Atenas, la floreciente capital de Grecia, rebosa grandilocuencia, historia, monumentalidad y modernidad por doquier. Cálida y mediterránea, entre sus calles florecieron la democracia y las grandes artes en el siglo I a.C., lo que le confirió una importancia eterna en la historia de las civilizaciones. Su cara más moderna es canalla, irreverente, vibrante y ciertamente caótica.

Sin embargo, conserva la autenticidad de las capitales de antaño, custodiando y atesorando con esmero lo propio, lo que la dota de una personalidad incuestionablemente única. Te proponemos qué ver en Atenas para que puedas sacar el máximo partido a tu estancia.

Acrópolis de Atenas

Fuente: Pixabay.
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Como sabes, Grecia ha sido uno de los países que mejor ha superado la crisis del coronavirus. Si te atreves a viajar al extranjero este verano, es una ocasión perfecta para visitar sus monumentos más conocidos con mucho menos turismo del habitual. Eso sí, por supuesto, te recomendamos sacarte un buen seguro de viaje que cubra cualquier posible problema. Puedes aprovechar, por ejemplo, el descuento Intermundial del 20% que se encuentra ahora disponible.

La capital griega brinda una memorable colección de tesoros arquitectónicos, que la convierten en un auténtico museo al aire libre y al, mismo tiempo, constituyen un desafío a la hora de planificar la ruta. No obstante, lo tenemos claro, no hay mejor punto de partida posible que la Acrópolis. Esta ciudad helena es uno de los referentes de la Antigüedad, actualmente el centro de todo, la cual permite adentrarnos en el esplendor de la época.

A pesar del devenir de los siglos, sobre su colina se conservan algunos santuarios impresionantes, muchos de ellos levantados en el siglo V a.C., como el templo de Atenea Niké, el Partenón, el Erecteión o el Propileos. Continuando el recorrido por esta antigua ciudad nos encontramos con más tesoros, símbolo de toda una civilización, como los restos del templo de Zeus Olímpico, el Arco de Adriano o el teatro de Dioniso, el más grande de cuantos construyeron los griegos.

Unos metros colina abajo, se encuentra el museo de la Acrópolis. Su visita es ineludible para terminar de entender cuán grandilocuente fue la antigua Atenas. Guarda una extensa colección de restos arqueológicos hallados en la ciudad del Acrópolis, permitiendo comprender la cultura, la política y el arte de vivir en la Antigüedad.

Plaka, Anafiótika y Monastiraki

Fuente: Pixabay.
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Después de tanto exceso de monumentalidad, conviene relajarse. Nada más recomendable que dar un paseo por las pintorescas y coloridas calles y plazas del barrio de Plaka, el más añejo del callejero ateniense. Las tabernas típicas que lo decoran invitan a degustar sabores típicos como el tzatziki de yogur, servidos sobre sus mesas vestidas con llamativos manteles de papel. No obstante, el atractivo de este barrio heleno es el Ágora romana, antiguo centro de la vida política, social y comercial. Ordenado levantar por Augusto, conserva algunas partes que bien valen una visita como la Stoa de Attalos, la torre de los Vientos o el templo de Hefesto.

Todo en Atenas esconde una historia, máxime sus barrios típicamente griegos como Anafiótika. Inserto en el de Plaka, este rincón permanece inalterado. Al mismo tiempo, parece haber sido robado a alguna isla del Egeo, pues está recorrido por entramado de callejuelas estrechas y empedradas, adornadas con típicas casas blancas que lucen ventanas azules y floridos maceteros.

Por su parte, Monastiraki es otro de los barrios más aclamados de la «ciudad de los dioses». Adyacente al de Plaka, guarda el monasterio que le da nombre, los restos de la biblioteca de Adriano o las mezquitas de Tsistaraki y Fethiyé.

Entre la plaza Syntagma y la avenida Panepistimiou

Fuente: Wikipedia.
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El corazón de la ciudad griega está gobernado por la plaza Syntagma, que ejerce de guardiana del Parlamento y de la Tumba del Soldado Desconocido, siempre custodiada por dos soldados o evozni vestidos con uniformes tradicionales. El cambio de guardia de los mismos constituye un ritual que roba la atención de propios y extraños. En la parte trasera se encuentra el estadio Panatenaico, que tuvo el honor de acoger los primeros Juegos Olímpicos en 1896.

Cerca de este eterno templo del deporte, está el Jardín Nacional, un maravilloso pulmón verde que guarda más de quinientas especies de flores, plantas y árboles recolectados en todas las partes del mundo. Además, está decorado con una suerte de estanques, hogar de un sinfín de aves acuáticas, y monumentos con arquitectura clásica e incluso dispone de un pequeño zoo.

Pasear por Panepistimiou, la avenida que vertebra las plazas Omonia y Syntagma, es un interesante modo de concluir el periplo por la ciudad helena. Está jalonada, a un lado y a otro, con una suerte de edificios neoclásicos, fieles representantes de la Atenas más actual. Especialmente destacados son el edificio de la Universidad, la Biblioteca Nacional, el Banco Central de Grecia o la Academia de Bellas Artes.

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