A mi perro no le gusta bañarse: trucos para facilitar su higiene

Si a tu perro no le gusta bañarse, bienvenido al club. Cada perro es diferente, pero suele ser habitual que tengan cierto reparo a bañarse, por diversas razones: porque no le gusta el agua, porque le estresa estar tanto tiempo en un espacio generalmente reducido (el baño), porque se aburre o porque percibe nuestro propio estrés al bañarlo. Y es que bañar a un perro puede ser toda una odisea. Para evitar disgustos o situaciones caóticas, te damos una serie de consejos para bañar a tu perro. 

Ante todo, mucha calma 

Bañando al perro
Un perro en una bañera – Fuente: Unsplash

Como decía la canción, pasito a pasito, suave, suavecito. En ningún caso el perro debe notar que estamos tensos por meterlos al baño, aunque lo estemos. Debe percibir que se trata de una actividad necesaria, pero también placentera.  

No cometas el error de gritarle u obligarlo de malas maneras a meterse en el baño. No te olvides de que es un perro: para él, al menos hasta que se acostumbre, meterse en una bañera es una situación nueva y antinatural. Si fuera por él, iría al río o al mar a mojarse, no a una bañera en la que tiene poca libertad de movimiento. 

En este sentido, y como sucede con otras muchas costumbres que nuestro amigo peludo ha de ir asumiendo, lo indicado es educarlo desde pequeño, si es posible. Los veterinarios coinciden en que a partir de los 3 meses ya podemos empezar a bañar a nuestro cachorro, siempre con mucho cuidado y en baños cortos. Pero si lo educamos desde jovencito a completar su higiene en la bañera, tendremos la mitad del trabajo hecho. 

Motívalo para ir a la bañera 

Bañando al perro
Un perro en una bañera – Fuente: Unsplash

Un truco para conseguir que se meta en la bañera es proponerle un juego como por ejemplo un juguete flotante como el que también usan los niños pequeños. Mientras juega con el patito flotante, tú puedes ir poco a poco echándole agua encima: la cuestión es que esté relajado y asocie el baño con una situación agradable, no forzada. 

Así mismo, puedes estimular a tu perro con premios comestibles. Ya sabes, ante todo, disciplina positiva, que el perro entienda que, si colabora en el baño, tú estás más contento y él también obtiene un beneficio. 

La temperatura del agua 

Es importante que el agua esté tibia, ni demasiado fría, ni demasiado caliente. Se trata de que el perro no note un cambio excesivo entre la temperatura ambiente y el agua. Así se le hará más fácil meterse dentro. Si una vez dentro quiere salir, trata de calmarlo, quizás tenga miedo o reparo al agua. Quita todo lo que puedas de su radio de acción para evitar golpes y otros desastres. Si has conseguido calmarlo y está dentro del agua, ya has dado el paso más difícil. 

Mojando al perro 

Bañando al perro
Un perro asoma el hocico en un cubo con agua – Fuente: Unsplash

Una vez que el perro está tranquilo, toca iniciar el baño. Prueba a ir mojándolo poco a poco, desde las patas hacia arriba, para ver cómo reacciona. Si todo sigue tranquilo, mójalo entero. Pero cuidado con la ducha: tiene un sonido fuerte al que nosotros estamos más que acostumbrados, pero ellos tal vez no: recuerda que tienen un oído extraordinariamente sensible.

Así mismo, debes tener cuidado con los ojos y los oídos tratando de evitar que entre agua en estos últimos: puedes usar bolitas de algodón o tapones especiales para asegurarte. 

Enjabonando al perro 

Llegamos a la fase decisiva de un baño. Porque con aclarar un poco no sirve. Es el momento de aplicar el champú. ¿Y qué producto usar? Siempre champús diseñados específicamente para perros, para tratar su pelo y que no contengan ingredientes que puedan generar problemas dermatológicos. No uses productos para humanos porque podrían ser perjudiciales: consulta con el veterinario en caso de duda

Empieza enjabonando patas y zonas menos sensibles, como hicimos con el agua previamente, para que el perro se vaya acostumbrando al champú. Hazle masajes suaves y cariñosos para que permanezca tranquilo. Intenta después llegar a las zonas más sensible tratando de ser lo más concienzudo posible… sin molestar al perro.  

Tal y como como sucede con el agua, debemos intentar que el champú no entre en oídos, nariz y ojos. Aunque son productos especiales, es mejor evitarlo. 

Aclarado y secado 

Bañando al perro
Dos personas secan y cepillan a un perro – Fuente: Unsplash

Ya estamos a punto de terminar, pero cuidado con el aclarado. Usa la ducha con moderación: no es un humano que puede pasar varios minutos tarareando bajo la ducha. Si le asusta el ruido de la ducha, usa el grifo y una esponja para aclarar. 

Para secar, podemos usar un secador: para algunos perros es la parte más satisfactoria del baño, pero otros se disgustan o asustan con el ruido y los efectos del secador. Así que deberás optar por una toalla siguiendo la misma tónica que hasta ahora: con paciencia y cariño, sin prisa. Recuerda reservar un tiempo considerable para el baño, no hacerlo contrarreloj.  

¿Cada cuánto tiempo bañar a tu perro? 

Bañando al perro
Un perro con una toalla en la cabeza – Fuente: Unsplash

No existe una respuesta válida para todos los casos ni todos los perros. Pero lo que es evidente es que los perros no son humanos, no deben bañarse cada día, no hay que obsesionarse. De hecho, bañarlo en exceso puede ser perjudicial para su piel: podemos provocar un efecto adverso al aumentar la vulnerabilidad de su piel, además de generar picores o irritaciones.  

Recuerda, así mismo, que existen otras fórmulas alternativas al baño completo que pueden servir para solventar una situación específica, como que se hayan ensuciado jugando en la calle. Las toallas húmedas o los champús secos son buenas alternativas. 

En líneas generales, con bañar a tu perro cada tres semanas o un mes debe ser suficiente, un periodo que se puede acortar en caso de que esté muy sucio e incómodo. Si ha estado en contacto con posibles sustancias tóxicas, no lo dudes. Por lo demás, guíate de tu sentido común: si está muy sucio y/o huele mal, toca baño. Pero recuerda, siempre con calma y cariño. 



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