Cuando el 8 de septiembre de 1522 la nave Victoria capitaneada por Juan Sebastián Elcano arribó en Sevilla, se habían cumplido más de tres años desde que la expedición financiada por la Corona española y liderada por Magallanes partiera rumbo a Asia con el objetivo de abrir una ruta comercial por occidente con las islas de las especias.  

Fue un hito de la historia de la navegación al tratarse de la primera vuelta al mundo, pero también supuso el inicio de la presencia española permanente en Asia Oriental. A punto de cumplirse el quinto centenario de aquel viaje, recordamos la motivación de aquellas expediciones embarcándonos en una ruta por el legado español en Asia.  

¿Por qué España quería establecerse en Asia? 

El legado español en Asia
El legado español en Asia. Vigán en Filipinas. Fuente: Wikipedia

Por una cuestión económica, militar y estratégica. Tanto Carlos I como su hijo Felipe II patrocinaron aquellos costosos y arriesgados viajes al otro lado del mundo porque consideraban que merecía la pena seguir intentando establecer una ruta comercial con China tras ‘tropezarse’ con el continente americano en el viaje de Colón. 

La llegada de la Corona española a América había retrasado el objetivo inicial y Portugal, entre otros países, se estaban asentando en diversos enclaves de Asia Oriental como las Molucas indonesias por las que los españoles también suspiraban: aquellas islas repletas de especias suponían un negocio muy lucrativo. Pero España decidió renunciar a las Molucas por la presencia portuguesa finalizando la primera etapa de navegación española por el Pacífico.

Fue en 1564 cuando finalmente Felipe II vuelve a la carga y autoriza la expedición de Miguel López de Legazpi que partió de Puerto de Navidad en Jalisco cruzando el Pacífico para arribar en Samar, la tercera isla más grande de Filipinas.  

El objetivo inicial era establecer un base temporal en las Filipinas antes de llegar a China. Pero con el paso de los años se demostró que no era necesario llegar al continente para establecer una relación comercial con el Imperio chino: fue el inicio de la famosa ruta del Galeón de Manila o Nao de China —la ruta comercial de las naves españolas entre Filipinas (llamadas así por Felipe II) y México— y de la presencia española en Asia que se extendió hasta finales del siglo XIX. 

El legado español en Asia: Filipinas 

El legado español en Asia
El legado español en Asia. Iglesia de Miagao, una de las singulares Iglesias Barrocas de Filipinas. Fuente: Wikipedia

El 13 de febrero de 1565, la expedición de Legazpi llegó a la isla de Tubabao al sureste de Samar. Meses más tarde, los españoles establecen su primer asentamiento en Cebú, aproximadamente en el centro geográfico de las Filipinas. Se trataba de una ciudad ya conocida desde la pionera expedición de Magallanes, considerándosela clave en el comercio con las Molucas.  

Ciudad con casi 900.000 habitantes, Cebú es una de las más pobladas del país, un importante destino turístico y la primera parada en nuestra ruta por el legado español en Asia. La calle Colón ubicada en el barrio viejo es una de las más antiguas de la ciudad, trazada en tiempos de Legazpi.  

Frente al Ayuntamiento de la ciudad, en la calle Magallanes, encontramos una capilla anexa a la Basílica del Santo Niño que custodia la Cruz de Magallanes, uno de los símbolos más queridos por los cebuanos: la siempre polémica evangelización de los nativos fue otra consecuencia de la presencia española en sus colonias asiáticas.  

El legado español en Asia
El legado español en Asia. Fuerte Pilar en Zamboanga. Fuente: Wikipedia

El fuerte de San Pedro, erigido por orden de Legazpi, fue el primer asentamiento de los expedicionarios españoles en Cebú. Tras su expulsión a finales del XIX siguió siendo cuartel militar: primer de los americanos y después de los japoneses para ser después zoológico durante una breve etapa y, finalmente, Museo Nacional. 

