Nueve motivos para enamorarse de Madeira

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La isla portuguesa de Madeira tiene algo especial, algo único que enamora a sus visitantes. No es de extrañar que algunos personajes históricos tan conocidos como la emperatriz Sissi o el político inglés Winston Churchill cayeran bajo su embrujo y la convirtieran en su lugar favorito de retiro y descanso.

Madeira es, sobre todo, un paraíso natural de una belleza que sobrecoge con sus acantilados imposibles, sus bosques infinitos o sus paisajes volcánicos. Pero es también cultura, historia, tradición, gastronomía y una población alegre y dinámica que contagia su entusiasmo.  Sí, lo confesamos, nosotros también hemos caído enamorados de Madeira y hemos intentado resumirte nuestros motivos en estas nueve razones. ¿Nos acompañas en el viaje?

Nueve motivos para enamorarse de Madeira

Funchal

Centro de Funchal – Foto: Christian Rojo

La capital de Madeira se convierte en una interesante sorpresa cuando empiezas a conocerla y descubrirla en toda su esencia. Con su estilo colonial característico, la ciudad se extiende de forma infinita desde el océano hasta la montaña constituyendo una fisionomía realmente única. Lo compruebas desde el primer instante cuando realizas un intrépido aterrizaje en el aeropuerto que lleva el nombre de Cristiano Ronaldo o si tienes la suerte de divisarla en el horizonte desde un barco.

La tranquilidad que inspira su Catedral, las callejuelas del centro histórico o sus numerosas capillas e iglesias, contrastan con la dinámica vida que gira en torno al paseo marítimo o el Mercado dos Lavradores. Y es que Funchal es una ciudad que cada día se muestra más dinámica, intentando no perder su esencia más tradicional en el camino.

Sus rutas de senderismo

Ruta de senderismo en Madeira – Foto: Christian Rojo

Madeira se sitúa de forma habitual entre los mejores destinos insulares del mundo y buena culpa de ello la tiene su infinita oferta de rutas, que la convierten en el auténtico paraíso de los senderistas.

Hay senderos para todos los gustos y con una inigualable variedad de paisajes y ecosistemas diferentes. Podremos recorrer sus frondosos bosques de laurisilva, únicos en el mundo y Patrimonio de la Humanidad, poner a prueba nuestro vértigo transitando por los caminos que parecen flotar en sus acantilados o andar sobre las nubes en las rutas que unen sus picos más altos.

Pico Arieiro

Pico Arieiro – Foto: Carlos Gouveia

Precisamente una de esas rutas en las alturas tiene como protagonista al Pico Arieiro que, con sus 1.818 metros de altura, es el tercero más alto de la isla. La ascensión hasta el mismo es todo un espectáculo en sí misma, pero nada comparable a las vistas de 360 grados que obtenemos desde su cima.

Si tenemos suerte y el día está despejado, lo cual por desgracia no es muy habitual, podremos disfrutar de una panorámica casi completa de la isla e incluso divisar en el horizonte la cercana isla de Porto Santo. Pero, incluso en días nublados, la magia de este sitio es realmente especial. En estas ocasiones, un mar de nubes se extenderá bajo nuestros pies y nos sentiremos como el protagonista de un cuadro de Friedrich.

Sus puestas de sol

Ponta do Sol – Foto: Christian Rojo

Las islas siempre pueden presumir de tener bonitos amaneceres y atardeceres. Madeira no es una excepción y la luz tan especial que envuelve la isla convierten tus atardeceres en una bella postal que no nos podemos perder. Sin salir de la misma Funchal, podemos subir a las azoteas de algunos de los hoteles boutique que han surgido en el centro de la ciudad y disfrutar del espectáculo con una buena copa de vino.

Pero si queremos encontrar los atardeceres más bonitos, la mejor opción será acercarnos hasta alguna de los pequeños pueblos que se ubican al sur de la capital. Ponta do Sol y Paúl do Mar son dos lugares perfectos y cuentan con diferentes miradores habilitados para ver cómo cae la noche sobre la isla. Si buscas un lugar romántico en tu viaje a Madeira estos rincones te encantarán.

