De Berlanga a Anthony Mann, de Julio Medem a Icíar Bollaín… y del Cid Campeador a Juego de Tronos. Peñíscola es una coqueta localidad ubicada al norte de la costa de Castellón que ha atraído desde hace más de un siglo a los productores cinematográficos para rodar sus películas en un entorno único, el que marca el perfil de su castillo sobre el agua del mar. Una estampa inolvidable para un pueblo con garbo mediterráneo. Nos acercamos a Peñíscola para disfrutar de este pueblo de cine. 

Peñíscola, una ciudad en el mar 

Peñíscola
Fuente: Pixabay

Solo cuando subes a lo alto del castillo eres plenamente consciente de la asombrosa belleza del emplazamiento de Peñíscola. Esta localidad situada a una hora al norte de la capital provincial se ubica en un tómbolo, una península rocosa unida a tierra tan solo por un brazo de arena: una ‘casi isla’ del que derivaría el nombre en latín. Esta insólita geografía es actualmente un imán para el viajero que puede disfrutar, entre otras cosas, de dos playas en una. Pero en origen supuso para sus habitantes una defensa natural ante los invasores.  

Y es así como se construye el Castillo Templario de Peñíscola sobre la antigua alcazaba, 60 años después de que Jaime I tomará posesión del enclave tras cinco siglos de dominio árabe. Emplazado en el lugar más elevado del peñón, alcanza una altura de más de 60 metros sobre el nivel del mar, lo que permitía a sus habitantes un eficaz control del territorio. Aunque la belleza del castillo sobre el agua es evidente y el apellido templario siempre genera misterio, sería un insólito suceso histórico el que convertiría este castillo en leyenda y le daría nombre: Castillo del Papa Luna.  

Desde sus mismos orígenes, la Iglesia como institución ha vivido encarnizadas luchas de poder. Una de las más críticas fue el denominado Cisma de Occidente entre los siglos XIII y XIV cuando varios obispos se disputaron la autoridad pontificia. Durante décadas, los reinos españoles dieron su obediencia al papa de Aviñón que se oponía al papa de Roma. Uno de ellos fue Pedro Martínez de Luna, conocido como papa Luna que se vio obligado a exiliarse eligiendo el Castillo de Peñíscola para su retiro. A partir de ese momento, la fortaleza se conocerá como el Castillo del Papa Luna.  

Y desde luego que no es mal lugar para exiliarse, tanto por el aislamiento como por las vistas. A pesar de las vicisitudes que ha vivido el castillo a lo largo de los siglos, sus muros de piedra labrada y las zonas cubiertas con bóvedas de cañón mantienen un buen estado de conservación, tanto en las partes más antiguas vinculadas a los templarios como en las dependencias papales.  

Peñíscola
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Aunque el castillo es el elemento aglutinador del casco histórico, sus evocadoras calles empedradas nos reservan otras sorpresas, como la famosa Casa de les Petxines, cubierta de conchas, con unas preciosas ventanas bíforas con arcos arabescos y el azul típico de la localidad en puertas y contraventanas.  

Cuentan que Justa y Timoteo, el matrimonio que construyó la casa, lograron salir a flote en los años 50 con la labor de la mujer como pionera guía turística, cuando el turismo arrancaba en la zona durante aquella década. Con el dinero que obtuvieron se compraron el solar, construyeron la casa y la decoraron con conchas intercambiando tabaco con los marineros: una preciosa ofrenda al mar Mediterráneo que se ha convertido en uno de los lugares más fotografiados del pueblo.  

Peñíscola
La Casa de las Conchas. Fuente: Wikipedia

Otro de los lugares más curiosos de Peñíscola es el popular Bufador, un hueco en las rocas del peñón por el que se cuela el agua generando esos bufidos que le dan nombre. A un paso del Bufador está el Museo del Mar, un recorrido por la historia de Peñíscola y su vinculación a las actividades pesqueras. Esos barcos que arribaban en la costa de Peñíscola debían tener mucho cuidado con el tómbolo y el peñón para lo cual se construyó en 1899 el Faro, otro de los lugares más hermosos de la localidad por las vistas que ofrece.  

Dentro de este casco histórico, también debemos destacar la Ermita de la Virgen de la Ermitana de principios del XVIII y adosada al castillo, la iglesia de Santa María de Peñíscola que conserva varias reliquias de los ‘antipapas’ que residieron en la localidad, así como el Parque de Artillería, antiguo fortín militar, que se ubica en el extremo norte del peñón. Y no nos podemos olvidar del Portal de Sant Pere, mandado construir por el propio Papa Luna, que da la bienvenida (o despide) al viajero. 

Peñíscola y el cine 

Peñíscola
Faro de Peñíscola. Fuente: Pixabay

Un guerrero ataviado con su mejor coraza desciende rígido sobre su caballo por una rampa empedrada rodeado de soldados que lo vitorean colmándose de valor para la batalla definitiva por la defensa de Valencia. El guerrero exánime es el Cid, que despierta tanto temor y respeto entre sus enemigos que es capaz de ganar batallas aun habiendo muerto la noche anterior. 

Pero ese guerrero es en realidad Charlton Heston, Valencia es Peñíscola y buena parte de los soldados son oriundos de la zona. Tras el ‘corten’ de rigor está Anthony Mann responsable de una de las grandes superproducciones de principios de los 60 que llevó a Heston y Sofía Loren a España teniendo el Castillo de Belmonte en Cuenca y el Castillo del Papa Luna y las playas de Peñíscola como escenarios principales. A la postre, el Cid tal vez sea la película más famosa que se ha rodado en la ciudad sobre el mar de Castellón aprovechando sus increíbles escenarios naturales. Pero no fue la primera ni desde luego la última.  

Peñíscola
El Parque de Artillería. Fuente: Pixabay

Todo empezó nada menos que en 1913 con la película (hoy perdida) Ana Kadova. A esta producción española le seguirían proyectos tan populares como Calabuch de Berlanga en los años 50 o el propio Cid. Julio Medem con Tierra e Icíar Bollaín con Mataharis serían otros directores que apostarían por este entorno único para situar parte de sus historias. Y Juego de Tronos, por supuesto. La última gran producción en aprovechar las excelentes posibilidades de Peñíscola fue la popular serie durante su sexta temporada. 

A pesar de la cancelación de su festival de cine hace unos años por dificultades presupuestarias, este pasado octubre el Ayuntamiento de la localidad organizó unas jornadas vinculadas al turismo cinematográfico en el que los visitantes podían sentirse como actores recreando famosas escenas ambientadas en el casco histórico. Y es que Peñíscola sigue siendo un destino de cine con aroma a mar, leyenda y celuloide. 

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