto lo vale” como dijo uno de los instagrammers que penetró en la zona para ver con sus propios ojos un paisaje más que singular: entre la verde espesura del monte gallego, refulge la tierra ocre de las laderas de la mina que circunda varios lagos de azul glacial. Si a todo ello le añadimos un par de filtros y una buena pose instagrammer ya tenemos una fotaza para ganarse un montón de menciones. 

Pero los más “osados” no se quedan en la foto o en jugársela en los peligrosos taludes de la montaña: se bañan en las lagunas. Pero esto no es un oasis caribeño en Galicia, son lagos con aguas tóxicas que no conviene probar… aunque sea por un puñado de likes

David Rubio

Soy redactor, profesor de escritura creativa e historiador del arte. También paso la aspiradora, hago la colada y cambio pañales. Y cuando sobra algo de dinero, viajo. Se admiten donaciones.

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