En el corazón de la región de Campania, dando comienzo a la costa Amalfitana, se encuentra Sorrento. Este pequeño rincón es uno de los tesoros más bellos de Italia por su disposición en lo alto de un acantilado, con maravillosas vistas al infinito Mediterráneo, al golfo de Nápoles y al durmiente Vesubio. Pero también por el evocador aroma a limón, naranja y azahar que destila y las preciosas casas palaciegas que lo decoran.

Un enclave en el que, según nos cuenta la mitología, Ulises logró eludir el canto de las sirenas, cuyas calles sumergen al visitante en un viaje al pasado más remoto, permitiendo disfrutar de la eterna dolce vita italiana. Nos damos una vuelta por los rincones más especiales de esta localidad italiana.

Catedral de Sorrento

Fuente: Wikipedia.

Esta joya arquitectónica se ubica en la via Corso Italia, la arteria que vertebra el pueblo, donde se aglutinan las tiendas más exclusivas y de firmas italianas muy conocidas.

Se levantó en el siglo XV, está consagrada a los santos Felipe y Santiago y su fachada luce un estilo románico que la dota de una elegancia muy italiana. Merece la pena entrar al interior para contemplar los valiosos cuadros dela Via Crucis que adornan la nave central.

Iglesia de San Francisco

Fuente: Wikipedia.

Este templo, al que se accede por la via Luigi desde la Piazza Tasso, destaca por la multiplicidad de estilos y elementos que muestra, entre lo que también hay algunos de origen pagano. No obstante, el verdadero reclamo es su claustro medieval, jalonado con columnas y arcadas de diferentes épocas y decorado con abundante vegetación y flores, que lo dotan de una belleza única y un aire de lo más onírico.

Villa Comunale y la costa

Fuente: Flickr.

Este bonito espacio verde se levanta frente a un acantilado, ofreciendo una imponente panorámica que al mar, al magnánimo Vesubio, Nápoles, la Marina Piccola y la Marina Grande. Una vez nos hayamos recreado con las vistas, que son mucho más increíbles cuando el sol se esconde, conviene acercarse a la costa, dominada por el mar del Tirreno. Existe la opción de hacerlo dando un paseo, que además es cuesta abajo, por lo que no implica demasiado esfuerzo, o en ascensor, que llega prácticamente a pie de mar.

Esta parte es una de las más bonitas y especiales del callejero de Sorrento, por cuanto está salpicada de espigones y pequeñas playas, las cuales fueron creadas por los sorrentinos ante su inexistencia debido a la elevada altitud de la costa. Y son de lo más coquetas, pues están decoradas con coloridas casas playeras y disponen de hamacas, algunas de las cuales flotan sobre el mar.

Marina Grande

Fuente: Wikipedia.


Antiguamente fue una villa marinera, pero actualmente es el puerto de Sorrento, donde atracan tradicionales barcos pesqueros y de donde parten las excursiones a otros enclaves del golfo de Nápoles como, por ejemplo, Capri. Además, está repleta de bares y restaurantes donde es posible saborear delicias tradicionales como las pizzas, los pescados, los gnocchi alla sorrentina, que incluyen queso mozzarella, albahaca y tomate, y, por supuesto, limoncello.

No hay que olvidar que Sorrento es una de las cunas de la fabricación de este licor típico de Italia, que además se hace con los cítricos que se cultivan en sus huertos, los cuales gozan del reconocimiento de Denominación de Origen. No obstante, en las calles que recorren el casco antiguo, en torno a la Piazza Torquato Tasso, también hay una buena amalgama de establecimientos y comercios que lo ofrecen, así como productos derivados como el helado de limoncello.

Villa romana

Fuente: sorrentotourism.com

Sorrento, como el resto de las regiones italianas, atesora en sus tierras restos de la cultura romana, que constituyen un cita con esta grandiosa civilización y con la historia. Así, Capo di Sorrento guarda los vestigios de una antigua villa romana, que son conocidos entre los locales como los baños dela Regina Giovanna, ya que eran el lugar predilecto para zambullirse de la que fue reina de Nápoles desde 1414 hasta 1435.

Obviamente, mira al mar y se cree (no hay fuentes que lo verifiquen) que pertenecía a Pollio Felice, un rico epicúreo italiano. Sea como fuere, lo cierto es que permite ver cómo era la disposición de las ciudades romanas e intuir su modo de vivir.

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