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El ovni que nunca aterrizó

Seis decenios después de su nacimiento, el fenómeno de los platillos volantes agoniza

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Cuando el 25 de junio de 1947 el diario estadounidense East Oregonian publicó el avistamiento de nueve 'naves similares a platillos' por un tal Kenneth Arnold, la noticia prendió por todo el país como una mancha de gasolina. El protagonista del suceso, paradójicamente un vendedor de sistemas contra el fuego, poco pudo hacer para extinguir el incendio que sus palabras habían provocado. Apenas un mes después, la prensa de EEUU había publicado ya más de 850 casos de 'platillos volantes', según datos del investigador Jan Aldrich.

Para los convencidos, el argumento es rotundo. Como escribía el ufólogo J. Allen Hynek en 1977: '¿Por qué platillos volantes? ¿Por qué no cubos volantes o pirámides volantes, o ya puestos, por qué no elefantes rosa volantes o incluso edificios volantes?'. La conclusión, para Hynek y para una legión de entusiastas del fenómeno ovni, es que tantos testigos tan diferentes que dijeron haber visto lo mismo en lugares tan diversos no podían estar equivocados.

¿O sí? Porque, en realidad, Arnold no dijo haber visto 'platillos volantes'. Según el especialista y escéptico Martin Kottmeyer, el arquetipo de la nave alienígena se debe al 'error de un periodista'. Arnold relató al reportero Bill Bequette que aquel día, volando en su avioneta cerca del monte Rainer, en el Estado de Washington, le sorprendió la súbita aparición en el cielo de nueve 'objetos con forma de media luna' que se movían 'como un platillo saltando sobre el agua'.

El piloto trató de subsanar el error de Bequette en ocasiones posteriores. En entrevista radiofónica con el periodista Ed Murrow el 7 de abril de 1950, aseguró: 'La mayoría de los periódicos lo entendieron mal y lo publicaron mal. Dijeron que yo dije que eran como platillos; yo dije que volaban como platillos'. Kottmeyer zanja la cuestión con sorna: '¿Por qué iban los extraterrestres a rediseñar sus naves para adaptarse al error de Bequette?'.

Por si la anécdota no llegase a tronchar los mimbres sobre los que se ha urdido la ufología en el siglo XX, cabe añadir la confusión sembrada por el propio paciente cero de la fiebre ovni. Entre los documentos desclasificados del antiguo proyecto secreto Blue Book del ejército estadounidense, figura la declaración firmada por Arnold para la investigación abierta por la Fuerza Aérea de EEUU. En el documento, el protagonista del suceso se refiere literalmente a 'discos parecidos a platillos' que 'parecían completamente redondos' cuando reflejaban el Sol. Tampoco ayuda a la credibilidad de la historia que, si la visión de un ovni podría considerarse una experiencia única en la vida, no fue así para Arnold: tres años después, ya acumulaba otros tres avistamientos.

Conociendo los antecedentes, no es raro dudar de la consistencia de la ufología. Pero 1947 fue también el año del incidente de Roswell, la supuesta caída de una nave extraterrestre tripulada en Nuevo México. Tras la II Guerra Mundial, coleaban los informes de aviadores que habían presenciado misteriosas apariciones de foo fighters, naves de origen desconocido y maniobras imposibles. El puchero social estaba caliente para que los platillos volantes, ya fueran acuñados por Arnold, Bequette o cualquier otro, cuajasen en un fenómeno imparable.

Desde 1947 hasta la última década del siglo, la ufomanía ha formado parte de la cultura popular y de sus manifestaciones en todos los rincones del mundo. Steven Spielberg no sería lo que es sin el mito ovni, y este no sería lo mismo sin ET o Encuentros en la tercera fase. Ni siquiera los Gobiernos han sabido resistirse, moviéndose incómodamente entre la negación pública y la investigación encubierta, sin que resulte obvio si el top secret ha ocultado un interés militar o un pudoroso miedo al ridículo.

