Ocho obras de arte que merecen un viaje

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Acudir a un museo a ver obras de arte es una de las actividades principales del viajero. Aunque más a menudo de lo que nos gustaría terminamos por aburrirnos de tanto arte —la mayoría de los grandes museos deberían visitarse en varios días—, de vez en cuando sucede que una sola obra puede marcar un viaje, permaneciendo como uno de esos recuerdos imborrables asociados para siempre a una ciudad. Esta es la lista de ocho obras de arte que, por sí mismas, valen un viaje.  

“Las señoritas de Avignon” (Picasso – Nueva York) 

Obras de arte que valen un viaje

Muy cerca del lugar en el que se concentra la muchedumbre para admirar La noche estrellada de Van Gogh encontramos uno de esos lienzos que se consideran como el origen de todo. Las señoritas de Avignon es un tratado estético sobre la evolución del arte en las primeras décadas de siglo XX, un nexo entre la composición clásica, el expresionismo, el africanismo y el incipiente cubismo. El MoMA de Nueva York lo compró en 1939 por 28.000 dólares. ¡Menuda inversión! Hoy en día es uno de los lienzos más famosos que se exponen en la ciudad.  

“Nenúfares” (Monet – París) 

Obras de arte que valen un viaje

Pocas veces en la historia del arte se ha dado una comunión tan fuerte entre crítica y público, aunque tanto unos como otros necesitasen años para asimilar lo que suponía el Impresionismo. Casi 150 años después de que París viese nacer este estilo, sigue siendo el preferido del gran público. Sin duda, el no va más impresionista lo encontramos en el Museo de la Orangerie, muy cerca del Louvre: unos lienzos descomunales de Monet que representan la última de sus obsesiones: los nenúfares.  

“La Última Cena” (Da Vinci – Milán) 

Obras de arte que valen un viaje

La visita a La Última Cena tiene algo de misterioso como la propia obra o el artista. Debido al crítico estado de conservación de la pintura mural del genio florentino, las visitas están rigurosamente controladas en tiempo y forma. La custodia del refectorio de Santa Maria delle Grazie en Milán recuerda al de las cajas fuertes de los grandes bancos. No es para menos, La Última Cena es una de las obras más representativas del Renacimiento italiano.  

«Monje a la orilla del mar» (Friedrich – Berlín) 

Obras de arte que valen un viaje

Si ha existido un Romanticismo arrollador y sublime en Europa, ese fue el alemán. Y entre los pintores romanticistas centroeuropeos Friedrich encarna como nadie el ideal místico y existencialista. Aunque en Berlín podemos encontrar numerosas obras del artista, Monje a la orilla del mar es nuestra preferida por su indescifrable impacto estético y emocional. Tras ver este cuadro, uno también recita aquello de Ich bin ein Berliner.  

Scuola Grande di San Rocco (Tintoretto – Venecia) 

Obras de arte que valen un viaje

Tintoretto pasó 25 años dando forma a la Capilla Sixtina del manierismo veneciano, un estilo ya muy alejado del clasicismo que impusieron en Roma artistas como Rafael o el primer Miguel Ángel. Hay algo de la famosa bruma veneciana contaminando esta serie de lienzos de Tintoretto, que solo salió dos veces en su vida de la laguna, y seguro que no fue por gusto. Perderse en los cuadros de la Scuola Grande di San Rocco es una experiencia similar a hacerlo por las intrincadas calles de Venecia. No hay nada igual. 

«Lluvia, vapor y velocidad» (Turner – Londres) 

Obras de arte que valen un viaje

Muchas décadas antes de que Kandinsky firmara la que se supone fue la primera obra plenamente abstracta de la historia, William Turner llevó a las últimas consecuencias su obsesión por captar la realidad tal y como lo hace el ojo humano. La desintegración del objeto físico en una maraña de destellos lumínicos terminó por convertir Lluvia, vapor y velocidad en un cuadro precursor tanto del Impresionismo como de la abstracción pictórica, siendo a día de hoy uno de los lienzos más célebres de la National Gallery londinense.  

La Capilla Sixtina (Miguel Ángel – Roma) 

Obras de arte que valen un viaje

Hay quien se marea cuando pone sus pies en este recinto perteneciente al Palacio Apostólico. Y es que la entrada a los Museos Vaticanos suele ir acompañada de un postre demasiado suculento. La Capilla Sixtina debe disfrutarse con tiempo y sin prisa… y a ser posible sin haber visto previamente 300 obras de arte: ni la mente (ni el cuello) están preparados para asimilar tanto impacto estético en un mismo espacio.  

«El Jardín de las Delicias» (El Bosco – Madrid) 

Obras de arte que valen un viaje

Es una de las obras pictóricas más representadas de la historia del arte, un verdadero tratado sobre la espiritualidad europea del Bajo Medievo y los albores de la revolución humanista del siglo XV. Pero más allá de su incontestable trascendencia histórica, artística y estética, El jardín de las delicias es una de las obras más traviesas de la historia del arte. Y está en Madrid. Que a veces se nos olvida que todos los museos del mundo matarían por ella…  

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