Nos vamos ahora a Manila donde desde 1570 los españoles fijaron su asentamiento principal por estar en mejor ubicación para el comercio con China, una vez descartadas las Molucas. En la capital se encuentra la iglesia de San Agustín de 1607, la iglesia más antigua conservada de todo el país, y que pertenece a las Iglesias Barrocas de Filipinas, declaradas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad: una singular interpretación del barroco europeo por los artesanos chinos y filipinos que las ejecutaron. 


Seguimos nuestra ruta por el legado español en Asia llegando al norte de Filipinas para conocer Vigán, capital de la provincia de Ilocos Sur en la isla de Luzón, también declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: es la ciudad colonial española mejor conservada de todo el continente. Fue fundada en 1572, dos años después de que los españoles fijaran Manila como la cabecera de su presencia en el archipiélago.  

Pero lo más interesante de la arquitectura colonial de la pequeña Vigán (no llega a los 50.000 habitantes) es su insólita mezcla de estilos entre la propia arquitectura española, la mexicana, la china y la propia nativa filipina. La presencia de numerosos mexicanos procedentes de América dio color a las construcciones. Hasta 200 casas coloniales se conservan gracias a que, al contrario que otros enclaves filipinas caso del barrio viejo de Manila, Vigán no fue destruida en la II Guerra Mundial. 

El legado español en Asia
El legado español en Asia. Vigán. Fuente: Wikipedia

Y terminamos nuestra ruta recordando la presencia española en Filipinas de vuelta al sur del archipiélago para conocer Zamboanga, un auténtico crisol de pueblos en una ciudad de más de 700.000 habitantes, popular en nuestro país por el idioma chabacano, herencia de casi tres siglos de colonialismo.  

Durante largo tiempo sinónimo de vulgaridad —de ahí la permanencia del adjetivo—, el chabacano sigue siendo una lengua hablada por la mayor parte de la población: una mezcla de castellano y lenguas nativas consolidada después al ser usada como lengua vehicular de evangelización por los misioneros. 

Sin duda, el chabacano es el testimonio más singular de la presencia española en Zamboanga, pero la conocida como ciudad de las flores considerada por muchos la ‘ciudad más latina de Asia’ alberga otros recuerdos de su pasado español como el fuerte del Pilar, una fortaleza militar española que alberga una imagen de la Virgen del Pilar, la patrona de la ciudad, sin olvidarnos de la gastronomía zamboangueña que incluye platos tan españoles como los callos o el bacalao a la vizcaína. 

El legado español en el Pacífico 

El legado español en Asia
El legado español en Asia y Pacífico. Fuerte de Nuestra Señora de la Soledad en la isla de Guam. Fuente: Wikipedia

La presencia de la Corona española en Asia y Pacífico se centró durante décadas en el archipiélago filipino, único lugar en el que la presencia española echó raíces. Pero hay que recordar que, en el momento de mayor expansión del Imperio español, se llegaron a controlar plazas en lugares tan dispares como las Carolinas —llamadas así por Carlos II—, el norte de Taiwán, parte de Nueva Guinea, varias islas de la Melanesia y la Polinesia, incluyendo la ocupación de Tahití durante un breve espacio de tiempo a finales del XVIII, además de las Marianas y Guam. 

Es precisamente esta isla la que custodia diversos testimonios de la colonización patrocinada por la Corona española. Fue el propio Legazpi quien tomó posesión de Guam y las vecinas Marianas en 1565 pasando a pertenecer a la Capitanía General de las Filipinas adscrita al Virreinato de Nueva España.  

El fuerte de Nuestra Señora de la Soledad construido a principios del XIX por los españoles es uno de los cinco fuertes que aún se conservan en la isla, además de varias puertas y puentes. Tras la finalización de la Guerra con Estados Unidos a finales del XIX, Guam y el resto de posesiones españolas en el Pacífico pasan a ser controladas por otros países.  

Pese a que los objetivos de aquellas expediciones españolas por el Pacífico y Asia no eran precisamente culturales es un hecho que la presencia española determinó el futuro de buena parte de esos territorios dejando un legado que cinco siglos después aún perdura.