Benidorm es una ciudad rara. Y como todo lo raro, fascina y repele según el cristal con que se mire. Pero nunca deja indiferente, y eso ya es algo. La ciudad alicantina ha sido considerada durante décadas la quintaesencia del turismo casposo, una urbe sin escrúpulos volcada en la atracción de turistas… a cualquier precio.

En los últimos años, sin embargo, Benidorm empieza a ser reivindicada como una ciudad racional, aseada y moderna en la que la industria turística va un pasito por delante. Y es que Benidorm pudo morir de éxito pero tuvo la suficiente cintura para adaptarse a los nuevos tiempos en materia turística y urbana. Esta es su historia.

Benidorm: del landismo a la ‘Q’ de calidad

Benidorm libre de prejuicios
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Empecemos por el final. Año 2019. Benidorm anuncia exultante que se ha convertido en el primer destino turístico inteligente con la Q de calidad. Vale, ¿y qué significa eso? Se trata de un certificado del Instituto para la Calidad Turística Española que pruemeve la sociedad Segittur dependientde del Ministerio de Turismo. Esta Q de Calidad aplicada a los destinos turísticos pivota alrededor de cinco ejes: accesibilidad, nuevas tecnologías, sostenibilidad, gobernanza e innovación. Son palabras clave del siglo XXI en cualquier ámbito comercial y marketiniano. Y el turismo no se escapa de ellas.

Sergio González, miembro de AENOR —entidad encargada de la auditoría para confirmación la certificación—, destacó que Benidorm “se ha comprometido con el turismo de calidad apostando por situar al turista en el centro de sus políticas, anticipándose a sus necesidades y dándoles respuesta desde la innovación, las nuevas tecnologías y la sostenibilidad”.

De esta forma, Benidorm se convertía en el primer “destino inteligente de España”. Algún malpensado podría deslizar que esta norma parece fabricada ex profeso para Benidorm, pero no cabe duda de que la ciudad alicantina se ha envuelto en la bandera de la sostenibilidad y la vanguardia con el objetivo de cambiar la piel definitivamente: Benidorm quiere ser el líder en innovación turística del siglo XXI en España y sus acciones en los últimos años avanzan con paso firme en esa línea.

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El popular Balcón del Mediterráneo. Fuente: Unsplash

Y hay más. Un año antes, la ciudad levantina notificaba que se postularía como Ciudad Patrimonio Mundial de la Unesco en la categoría de Nueva Ciudad del siglo XX. Tendemos a asociar el patrimonio arquitectónico y urbano con vetustos cascos históricos pero también son ciudades ejemplares aquellas que se adaptan a las circunstancias trazando un nuevo urbanismo a través de modélicas construcciones verticales. Y Benidorm sabe mucho de urbanismo vertical: no en vano ha sido denominada durante años como la Manhattan del Levante español.

Si bien el proceso para que Benidorm sea declarada Ciudad Patrimonio Mundial de la Unesco será largo y complicado, esta candidatura demuestra hasta que punto Benidorm cree en sí misma más allá de los cuatro tópicos y chascarrillos asociados a ella. Y es que, a menudo, los críticos de la ciudad desconocen el origen y evolución de Benidorm y, sobre todo, nunca han estado allí.

Aunque el origen de la ciudad data de la primera mitad del siglo XIV no sería hasta los años 50 del pasado siglo cuando Benidorm empezaría a parecerse a Benidorm. En el año 1950 no había censadas más de 2.800 personas. En pocos años, los residentes se duplicarán… y los turistas se multiplicarán. Cuenta la leyenda que el alcalde Pedro Zaragoza fue hasta Madrid en Vespa para convencer a Franco y señora de que se hicieran un poco los suecos con el turismo que estaba desembarcando en la ciudad, que las divisas extranjeras bien valían un poco de destape.