La ciencia ha jugueteado con los ovnis desde el escepticismo, pero haciendo concesiones al sex-appeal. Ejemplo de esta dualidad fue el astrónomo y divulgador Carl Sagan, que concluyó así su estudio personal sobre el fenómeno: 'Los casos fiables no son interesantes, y los casos interesantes no son fiables'. Pero no han sido pocos los científicos que han flirteado con la idea de que 'la verdad está ahí fuera'.

El astrónomo descubridor de Plutón, Clyde Tombaugh, fue un fiel convencido que relató su propio avistamiento. El químico doblemente laureado con el Nobel, Linus Pauling, investigó la cuestión en secreto. El también Nobel Francis Crick, uno de los padres de la doble hélice de ADN, defendió que las semillas de la vida habían llegado a la Tierra en naves espaciales fletadas por seres extraterrestres. Fruto de la atracción de la ciencia académica por los alienígenas fue la paradoja de Fermi, en la que el físico nuclear italiano, también ganador del Nobel, planteó la discordancia entre la infinidad de civilizaciones que estadísticamente podrían existir en el universo y nuestra carencia de rastros de ellas.

Sagan fue impulsor clave de uno de los proyectos científicos más excitantes del siglo XX: SETI, siglas en inglés de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre. El actual portavoz del proyecto, el astrónomo Seth Shostak, conocido escéptico del fenómeno ovni, niega la relación entre el SETI y la ufomanía: 'Ninguno de los pioneros del SETI ha mencionado jamás los ovnis como un factor de motivación'. Pero muchos autores no dudan de que, en la época en que el SETI recibía fondos públicos, el clima social propiciado por el mito ovni invitaba a que los contribuyentes de EEUU donasen con gusto su granito de arena para apoyar un primer encuentro histórico de los humanos con sus no-semejantes.

Encuentro que nunca llegó. Con el cambio de siglo, el panorama es bien diferente, como demuestra la última edición del Simposio Internacional sobre Ovnis celebrado recientemente en Denver (EEUU). En el 40º aniversario de este congreso organizado por Mufon (Red Mutua Ovni), el mayor grupo de ufología de EEUU, el físico nuclear y especialista en ovnis Stanton Friedman alentaba a sus colegas: 'Tened coraje. En más de 700 conferencias sólo he tenido 11 alborotadores y dos de ellos estaban borrachos'. Stanton transmitía así el espíritu que inspiraba el lema del congreso: Amanecer de una nueva era en la investigación ovni.

En esa nueva era, ufólogos y aficionados aspiran a levantar un escenario hoy ruinoso. La autora británica Jenny Randles dibuja el panorama actual de la ufología: 'Los avistamientos de ovnis son menos numerosos que en muchos años. Los contactos directos han sido abducidos o se han desvanecido en algún universo paralelo. Muchos grupos y revistas de larga trayectoria luchan por sobrevivir, si no han abandonado ya [] Y hay un sentimiento general de letargo, si no de apatía, quizá el blues postmilenio causado por la constancia psicológica de que no ocurrió nada espectacular, ET no aterrizó y el mundo sigue su camino como siempre'.

El entusiasmo ha cedido al bostezo y la indiferencia, cuando no al descrédito y al ridículo. La reciente desclasificación de los archivos ovni del Gobierno británico contribuye más a lo último, con casos como el del anciano contactado que fue expulsado de la nave alienígena por ser, en boca de los visitantes, 'demasiado viejo y enfermo para nuestros propósitos', como en el casting de un Gran Hermano cósmico. El efecto dominó se manifiesta también en las ramificaciones de la antigua ufomanía; los caudales públicos para SETI se secaron en 1993.

