Una guía de Mallorca no apta para adictos al balconing

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Existe una Mallorca bucólica y rústica, nostálgica y lírica, más allá de la gruesa “épica” del turismo de borrachera, no apta para aquellos viajeros que acuden a la isla balear exclusivamente atraídos por la promesa de juerga desenfrenada.  

Nosotros miramos más allá de los puntos calientes de la isla para descubrir rincones secretos y serenos donde apreciar su exquisita naturaleza y el carácter rural que aún custodian muchos de sus venerables pueblos. Acompáñanos en este refrescante itinerario que recorre lugares únicos de las seis comarcas de Mallorca

Isla de Cabrera  

Mallorca no apta para adictos al balconing
Faro de n’Ensiola en la isla Cabrera. Fuente: Depositphotos

Qué mejor forma de conocer la “otra” Mallorca que visitando la misteriosa isla de Cabrera cuyo entorno natural está protegido como parque nacional marítimo-terrestre, el único de toda España junto al de las Islas Atlánticas en Galicia. 

Con poco más de 15 kilómetros cuadrados, la isla de Cabrera comprende 19 islotes ubicados a poco más de 10 kilómetros del Cap de Ses Salines, al sur de Mallorca. Deshabitada desde los años 90, este archipiélago es un paraíso mediterráneo de encinas, olivillos, pinos carrascos y sabinas en cuyo entorno marítimo conviven hasta 500 especies de fauna marina sobre los mantos de posidonia, la planta endémica del Mediterráneo. 

Varias rutas de senderismo permiten conocer sus mejores rincones terrestres, como el viejo castillo, el faro de n’Ensiola o la colina de la Miranda. Y, por supuesto, sus idílicas (y solitarias) calas como Es Palmador, Sa Platgeta o Cala Donzell. 

Parque Natural de Mondragó (Migjorn) 

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S’Amarador. Fuente: Depositphotos

Regresamos a la isla de Mallorca, pero no dejamos la naturaleza porque nos vamos a conocer el Parque Natural de Mondragó, la reserva natural por excelencia del sur mallorquín. Declarado parque natural en la misma época en la que se protegía la vecina isla de Cabrera, Mondragó suma unas 700 hectáreas de área protegida que incluye bosques de acebuche y pinar, orquídeas y encinares, además de las características sabinas litorales.  

Cuatro itinerarios nos permiten recorrer buena parte del parque, siendo el de S’Amarador el más sugerente ya que nos acerca a la playa homónima, uno de los grandes tesoros del parque junto a la vecina cala de Mondragó, cuya imagen es una de las postales más típicas de toda la isla. 

Capdepera (Llevant) 

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Capdepera. Fuente: Depositphotos

Nos vamos al extremo oriental de Mallorca para conocer una de esas localidades que ofrecen la cara más plácida de la isla. Se trata de Capdepera, dominada por su imponente castillo, uno de los grandes tesoros arquitectónicas de Mallorca.  

Se trata de una fortaleza amurallada cuya construcción se inicia bajo el mandato del rey Jaume II, a principios del siglo XIII. Su extensa muralla tenía por objetivo proteger a los vecinos de Capdepera de las frecuentes (y poco amistosas) visitas de los piratas, además de favorecer la comunicación marítima con Menorca

Al sur del castillo debemos callejear en torno al vetusto caserío de la localidad en calles como Carrer Castell, Carrer Alt o Carrer Fondo. Esta última nos acerca al Centre Melis Cursach, ya cerca de la coqueta Plaça de l’Orient, el principal centro cultural de esta apacible localidad del Llevant mallorquín. 

Pla de Mallorca 

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Porreres. Fuente: Depositphotos

Si amas tanto como nosotros las islas mediterráneas sabrás que la belleza auténtica de estos paraísos brilla con singular esplendor en su interior, esas zonas que no interesan tanto al viajero más frenético, demasiado ocupado en captar el mejor encuadre de la cala de turno.  

En Pla de Mallorca tampoco falta el mar que baña la costa de la sensual bahía de Alcúdia, pero nosotros nos vamos al interior para visitar alguno de los rincones más bucólicos de la isla. Como Petra, una localidad rodeada de huertos y viñas.  

Y es que Petra es el pueblo del vino mallorquín con bodegas centenarias como la de Miquel Oliver que cultiva sus viñas en el call vermell, el suelo rojizo que caracteriza esta tierra y que produce las uvas que conforman la Denominación de Origen Pla i Llevant de Mallorca

Tras dar buena cuenta de los seductores vinos del Llano mallorquín nos acercamos a Porreres, otro rincón interior de Mallorca para desaparecer unos días: una localidad sostenida por el trabajo agrícola que nos muestra la cara más rústica y entrañable de la isla balear. 

Raiguer 

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Alcúdia. Fuente: Unsplash

No dejamos el interior mallorquín porque nos adentramos en la comarca de Raiguer para visitar Inca, su capital. De nombre misterioso que nos transporta al otro lado del Atlántico, esta ciudad custodia uno de los lugares secretos más apacibles de Mallorca: el barroco claustro de Santo Domingo

Pero Inca es popular por su venerada industria del calzado hasta el punto de ser conocida como la capital del cuero. El Museo del Calzado y de la Industria es una buena forma de profundizar en este singular oficio. Y para descansar un rato, una visita al Parque del Serral de Ses Monges, 70.000 metros cuadrados con vistas a la Serra de Tramuntana. 

Pero antes de continuar hacia el norte, una visita a Alcúdia, una localidad que combina la cara más turística de sus veneradas playas con la tradición de su acervo medieval que encarnan las murallas y su casco antiguo. 

Serra de Tramuntana 

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Deià. Fuente: Depositphotos

Y llegamos por fin al norte de Mallorca, a la comarca de la Serra de Tramuntana, donde encontramos los rincones más líricos de la isla, empezando por Banyalbufar, una localidad que no se pierde ninguna lista de los pueblos más bonitos de Mallorca. 

Fundada por los árabes allá en el siglo X, ofrece una de las postales más típicas de la comarca: sus bancales, una disposición de huertos en terrazas escalonadas que muestra la tradición agrícola de la zona. 

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Calles de Banyalbufar. Fuente: Depositphotos

Tras visitar Port des Canonge, otra postal típica de la Mallorca más tradicional, con sus singulares casas de pescadores a pie de mar, llegamos a Valldemossa: para muchos, el pueblo más bonito de la Serra de Tramuntana. Antigua alquería árabe, su caserío entre calles empedradas rodeado de las montañas de la sierra tapizada en verde ofrece una imagen inolvidable. 

Y finalizamos esta ruta por la Mallorca más nostálgica en Deià, el refugio bohemio de las montañas, un pueblo de poco más de 600 habitantes que ha atraído desde antiguo a numerosos artistas que encontraron inspiración en este rinconcito serrano, muy alejado del ruido y el frenesí de la Mallorca más vertiginosa. 

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