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Fue así como Benidorm encontró, sino carta blanca, al menos gris, para edificar edificios residenciales en altura y poner en marcha un pionero programa de marketing turístico para atraer a turistas europeos ávidos de sol, playa… y precios imbatibles. Los años 60 marcan en España una fiebre constructiva sin parangón cuyas consecuencias no fueron, en muchos casos, adecuadamente previstas.

Pero el desarrollo de Benidorm se apoyó no solo en el inherente carácter especulador de la mayoría de desarrollos urbanos, sino que buscó adecuarse a las circunstancias sin hipotecar el futuro. En la clásica comparación con el mitificado Manhattan hay paralelismos pero también diferencias… a favor de Benidorm, tal y como explica el arquitecto José Manuel Escobedo miembro del Consejo de Escena Urbana de la ciudad: “donde allí hay cuatro rascacielos, aquí solo hay uno (…) Antes los más adinerados ocupaban la primera de playa, ahora desde cada edificio se puede ver el mar”.

Benidorm: ¿Una ciudad turística sostenible y ejemplar?

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Edificio Intempo. Fuente: Unsplash

Algunos urbanistas defienden ardorosamente el desarrollo de Benidorm como uno de los más sostenibles del litoral español debido al poco territorio consumido y al bajo uso del transporte privado gracias a la cercanía de los edificios a las playas y a los principales puntos turísticos. De hecho, no hay manzanas cerradas, otro aspecto que sí caracteriza a Manhattan.

Pero en lo que sí coincide con la ciudad de los rascacielos al otro lado del charco es en el número de edificios de gran altura por kilómetro cuadrado. Benidorm es la segunda en la lista tan solo por detrás de la Gran Manzana. Y si Nueva York ensalza su skyline como un atractivo turístico más, ¿por qué no puede hacerlo Benidorm? En este sentido, siempre nos preguntamos qué pasaría si Benidorm estuviera al otro lado del mundo. Tal vez muchos de sus críticos soñarían con ese paraíso turístico de aguas transparentes y gigantes metálicos.

Son tantos los edificios de altura que marcan el perfil de la ciudad levantina que es difícil destacar unos pocos, pero no cabe duda de que en una lista de rascacielos benidormíes no puede faltar el kitsch Intempo que, con sus 192 metros de altura, es el quinto rascacielos más alto de España. O el mítico Gran Hotel Bali con sus 186 metros que durante años fue el edificio más alto del país.

Pero el Benidorm del desarrollismo tiene en la Torre Coblanca uno de sus más paradigmáticos ejemplos con casi 100 metros de altura, siendo el primer rascacielos de la ciudad en alcanzar las 30 plantas. O la Torre Levante de 1985 que fue durante casi dos décadas el edificio de más altura de la ciudad. Y no podemos olvidarnos de Neguri Gane construido en 2002 e inspirado sin duda en las madrileñas Torres Blancas de Sáenz de Oiza.

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Benidorm no se miente a sí misma: el sol y la playa siguen siendo sus principales atractivos. Fuente: Unsplash

Benidorm es vidrio y hormigón pero también es blanco, dorado y azul turquesa. La ciudad levantina no oculta su verdadera naturaleza porque sería cínico hacerlo: sol y playa son sus principales atractivos. De lo primero va sobrada: 3.000 horas de sol año. Y las cinco playas de la ciudad —Poniente, Levante, Mal Pas, Tio Ximo y La Almadrava— ofrecen al visitante diferentes panorámicas del Mediterráneo. Para panorámicas, por cierto, el blanquísimo Balcón del Mediterráneo, un mirador que ocupa los restos del antiguo castillo que ofrece una postal única de Benidorm.

Porque toda Benidorm es única. A pesar de sus pecados de juventud, ha sabido madurar y alcanzar la serenidad de una ciudad que sabe lo que quiere y ya no se excusa. Benidorm es adorada por muchos viajeros europeos que tienen en la ciudad levantina su oasis veraniego. Tal vez ha llegado el momento de que el turista español empiece a mirarla con otros ojos y le dé una segunda oportunidad.

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