Porto Santo, la isla secreta de Madeira

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Todavía quedan paraísos casi vírgenes al margen del turismo masivo y no hace falta irse al otro lado mundo para descubrirlos. A una hora y media en avión de Lisboa se ubica Porto Santo, una diminuta pero orgullosa isla que permanece oculta al noreste de Madeira. Y es que la exuberante y frondosa hermana mayor atrae todas las miradas del turismo mientras la frágil y árida Porto Santo permanece aún prístina y virginal. Acompáñanos en este viaje iniciático para descubrir Porto Santo, la isla secreta de Madeira.  

Porto Santo, la primera isla portuguesa de ultramar 

Porto Santo
Porto Santo desde el Pico do Facho. Fuente: Unsplash

Fue en 1418 cuando João Gonçalves Zarco, Tristão Vaz Teixeira y Bartolomeu Perestrelo arribaron en Porto Santo: el primer territorio de ultramar descubierto por los portugueses. Poco después, los navegantes llegarían a Madeira que daría nombre definitivo al archipiélago.  

El viaje fue una orden expresa del rey Juan I que pretendía conquistar nuevos territorios al oeste de África. Este descubrimiento marcó el inicio de la fiebre por los viajes al otro lado del Atlántico que cristalizaría definitivamente con la odisea de Colón 70 años después. 

Fue precisamente el navegante genovés uno de los vecinos más célebres de la pequeña Porto Santo. Entre 1479 y 1481, Colón vivió en la isla después de casarse con Filipa Moniz, una de las hijas de Bartolomeu Perestrelo, gobernador de Porto Santo tras participar en su descubrimiento.

Porto Santo
Casa Museo de Colón en Porto Santo. Fuente: Wikipedia

Cuenta la leyenda que Colón diseñó su viaje al otro lado del Atlántico desde Porto Santo y que todavía hoy puede distinguirse su figura caminando por la playa en las noches de luna llena, mirando con nostalgia al horizonte.  

Actualmente puede conocerse más sobre la presencia del navegante italiano en Porto Santo en la Casa Museo de Colón ubicada en el centro de Vila Baleira, la principal localidad de la isla, que además aborda la historia de la expansión portuguesa desde el siglo XV, así como a la importancia estratégica que tuvo Porto Santo como primer territorio de ultramar descubierto. 

Porto Santo, una isla sin semáforos 

Porto Santo
Porto Santo. Fuente: Pixabay

Con 5000 habitantes y poco más de 40 kilómetros cuadrados de superficie —aproximadamente la mitad de Formentera— Porto Santo es una isla minúscula que ha vivido en calma bajo la protección de Madeira.

Aunque por su fisionomía sorprende que formen parte del mismo archipiélago. Si Madeira es frondosa y pletórica, Porto Santo es delicada y árida, más parecida a la zona de Caniçal en la isla vecina. Tanto que la pertinaz sequía ha sido la gran dificultad —además de los piratas— con la que se siempre se han batido los vecinos de la isla. 

Cuando hace unos 30 años Madeira empezó a convertirse en un destino de moda —hasta el punto de ser declarado durante varios años el mejor destino insular del mundo— Porto Santo empezó también a atraer la mirada del turismo.

Pero la mayoría de viajeros que aterrizan a su pequeña pista de aterrizaje llegan para pasar el día: el viaje desde Madeira se hace en apenas 15 minutos, aunque la mayoría arriban desde el Lobo Marinho, el ferry que conecta Madeira y Porto Santo.

¿Y qué se puede ver en Porto Santo? Comenzamos nuestra ruta por la isla secreta madeirense en el sur para visitar el Pico Ana Ferreira, una de las formaciones geológicas más impresionantes del archipiélago. Desde este mirador pueden distinguirse la isla de la Cal de donde se extraía el material para pintar las casas de Porto Santo. 

En esta zona de la isla también se ubica Morenos, un mirador con área de picnic que debe su nombre al color oscuro de sus rocas. Desde este punto se tiene una magnífica perspectiva del islote del Hierro y de los impresionantes acantilados de lava basáltica multicolor.  

Porto Santo
Porto Santo desde de la Ponta da Calheta . Fuente: Wikipedia

Continuamos nuestra ruta de miradores acercándonos ahora al Pico do Facho que, con sus 517 metros, es la cima de Porto Santo. Antiguamente los isleños encendían aquí sus antorchas para advertir a los vecinos de la presencia de piratas y barcos enemigos. Aunque de poco sirvió durante el terrible ataque de 1617 cuando piratas argelinos se llevaron a la mayoría de la población de la isla resistiendo solamente 18 hombres y 7 mujeres ocultos en las cuevas del monte y en algunos depósitos de cereal de las casas.

En esta zona se extiende la Serra de Fora que con su tapiz verde recuerda a la vecina Madeira. Y un poco más al sur se encuentra el mirador de Portela, desde el que se tienen fantásticas perspectivas del islote de Cima. 

Dejamos ya la seductora naturaleza de Porto Santo y sus impresionantes miradores para acercarnos a Vila Baleira, la única ‘ciudad’ de la isla, elevada a esa categoría desde 1996, pero que todavía permanece entrecomillada. ¿O qué ciudad conocéis vosotros que no tenga semáforos?  

Además de la mencionada Casa Museo de Colón, podemos visitar la vecina iglesia de Nuestra Señora de la Piedad o el Palacio Municipal y dejarnos embrujar por la fantástica gastronomía lusa en alguno de sus coquetos restaurantes. Porque Porto Santo es una isla secreta, pero cada vez menos. Prueba de ello es el campo de golf diseñado por Severiano Ballesteros: ¿un campo de golf en una isla con problemas de suministro de agua? 

Porto Santo y su playa de 9 kilómetros 

Porto Santo
La playa de Porto Santo. Fuente: Unsplash

Y dejamos para el final de nuestro viaje a Porto Santo su verdadera joya: un arenal de 9 kilómetros que se extiende en la parte sureste de la isla desde el puerto al norte hasta la Ponta da Calheta al sur. Aguas azul turquesa, tranquilas y relajantes y arena fina y dorada que explican el apelativo de Porto Santo: la isla dorada.

Durante muchas décadas el gran imán para piratas que apenas encontraban resistencia en la isla gracias a la enorme extensión de su arenal, fue elegida por los portugueses como la mejor playa de dunas en el concurso “7 Maravillas – Playas de Portugal”.

Imprescindibles en Madeira
Porto Santo. Fuente: Unsplash

Y es que la arena de la playa de Porto Santo está formada por microfósiles y pequeños fragmentos de algas calcáreas, conchas de moluscos y otros restos fosilizados de organismos marinos. Todo ello otorga a esta playa propiedades terapéuticas que son beneficiosas para el tratamiento de diversas enfermedades.  

Cuentan los lugareños que la mejor manera de sentir Porto Santo es recorrer la playa arrancando desde Ponta da Calheta y avanzar lentamente en dirección norte mientras nuestros pies son acariciados por las suaves olas del mar. Y recuerda que en una noche de luna llena tal vez te tropieces con un navegante genovés que mira al horizonte, hacia el otro lado del Atlántico…   

David Rubio

Soy redactor, profesor de escritura creativa e historiador del arte. También paso la aspiradora, hago la colada y cambio pañales. Y cuando sobra algo de dinero, viajo. Se admiten donaciones.

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