Los carreiros do Monte

Carreiros do Monte – Foto: Christian Rojo

La tradición más curiosa de Madeira implica tirarse en un carro de mimbre sin ruedas ni frenos por una empinada carretera y lanzarse a toda velocidad hacia Funchal. Suena a una idea muy loca, y en realidad lo es, pero es una experiencia que tendrás que vivir al menos una vez en la vida.

El origen de la tradición se remonta al siglo XIX, cuando estos sencillos carros se usaban para trasladar la mercancía y a las personas que vivían en la zona alta de Funchal hasta la ciudad. Hoy en día se han convertido en una mera atracción turística gracias a la maestría y la habilidad de unos conductores muy particulares. Más de 150 carreiros que conservan la tradición de generación en generación.

Los jardines de Monte Palace

Jardines de Monte Palace – Foto: Christian Rojo

Muy cerca de la salida de los carreiros do monte, se encuentra uno de los jardines más impresionantes del mundo. Y no exageramos. Todo comenzó cuando Charles. Murray, el cónsul de Inglaterra en la isla, compró una finca en la parte alta de Funchal y comenzó la construcción de un palacete y unos jardines al más puro estilo de finales del siglo XVIII.

Los sucesivos propietarios de esta increíble propiedad siguieron ampliando y modificando los jardines hasta el resultado que hoy podemos disfrutar. Un elegante compendio de áreas naturales con zonas más boscosas, parterres, fuentes, cascadas, palacetes y un precioso estanque en la parte inferior. Por si fuera poco, en la visita iremos descubriendo multitud de sorpresas como una colección de arte africano de Zimbabue o una interesante exposición sobre minerales provenientes de todo el mundo.

El Festival del Atlántico

Festival del Atlántico – Foto: Christian Rojo

Madeira es una ciudad conocida por sus festivales: el de las Flores, el del Vino, el de Colón … No hay mes que no se celebre algo en la isla, pero el más especial de todos ellos es el Festival del Atlántico. Este certamen llena las noches del mes de junio de música y mucha luz.

Cada semana, diferentes empresas pirotécnicas compiten por mostrar el mejor espectáculo posible de fuegos artificiales. La ganadora de este concurso tendrá el privilegio de llenar de luz y color la noche de fin de año en lo que ya se ha convertido en uno de los espectáculos de fuegos artificiales más impresionantes del mundo. Si tienes ocasión, no desaproveches la oportunidad de disfrutar de alguna de estas noches navegando en barco frente a la costa.

Su gastronomía

Gastronomía de Madeira – Foto: Andre Carvalho

Carne y pescado comparten igual protagonismo en la gastronomía de Madeira. El pescado es espectacular, como no podría ser de otra manera, y muchos platos típicos incluyen variaciones con pulpo o pez espada, el pescado más tradicional de la isla.

Pero en los restaurantes tradicionales tampoco suele faltar una buena oferta de platos con carne. Las espetadas en pau de lauro son posiblemente las más típicas y será inevitable que las pruebes en alguna ocasión. Se trata de una especie de pincho moruno de gran tamaño en el cual se introducen en ramas de laurel algunos trozos de carne de ternera, que se cocinan normalmente a la brasa. Mención especial merece el bolo do caco, el pan típico de la isla que untado con mantequilla y especias se vuelve tremendamente adictivo.

Vinos y poncha, la bebida está servida

Vasos con poncha – Foto: Christian Rojo

Madeira cuenta con una gran tradición vitivinícola y con interesantes bodegas centenarias que producen algunos de los mejores vinos de Portugal. Podremos visitar algunas de ellas en el centro de Funchal y realizar catas para conocer sus vinos dulces tradicionales y otras variedades más actuales.

La bebida más carismática es, sin embargo, la poncha, un licor popular que se ha convertido en el símbolo de la isla. Su preparación consiste en una mezcla de aguardiente de caña de azúcar o cachaza, miel y limón. Se suele preparar en el momento para que la mezcla esté bien equilibrada y resulta peligrosamente delicioso.

Te hemos dado solamente unas pocas razones para enamorarte de Madeira, pero estamos seguros de que, si te animas a acercarte hasta esta isla portuguesa del Atlántico, volverás con muchas más en tu maleta y esperamos que las compartas con nosotros. Lo que tenemos claro es que no te arrepentirás de tu viaje.

Christian Rojo

Aprendiz de viajero y fotógrafo. Me encanta viajar y tratar de encontrar siempre una mirada diferente en los lugares que visito.

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