El pueblo interior más bonito de España. Teniendo en cuenta la belleza interior que tiene nuestro país, el hecho de que Potes haya sido seleccionada como la localidad más bella demuestra que no es un pueblo más en el norte peninsular. Potes es un baño de bosque, un chapuzón verde entre montañas grises y blancas, un pueblo con garbo capaz de cambiar la cara al viajero más resabiado. Porque por muchos pueblos que hayamos conocido en el norte de España, Potes es un tesoro de personalidad única.  

Además, la localidad cántabra es el balcón de la comarca de Liébana, una tierra verde feroz en la que alternan valles profundos y murallones de piedra caliza, un territorio en el podremos disfrutar de algunas delicias gastronómicas únicas en España y unos paisajes sobrecogedores. Nos vamos al suroeste de Cantabria para descubrir esta tierra de premio y postal. 

Qué ver en Potes 

Potes
Fuente: Wikipedia

Por encima de Besalú (Girona), Albarracín (Teruel) y Alquézar (Huesca): Potes se ha llevado el título honorífico de pueblo de interior más bonito de España según una encuesta elaborada por Lonely Planet completando un año histórico para la localidad cántabra puesto que también se llevó el premio como Capital Rural 2020 entregado por EscapadaRural.com. Algo tiene que tener Potes para recibir tanto reconocimiento, ¿no?  

Esta localidad del suroeste de Cantabria de 1300 habitantes se sitúa a una hora y media de Santander y algo más de dos horas de Oviedo. Ubicada en la confluencia de cuatro valles, el acceso a la capital de Liébana requiere paciencia. Mencionada en fuentes documentales desde el siglo IX, se cree que fue objeto de repoblación por parte de Alfonso I, yerno de Don Pelayo y uno de los primeros reyes de la Monarquía Asturiana.

Varios siglos más tarde, el Marqués de Santillana convierte a Potes en la capital de Liébana, etapa en la que se termina de configurar su estructura urbana que todavía hoy podemos disfrutar: Potes se transforma en la villa de los puentes y de las torres

Potes
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Precisamente es la Torre del Infantado uno de los grandes reclamos turísticos de su patrimonio histórico-artístico. Fue construida en el siglo XIV por mandato de Don Tello, Señor de Liébana, hermano del rey Enrique II. Un siglo más tarde, Íñigo López de Mendoza se hace con el control de la Torre y del resto del señorío.  

Con un aspecto masivo derivado del uso del sillarejo y del tamaño reducido de los vanos, esta fascinante mole de piedra está coronado por un relieve defensivo almenado y cuatro pequeños cuerpos semicirculares a modo de puestos de vigilancia. Desde lo alto de la Torre, el viajero lo único que tiene que vigilar ya es uno de los paisajes más asombrosos de Cantabria, con los Picos de Europa en lontananza.  

En el interior destaca el patio central que ilumina los cuatro cuerpos que forman parte de la torre. Durante buena parte del siglo XX acogió al ayuntamiento de la localidad, pero actualmente es un centro de exposiciones que exhibe permanentemente la exposición “Beato de Liébana y sus beatos”: una forma de acercarse a la figura de este monje del vecino monasterio de Santo Toribio de Liébana que elaboró el famoso comentario del Apocalipsis de San Juan a finales del siglo VIII. 

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El otro monumento imperdible de Potes es su iglesia de San Vicente, iniciada en el siglo XIV y modificada en el XVIII. Como otras iglesias construidas durante distintas épocas, San Vicente es como un tratado de arquitectura que expone el viajero la transición del gótico al renacimiento y de este al barroco. Fue ya en época barroca cuando se amplió la iglesia añadiéndole una nave extra dividida en cinco tramos. 

Pero al margen de sus dos icónicos edificios, lo más atractivo de Potes son sus calles con algunos empedrados medievales, los puentes —como el de San Cayetano o el de la Cárcel—, su arquitectura popular, con sus casas asomándose al río Quiviesa y a los bosques del entorno… y su mercado lebaniego de los lunes en la zona del parque Jesús de Monasterio, donde comprar orujo, queso y Miel de Liébana, por supuesto. 

Y es que la gastronomía lebaniega también es otro reclamo irrenunciable de Potes. Su plato más famoso es el cocido lebaniego elaborado a base de los garbanzos de la tierra, cecina, carne y berza. Tampoco puede faltar un plato de caza —generalmente jabalí o corzo— y algún queso. Y de postre sequillos o canónigos, todo ello regado como un poco de orujo… de Liébana, claro. 

Qué ver en la comarca de Liébana 

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Ya que estamos en Potes no podemos perder la oportunidad de ampliar nuestra exploración de la comarca con algunas visitas como el monasterio de Santo Toribio de Liébana a solo cinco minutos de la capital comarcal. Pese a que no existen fuentes documentales que lo certifiquen, el origen de este monasterio franciscano podría estar en la época de repoblación del territorio llevada a cabo por Alfonso I.  

De lo que no hay duda es de que se trata de uno de los monasterios más bellos y mejor conservados del norte peninsular, destacando especialmente su iglesia plenamente gótica. Entre sus tesoros está el Lignum Crucis, el trozo de la cruz de Cristo más grande conservado según la Iglesia católica lo que llevó al papa Julio II —protector de Miguel Ángel— a otorgar el privilegio de la celebración del Año Jubilar Lebaniego, integrándolo en la red de rutas de peregrinación cristiana. 

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Pero además de historia, monumentos y deliciosa gastronomía, Liébana destaca por su maravilloso entorno natural. El Desfiladero de la Hermida, uno de los más largos de España con sus más de 20 kilómetros, es una visita aconsejable para aquellos que no padezcan de vértigo. Los más intrépidos pueden recorrer la vía ferrata de La Hermida que incluye escalones de acero y puentes colgantes.  

Ya en pleno Parque Nacional de los Picos de Europa, a una media hora al oeste de Potes, tenemos el Teleférico de Fuente Dé que salva un desnivel de 750 metros llevando a los pasajeros a 1.800 metros de altura en unos 5 minutos. Desde lo alto de la montaña podemos observar panorámicas únicas desde los miradores, iniciar alguna de las rutas que parten de la zona, como la de Torre de Horcados Rojos… o quedarnos en la cafetería El Cable rememorando una jornada inolvidable en una comarca majestuosa. 

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