Plasencia es una ciudad para sentirse a gusto en el amplio sentido del término: es cortés y serena, rica en patrimonio y gastronomía, hospitalaria pero orgullosa. Y es que la localidad cacereña es una de esas ciudades que se están poniendo de moda entre los viajeros: el tamaño ideal para una escapada, el punto de encuentro perfecto entre tradición y espontaneidad y una buena ubicación. Nos acercamos a Plasencia, a menos de una hora al norte de la capital provincial, para conocer esta ciudad monumental con mucho que ofrecer. 

Plasencia monumental: de Alfonso VIII a la Plaza Mayor

Qué ver en Plasencia
La Puerta de Trujillo, una de las puertas de la muralla de Plasencia. Fuente: Wikipedia

¿Os gusta conocer un poco de la historia de los destinos que vais a visitar? Es una forma de empezar a saborear el viaje, tratando de comprender las raíces de un territorio que siempre singularizan su idiosincrasia. Plasencia es de esas localidades de espíritu tradicional en la que se constata la presencia de romanos y árabes pese a que oficialmente fue fundada a finales del siglo XII por Alfonso VIII. Su posición estratégica, con el reino de León al oeste y los musulmanes al sur, marcó las primeras décadas de vida de Plasencia: defenderse sería su tarea inicial.  

En este sentido, la muralla que hoy rodea parte del casco antiguo de la ciudad extremeña respondía a esta función original. Y es que una década más tarde de que Alfonso VIII fundase la ciudad, los musulmanes lograban de nuevo reconquistar el territorio. Una vez que los cristianos retoman de nuevo la ciudad se decide reforzar su defensa con la construcción de las murallas.

Con el paso de los años, Plasencia fue adquiriendo gran importancia en el norte de Extremadura: prueba de ello es el hecho de que Juana la Beltraneja se casara aquí con Alfonso V. Juana llegó a ser proclamada reina de Castilla y de León y reina consorte de Portugal, pero su tía Isabel la Católica tenía otros planes: una Guerra de Sucesión Castellana que terminó obligando a Juana a renunciar a sus títulos. 

Ya en el siglo XIX, otra ‘batalla’ explica la importancia que había asumido Plasencia: en 1822 Extremadura es dividida en dos provincias y Plasencia disputa la capitalidad a Cáceres aduciendo que en el margen derecho del Tajo había más población. Y durante la Primera República Española, Plasencia lo volvió a intentar, pero tampoco pudo ser.  

Qué ver en Plasencia
El Ayuntamiento de Plasencia y el Abuelo Mayorga aferrado a una de las columnas. Fuente: Pixabay

¿Pero quién necesita ser capital teniendo dos catedrales? ¿O una de las plazas mayores más bulliciosas y sabrosas de la región? Nuestra ruta por esta ciudad monumental empieza en las terrazas de su Plaza Mayor, lugar de esparcimiento por excelencia de los placentinos.

En la plaza destaca en primer lugar el Ayuntamiento, una reconstrucción historicista de 1966 que recupera parcialmente las trazas del palacio renacentista diseñado por Juan de Álava en las primeras décadas del XVI, que también intervino en la Catedral Nueva.

Pero la mayoría de las miradas no se centran en la triple arcada ni en el mirador, sino que tratan de descifrar la naturaleza de esa figura agarrada al campanario: es un autómata conocido como el Abuelo Mayorga que se encarga de marcar las horas con su martillo.

Qué ver en Plasencia
El símbolo de Plasencia. Fuente: Pixabay.

Se dice que fue colocado a mediados del XVIII en la torre del reloj siendo apodado así porque el relojero procedía de Mayorga. El primer Abuelo Mayorga fue derribado por los franceses en la Guerra de Independencia. La figura actual es el sexto: se colocó en 1973. 

¿Y esa casa salida de un cuento en el extremo opuesto al palacio municipal? Se trata de un edificio diseñada Francisco Mirón en la primera mitad del XX, arquitecto municipal también responsable de la plaza de abastos. De esta gaudiniana fachada con la torre circular y el balcón en voladizo nos vamos acercando a otro de los hitos de Plasencia: su Catedral Nueva.  

Plasencia monumental: catedrales, palacios y murallas

Qué ver en Plasencia
La Catedral Nueva de Plasencia. Fuente: Wikipedia

Siguiendo la calle de San Esteban nos encontramos antes con la iglesia del mismo nombre, un templo gótico que conserva su retablo barroco y que se abre a una deliciosa plazuela. Por la estrecha calle de Santa Clara y pasando la Oficina de Turismo ya vislumbramos la Catedral Nueva, edificio con una larga y accidentada historia que, no obstante, es una de las joyas de la ciudad. 

