Dicen de ella que es la ciudad de las tres mentiras, pues ni es sana ni llana ni tiene mar. Sin embargo, Santillana del Mar es una de las joyas de Cantabria. Tanto es así que la villa está reconocida Capital del Turismo Rural 2019 y Conjunto Histórico Artístico, pues entre sus coquetas calles empedradas se cuelan construcciones románicas, barrocas y renacentistas de lo más valiosas.

Además, tiene una situación privilegiada, ya que se sitúa a medio camino entre el mar y la montaña y a dos pasos de enclaves históricos relevantes como la cueva de Altamira. Estos son los imprescindibles de esta coqueta villa, en la que tradición, cultura y naturaleza entrelazan sus manos.

Colegiata de Santa Juliana

Data del siglo XII, cuya construcción fue auspiciada por un grupo de monjes agustinos para impulsar la repoblación de la región, además de guardar las reliquias de la mártir que da nombre al templo.

Hoy constituye la joya de su patrimonio arquitectónico, pues está reconocida Monumento Nacional y constituye una oda al arte románico. Especialmente destacados son el claustro, jalonado con 42 capiteles que hacen un somero repaso del románico, y el retablo mayor, que aúna con maestría elementos platerescos y del gótico flamígero.

Fuente: Wikipedia.

Torres de Merino y Don Borja

Se alzan en la parte vieja de la villa, son insignes representantes del Medievo y lucen un impecable estilo gótico. La de Merino, conocida popularmente como «la torona», sirvió como vivienda del merino, es decir, el representante del rey (de ahí su nombre). Por su parte, la de Don Borja, ubicada muy cerca de la primera, en la plaza Mayor, está declarada Bien de Interés Cultural.

Destaca por los arcos de diferentes tipos que presiden su fachada, que la dotan de una belleza innegable. Hay visitas guiadas por el interior, además de exposiciones promovidas por la Fundación Santillana, que es su sede.

Torre de Don Borja. Fuente: Wikipedia.

Cueva de Altamira

Localizada a unos dos kilómetros de la localidad, constituye uno de los testimonios de arte prehistórico más importantes del país. De hecho, está considerada la Capilla Sixtina del Paleolítico y reconocida Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su interior, que fue descubierto por una (acertadísima) casualidad, atesora pinturas rupestres que representan escenas de caza y la vida diaria de hombres que vivieron hace más de 15.000 años.

Fuente: Wikipedia.

Sin embargo, la visita es complicada, pues únicamente se permite el acceso a cinco personas y vestidas con una indumentaria especial un día a la semana para evitar su deterioro, pues son muy delicadas. Pero se pueden resarcir las ganas en la Neocueva, una réplica de la misma dentro museo de Altamira.

Palacios renacentistas

Especialmente destacados son la casa de los Bustamante, que despunta por su imponente fachada, y de los Hombrones, que luce en su fachada superior un gigantesco escudo que representa las armas de los Villa.

Fuente: Wikipedia.

El descubrimiento del Nuevo Mundo incrementó sobremanera los ingresos de los que se atrevieron a formar parte de la aventura, quienes invirtieron en la construcción de casas y palacios, todos ellos con un gran poderío, que además constituyen un homenaje a los estilos gótico y barroco.

Playa de Santa Justa

Fuente: Wikipedia.

Tal y como hemos dicho al comienzo del artículo, Santillana no tiene mar. Sin embargo, conduciendo solo diez minutos llegamos a la de Santa Justa, junto al puerto de Ubicarco. Es una excelente opción para disfrutar de las bondades del Cantábrico y descansar del exceso de monumentalidad que regala Santillana.

Como atractivo añadido, las rocas de los acantilados que la abrazan guardan una sorpresa: la ermita de Santa Justa, declarada Bien de Interés Local.

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