Todas las ciudades del mundo pueden ser románticas si las circunstancias (y la compañía) son propicias, pero Roma tiene ese non so che que la singulariza con respecto a otros destinos. Te proponemos un paseo para que disfrutes del lado más romántico (y desconocido) de la capital transalpina.

La lucha por la posición en la Fontana di Trevi para sacarse la foto es agotadora en cualquier estación del año, la diferencia es que en otoño apetece menos eternizarse al pie de una fuente, porque el sol ya no calienta tanto y la lluvia, si aparece, empapa más. Pero hay que ser paciente y cumplir con la tradición de la moneda: y si es en pareja, mejor, así volvéis juntos.

Fontana di Trevi
Fuente: David Rubio

Roma en otoño amanece más tarde, le cuesta arrancar. Pero cuando lo hace, ya no hay escapatoria hasta la noche: el claxon te acompaña allá a donde vas y siempre hay que mirar un par de veces antes de cruzar una calle, por si una Vespa rezagada llega tarde a una cita. Y es que Roma es bullicio siempre y en otoño más, la temporada se inicia y todo el mundo quiere estar en su sitio, mientras el viajero recién llegado, confuso, trata equilibrar el estruendo con el fervor: «el Coliseo está a la vuelta de la esquina».

Roma Coliseo
Fuente: Unsplash/Keegan Houser

Ya casi nadie se pregunta «¿qué ver en Roma?» porque la respuesta da para cuatro guías de viaje: puedes ir a la capital de Italia cada año y seguir descubriendo rincones nuevos. Pero si ya has tachado de la lista los hitos más populares de la ciudad, o quieres salirte un poco de la norma, queremos recomendarte un paseo que se adapta a la perfección a la época del año en la que estamos.

El otro lado del Tíber: mano, parque, paseo

¿Se os han pegado las sábanas? No os preocupéis, la ruta que os proponemos no es demasiado larga. Si llegáis desde el centro, podéis cruzar el Ponte Sisto para entrar en el Trastevere (del latín trans Tiberim, más allá del Tíber) uno de los barrios más románticos de la ciudad, plagado de terrazas, callejuelas y rincones olvidados.

Trastevere
Fuente: Lonely Planet

En nuestra primera pasada por el barrio, podemos aprovechar para conocer la iglesia de Santa Maria, en la misma plaza, que incluye un apreciado mosaico del siglo XIII y un pórtico diseñado por Carlo Fontana, uno de los arquitectos más importantes del Barroco tardío italiano. Pero no os asustéis… esta no es otra ruta plagada de iglesias, museos y piedras de dudosa procedencia.

Compra unas piadine y unas bebidas en alguna tienda de la zona, toma a tu pareja de la mano y llévala en dirección este en busca del Gianicolo, uno de los parques más seductores de la ciudad eterna. Pero antes de tomar la Passegiatta del Gianicolo, dos recomendaciones: la Fontana dell’Acqua Paola y el templete de San Pietro in Montorio.

Fontana dell’Acqua Paola
Fuente: Tamara Suárez Fernández

La fuente se ha popularizado recientemente a través de la película La gran belleza, otro (extraordinario) homenaje cinematográfico a la capital italiana que ofrece, además, excelentes vistas de la ciudad.

Y el templete, en uno de los patios de la actual Academia Española en Roma, es una de las joyas arquitectónicas escondidas de la ciudad: diseñado por Bramante, el primer arquitecto de la renovación de San Pedro del Vaticano.

San Pietro in Montorio
Fuente: Wikipedia

Ahora sí, sube al Gianicolo y toma asiento en la plaza Garibaldi. Saca las piadine y repone fuerzas mientras alguien lee la historia de una de las grandes figuras de la historia contemporánea de Italia. El Gianicolo es el Plutón de las colinas de Roma: no se incluye entre las siete históricas, pero goza de la bendición de muchos locales como lugar predilecto de descanso alejado del dichoso claxon.

Gianicolo
Fuente: Flickr/Caterina Mulieri

Dormitad un poco mientras el sol empieza a declinar. Entonces sacad la cámara de fotos e inmortalizad el atardecer romano.  Y es que la no-colina también ofrece originales perpectivas del skyline romano.

Trastevere
Fuente: Flickr/Stefan Tunkel

Entonces es el momento de bajar, de nuevo, al Trastevere y tomarnos una copa para abrir el apetito en una de las animadas terrazas de la plaza de Santa Maria. Y después, callejead un poco hasta encontrar ese pequeño restaurante en el que terminar un día de lo más romántico… al otro lado del río.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.