Juan de Álava, Enrique Egas, Alonso de Covarrubias, Rodrigo Gil de Hontañón o Diego de Siloé, todos ellos figuras artísticas de su época, dejaron su huella en esta construcción que empezó a ejecutarse a finales del siglo XV. Se denomina ‘nueva’ porque Plasencia ya tenía otra catedral desde el siglo XIII: el nuevo edificio serviría para derribar el antiguo, pero finalmente se mantuvieron los dos

Las dos fachadas son de estilo plateresco: en la principal intervinieron tanto Gil de Hontañón como Juan de Álava, mientras que la segunda fachada se atribuye a Diego de Siloé. Pese a que el edificio nunca se terminó —las naves quedaron sin rematar, siendo las tres de la misma altura algo poco común en la época— el interior del mismo impacta por la dorada crucería de sus bóvedas, así como por su retablo mayor, en el que intervino Gregorio Fernández, el escultor más importante del Primer Barroco castellano.

Por su parte, la conocida como Catedral Vieja empezó a construirse en el siglo XIII sufriendo modificaciones y ampliaciones hasta el XV, fecha en la que se decidió construir un nuevo edificio. Visitar ambos edificios supone una lección de historia del arte ya que permite conocer la transición entre diferentes estilos que van del Románico al Gótico y del Plateresco al Barroco. Actualmente, el templo dedica parte de sus instalaciones al Museo Catedralicio de Plasencia.  

En la propia Plaza de la Catedral también podemos disfrutar de la Casa del Deán del XVII con su impresionante balcón esquinero de columnas corintias. Y muy cerca está el auditorio Complejo Cultural Santa María, ubicado en el antiguo hospital de Santa María, y la Casa Palacio de los Monroy. Esta último es uno de los edificios residenciales conservados más antiguos de la ciudad al haber sido construido en el siglo XIV. Parte de su fachada fue modificada posteriormente al abrir vanos de estilo neogótico.  

San Nicolás y San Vicente Ferrer

Qué ver en Plasencia
El Palacio de Mirabel. Fuente: Wikipedia

Y nos acercamos ya a otro de los puntos neurálgicos de la Plasencia más monumental: las plazas de San Nicolás y de San Vicente Ferrer con sus iglesias y palacios. Por un lado, tenemos la propia iglesia de San Nicolás, una de las más antiguas de la ciudad: fue erigida en el siglo XIII en estilo tardorrománico aunque alterado posteriormente: hoy domina la plaza homónima con su aspecto masivo y compacto. 

En frente de San Nicolás disfrutamos de otro de los edificios más populares de Plasencia y genuino representante de la arquitectura palaciega de la ciudad: el Palacio de Mirabel. Comenzó a construirse a finales del XV, época de esplendor placentino, por iniciativa de Álvaro de Zúñiga y Guzmán y su segunda esposa Leonor Pimentel y Zuñiga, primeros duques de Plasencia.

Uno de los puntos más destacados del palacio es su patio renacentista con preciosas arcadas sobre columnas toscanas. La belleza de este palacio no ha pasado desapercibida para Hollywood y aquí se ha rodado Still Star-Crossed, una serie que recrea la historia de Romeo y Julieta.

Al mismo conjunto arquitectónico que Mirabel pertenece el Parador de Turismo de Plasencia, antiguo Convento de San Vicente Ferrer, que da nombre a la plaza homónima. Fue erigido en el XV, cómo no, siendo la primera escuela universitaria de la ciudad, además de ofrecer a los visitantes los restos de una sinagoga judía. No hay que olvidar, en este sentido, que desde el siglo XIII una importante comunidad judía se estableció en la localidad extremeña. 

Y nos vamos despidiendo de Plasencia destacando también los restos de su impresionante muralla que se cruza a través de alguna de sus monumentales puertas: la puerta de Trujillo al sur, a un paso del Jerte o la Puerta del Sol al norte, con la estatua ecuestre de Alfonso VIII, fundador de la ciudad. Y nos olvidemos de su popular acueducto del XVI que aprovechaba una cañería medieval

¿Que esta monumental ruta nos ha dado hambre? De vuelta a la Plaza Mayor donde las tapas son palabras mayores. ¿Ganas de disfrutar de la naturaleza? Monfragüe está a menos de una hora al sur. Si es que a Plasencia no le falta de nada… 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.