Publicado: 06.11.2015 18:55 |Actualizado: 07.11.2015 07:00

El cine que hace existir a los excluidos del planeta

Naomi Kawase y Jacques Audiard hacen protagonistas de sus películas, ‘Una pastelería en Tokio’ y ‘Dheepan’, a las mujeres y hombres que siempre están en la sombra. Excluidos o inadaptados, las víctimas de los informativos son los héroes del cine de autor.

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Imagen de la película de Naomi Kawase, 'Una pastelería en Tokio'.

Imagen de la película de Naomi Kawase, 'Una pastelería en Tokio'.

MADRID.- Los excluidos, los inadaptados, los personajes que suelen estar en segundo plano “en la vida y en la ficción”, son los héroes del cine de autor de hoy. Dos grandes y muy singulares cineastas, la japonesa Naomi Kawase y el francés Jacques Audiard, hacen protagonistas de sus nuevas películas a estas mujeres y hombres que siempre están en la sombra.

Son trabajos, por cierto, merecidamente recompensados: ‘Una pastelería en Tokio’, por la que su autora ha ganado la Espiga a la Mejor Dirección en la Seminci, y ‘Dheepan’, con la que Audiard se alzó con la flamante Palma de Oro en Cannes.



'Una pastelería en Tokio'

Pocas veces se ve salir de una sala de cine, en una proyección matinal para la prensa, a los periodistas con los ojos húmedos. Y no es una anécdota, la experiencia se vivió en Cannes y se ha repetido ahora en las proyecciones en la Seminci. Llorar de emoción es una de las conquistas más excepcionales del cine. Sentaro, Tokue y Wakana, los personajes de ‘Una pastelería en Tokio’, conmueven al espectador con un relato que refleja con precisión la filosofía de su creadora: “Suelo pensar de forma negativa en la muerte y con alegría de la vida”.

“Intento interpretar lo invisible”, dice Kawase, la más joven de los ganadores de la Cámara de Oro en toda la historia de Cannes, una cineasta que con su obra celebra la vida y que con esta película lo hace de una manera especial. “En este mundo hay siempre gente que recibe poco, son los que están siempre fuera de foco, pero ellos también tienen una vida y tienen emociones. He querido poner el énfasis en estas personas, hacerles existir y poner de manifiesto que es maravilloso ese simple hecho de existir”, añade la directora sobre sus personajes.

Sentaro tiene una pequeñísima pastelería donde sirve dorayakis, un dulce tradicional en Japón (pasteles rellenos de pasta de judías rojas). Un día, Tokue, una anciana con las manos deformadas, le pide trabajo. A pesar de las reticencias del primero, el sabor de la pasta de judías que ella hace le convence. Son dos solitarios, marginados de la ‘normalidad’ por razones diferentes. A ellos se une Wakana, una joven estudiante que necesita atención.

“Con mis películas, pero con ésta de una manera más evidente, quiero decir que el mundo es bello, poner de manifiesto esa belleza y decir que hay esperanza”, sentencia Naomi Kawase, que ha construido buena parte de su filmografía sobre su propia autobiografía. “Esta película es, muy claramente, una mirada de mujer y de madre”.

'Dheepan'

Y si la cineasta japonesa apuesta por la vida en sus películas, Jacques Audiard es un tenaz rastreador de humanidad en su cine. En ‘Dheepan’ cuenta una historia de amor y de familia, pero sobre todo del ‘desconcierto de la inmigración’. Jesuthasan Antonythasan, un ex guerrillero tamil que escapó de la muerte en Sri Lanka y en Francia se convirtió en escritor, ahora es actor y el protagonista de esta historia, donde interpreta parte de su propia vida.

Un fotograma de la película dirigida por Jacques Audiard, 'Dheppan'.

Un ex guerrillero, una mujer y una niña que no se conocen se hacen pasar por una familia para huir de la guerra civil en Sri Lanka. En Francia, él comienza a trabajar en los suburbios, en un barrio dominado por bandas de traficantes de droga. Mientras los tres aprenden a quererse, mientras nace una historia de amor entre los dos adultos, la violencia de la calle devuelve a Dheepan el recuerdo de la ferocidad.

“El cine comercial ha abandonado la realidad, porque ya no la necesita, mientras que los demás seguimos usando el cine como una herramienta. Hasta la generación posterior a la mía, el cine era una garantía, lo que se decía en el cine era verdad, nos hemos educado con el cine.

Eso ya no es así”, sentencia Audiard, que explica que para él el cine es, entre otras cosas, “una manera de dar una identidad a algunas personas”.“Se trata de identificar a las personas sin rostro, las que parece que solo son una masa, sin pensamiento y sin alma”, añade, refiriéndose a su protagonista Dheepan, como símbolo hoy de los refugiados sirios que huyen de su guerra. “Con ‘Un profeta’ quería mostrar a los árabes

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