Con la entrada del otoño, el dorado y ocre de nuestros bosques es como un hechizo que nos conduce a sus profundidades, esperando encontrar al final del camino una respuesta para tanta belleza. Uno de esos bosques que hipnotiza con la llegada del otoño es la Selva de Irati, un paraíso natural a una hora de Pamplona que “ponía los pelos de punta” a Ernest Hemingway. Acompáñanos en esta ruta por la Selva de Irati iluminando esta tierra oscura, húmeda y legendaria. 

Selva de Irati, al norte del norte 

Selva de Irati
Selva de Irati. Fuente: Wikipedia

Entre los montes Orzanzurieta, el monte Orhi y la Sierra de Abodi se desarrolla el valle del río Irati, un territorio plagado de bosques y agua que se ubica al norte de Navarra y al suroeste del departamento francés de los Pirineos Atlánticos. Son casi 20.000 hectáreas de terreno que incluye el segundo hayedo-abetal más grande y mejor conservado de Europa.  

Explotando forestalmente desde el siglo XV, la mayor parte del bosque sigue mostrando todo su esplendor gracias especialmente a la labor de los pastores en este ecosistema montañoso. Y es que en la Selva de Irati se contabilizan hasta 60.000 cabezas de ganado y diversos kaiolares (cabañas). Se trata también de un territorio de pastoreo por el que transitan anualmente hasta 350 pastores trashumantes que llegan aquí el mes de mayo para aprovechar el pasto de verano. 

Pero además de su exuberante y misteriosa naturaleza, la Selva de Irati protege numerosos tesoros culturales, desde la Real Fábrica de Armas y Municiones de Orbaizeta, hasta la torre de Urkulu o la estación megalítica de Azpegi, sin olvidar la veintena de deliciosos pueblos que encontraremos a lo largo de nuestro camino. 

La Selva de Irati desde el Valle de Salazar 

Ochagavía al sur de la Selva de Irati

20.000 hectáreas de bosque son muchas hectáreas. Si quieres disfrutar de la Selva de Irati a fondo necesitarás varios días. Si no dispones de tanto tiempo, deberás seleccionar una zona y unas rutas para tener una visión parcial de este territorio mágico. Nosotros comenzamos esta ruta por la Selva de Irati por el sur, desde el Valle de Salazar donde se ubica el pueblo de Ochagavía, nuestro primer campo base. 

Esta localidad de aroma pirenaico de apenas 500 habitantes que es cabecera del Valle de Salazar es uno de los pueblos más bonitos de Navarra. Situado a casi 800 metros de altitud, ofrece al viajero un excelente muestrario de la arquitectura popular pirenaica de Navarra. Ezcároz, al sur, y Jaurrieta, al oeste, son dos otros dos encantadores pueblos ubicados en este extremo de la Selva de Irati. 

Tras visitar el Centro de Interpretación de la Naturaleza de Ochagavía, junto a la Oficina de Turismo, calentamos motores recorriendo un sendero que nos lleva a la ermita de Nuestra Señora de Muskilda del siglo XII, situada a 1000 de altura y que cobija la imagen de una virgen que, cuenta la leyenda, fue encontrada bajo un roble por un pastor de la zona. 

A poco más de 3 kilómetros al este de Ochagavía se sitúa Izalzu, una localidad de la que parte la famosa ruta de Gartxot, un itinerario circular de poco más de 11 kilómetros con un desnivel de 600 metros entre hayedos y abetos ofreciendo espectaculares paisajes pirenaicos.  

Si continuamos hacia el noreste por la NA-140 llegamos al Centro de montaña Irati-Abodi donde podremos recorrer diversos senderos que, en invierno, se pueden transitar con esquís y raquetas.  

De regreso a Ochagavía, nosotros nos desplazamos ahora hacia el norte por la estrecha pero cautivadora Carretera de Abodi (NA-2012) hasta llegar, tras una media hora, al Centro de acogida de las Casas de Irati que cuenta con punto de información y un parking además de numerosos servicios.  

Selva de Irati
Ermita de Nuestra Señora de las Nieves. Fuente: Wikipedia

Es este punto uno de los predilectos por los viajeros para disfrutar de la Selva de Irati. Desde aquí parten varios legendarios senderos: el Bosque de Zabaleta, Errekaidorra, Camino Viejo a Koitxa, el Paseo de los Sentidos o la Cascada de Cubo. 

Si preferimos algo un poco más sencillo, os recomendamos esta última, una ruta circular de poco más de seis kilómetros que se inicia en el área de acogida de la ermita de la Virgen de las Nieves, recientemente restaurada, remontando después la pista que bordea la margen izquierda del río Urbeltza y que termina en la preciosa Cascada de Cubo

Y si queremos algo más ambicioso, podemos optar por combinar el Camino Viejo al embalse de Koitxa en la ida con el Camino Viejo a Casas de Irati a la vuelta siguiendo la vera del río Urtxuria. Se trata de una senda abrupta y de cierta complejidad que ofrece, no obstante, esos paisajes que han convertido a la Selva de Irati en una leyenda. 

La Selva de Irati desde el Valle de Aezkoa 

Selva de Irati

Nos vamos ahora a Orbaizeta, cabecera del Valle de Aezkoa, para conocer la zona noroeste de la Selva de Irati donde comenzaremos visitando la antigua Fábrica de Armas de Orbaiceta, uno de los edificios en ruinas más impactantes de España.  

Una de las mejores formas de empezar a disfrutar de la singular idiosincrasia del Valle de Aezkoa es recorrer la Ruta de los hórreos que custodian varios pueblos del entorno como Garaioa, Hiriberri o el propio Orbaizeta: son 15 hórreos en total de los 22 que se conservan en toda Navarra. 

A poco más de 20 minutos al sur de Orbaizeta, pasando Aribe, llegamos a Abaurrea Alta. ¡Y vaya si es alta! Con poco más de 100 habitantes, esta localidad se sitúa a 1039 metros de altura siendo la población ubicada a más altitud de Navarra. En este pueblo podemos recorrer el jardín y el laberinto de las estelas, un yacimiento arqueológico en el que se han recuperado más de treinta estelas medievales. 

Selva de Irati

Nuestra ruta por la Selva de Irati va llegando a su fin, pero antes debemos regresar hacia el norte para transitar por el extremo septentrional del bosque ya en la frontera con Francia.  

Tomando como campo base el Refugio de Azpegi podremos embarcarnos en diferentes rutas como la que llega al Bosque de Ursario, la que asciende al monte Mendilatz o la que lleva a los crómlech y los dólmenes de Azpegi acercándonos también a la celebra torre romana de Urkulu situada a más de 1.400 metros de altura, a unos metros de la frontera francesa. Desde este lugar de tradición milenaria nos despedimos de este paraíso natural que en otoño resplandece y cubre de oro nuestro ánimo con su singular armonía cromática.