Aunque, una vez más, el recalcitrante Shostak niega cualquier relación con el cansancio ovni: 'No fue por eso; fue gracias a un senador que buscaba una manera de mostrar a sus representados que les ahorraba dinero'. Lo que queda en pie de SETI se sostiene con donaciones privadas. Incluso una de las instalaciones rutilantes del proyecto, el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico retratado en la novela de Sagan llevada al cine, Contact, lucha contra la amenaza de cierre de quienes lo juzgan un mastodonte propio de otros tiempos.

No es de extrañar que la historiadora e investigadora de ovnis Wendy Connors, antigua supervisora de comunicaciones en la Fuerza Aérea de EEUU, hable en un artículo de la Muerte de la ufología. 'La ufología está en un estado de autonegacionismo', escribe. La era de Internet y de los móviles con cámara no ha traído la prueba visual definitiva que muchos creían inminente. Ricardo Campo, colaborador del Círculo Escéptico y de la Fundación Anomalía entidad que estudia el fenómeno ovni desde un enfoque crítico y científico, opina que es una ciencia abortada, que languideció antes de 'lograr el estatuto de ciencia oficial'.

Campo recopiló para Cuadernos de Ufología, publicación de la Fundación, una encuesta a casi una veintena de expertos. 'Se extiende el desencanto', concluye. 'Muchos ufólogos creyentes se han apartado de la hipótesis extraterrestre por la falta de pruebas contundentes, han evolucionado intelectualmente y hoy favorecen la hipótesis psicosocial, convirtiéndose en escépticos o críticos'.

¿No bastan los casos inexplicados para mantener el interés? 'Siempre habrá un remanente, pero no quiere decir que sean inexplicables, igual que siempre habrá casos de asesinato sin resolver y eso no atribuye su autoría al hombre lobo'. El núcleo duro que resiste es, para Campo, cosa de dos tipologías. Por un lado están los creyentes, 'los que lo toman como una creencia con tintes religiosos, incluso que fundan en ello un auténtico culto estilo New Age'. Por otro lado, los mercaderes interesados en perpetuar el misterio: 'Aquellos que hacen de ello su trabajo, porque siempre habrá mercado para ciertos periodistas, novelistas e investigadores con chalecos de muchos bolsillos'. Pero aún hay un resquicio para la ciencia, dice Campo, como muestra el ejemplo de la Fundación Anomalía.

Para el ser humano, concluye Campo, la atracción del misterio es perpetua, 'pero los ovnis ahora han sido reemplazados por el misterio histórico, de ahí el éxito de las novelas de Dan Brown'. Y no es previsible que nada cambie, como se desprende de la opinión del ufólogo Vicente-Juan Ballester Olmos en la encuesta de Campo: 'Lo que no ha ocurrido ya en estos 60 años no creo que vaya a ocurrir en lo sucesivo; el misterio de los ovnis ya está momificado y es labor para historiadores, antropólogos y sociólogos'. Shostak martilla el último clavo en el ataúd de la ufología con una comparación mordaz: 'Imagine preguntar a los nativos americanos, 60 años después de Colón, si pensaban que estaban siendo visitados por los españoles'.

El investigador principal del proyecto SETI, el escéptico Seth Shostak, no cree que el fenómeno ovni haya decaído: “Yo sigo recibiendo a diario correos y llamadas de gente interesada”. Pero no es el único que discrepa de la decadencia de los platillos volantes; el nuevo granero de la ufología está en Asia. Miyuki Hatoyama, esposa del primer ministro japonés, asegura haber experimentado una abducción y un viaje a Venus en una nave triangular. En China se han registrado avistamientos masivos de ovnis.

Según la Sociedad Nacional de Estudios Extraterrestres, financiada por el Gobierno chino, que sólo admite a científicos e ingenieros y que auspicia al mayor número de clubes de ufología del mundo en un sólo país, la mitad de la población china –más de 600 millones– cree en los ovnis. El ufólogo chino Sun Shili explicó al diario ruso ‘Pravda’ que esto se debe a que los extraterrestres han perdido interés por EEUU en favor del nuevo líder mundial. Shili afirma que muchos alienígenas ya viven camuflados entre los chinos.