Opinión
Figaredo medio pensionista

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Se pueden decir muchas cosas de Vox y ninguna buena, pero hay que reconocer que en los últimos tiempos van siempre con la verdad por delante. De aquel bulo certificado sobre que un mena nos costaba 4.700 euros al mes, mientras que la pensión de una abuela va por los 421, las cosas han cambiado mucho. Tanto que se pusieron a imaginar qué habría ocurrido con la abuela si en lugar de una pobre anciana española de 87 años, Maricarmen hubiese sido un moro llamado, por tanto, Morocarmen. Fijo que el gobierno etarra-comunista-bolivariano le habría regalado un palacete en la Castellana o mejor, un chalet de lujo en Pinar del Rey, un casoplón de dos plantas semejante al de Abascal y, de ser posible, pared con pared, sólo por joderle cinco veces al día cuando Morocarmen sacara la esterilla y se arrodillase a orar hacia la Meca.
Puestos a ejecutar desahucios, la formación verde moco ha dado buen ejemplo fumigando a un montón de dirigentes históricos por una razón o por otra: José Ángel Antelo, Juan García-Gallardo, Rocío Monasterio, Iván Espinosa de los Monteros, Macarena Olona, Juan Luis Steegman, Ignacio Ansaldo, Carla Toscano, Javier Ortega Smith. Prácticamente todos ellos han acusado al líder supremo, Santiago y Cierra Vox, de haber moldeado un partido a su imagen y semejanza, una especie de secta religiosa dedicada casi en exclusiva a financiar su tren de vida y apuntalar su ego y su barba. Fue toda una sorpresa cuando descubrieron que un partido franquista bautizado con el mismo nombre de una revista nazi no sólo carecía de democracia interna, sino que en realidad ocultaba un chiringuito privado presidido por un líder autoritario. Quién iba a suponer que la prioridad nacional pasaba por silenciar a los disidentes y echarlos a la puta calle.
Al final, después de tanta ETA, tanto Ábalos, tanta tanqueta judicial, tanta Ceuta y tanta piñata, ha sido la vivienda la que ha acabado por romper una cuerda estirada hasta el límite y provocar la convocatoria prematura de elecciones. Aunque Antonio Naranjo, máxima lumbrera de Telemadrid, acaba de descubrir que la acampada en Sol se ha montado mayormente para financiar a ETA. Lo ha descubierto por telepatía, gracias a su enorme poder de adivinación mental. El caso es que los jóvenes no se conforman con vivir siete u ocho hacinados en un zulo de 20 m2 y cuestionan que los alquileres no se regulen acorde con sus sueldos de chiste, en vez de regularse por la mano invisible del libre mercado. Esa mano invisible que lo mismo te hace un tacto rectal que una colonoscopia sin permiso. Sí, la gente es muy comodona y quiere llegar a fin de mes sin practicar la última semana el ayuno involuntario y, no sólo eso, sino que pretenden que la hucha de las pensiones sirva para pagar las pensiones. Como si no supieran que el estado del bienestar es exclusivamente para millonarios.
Con lo de las pensiones, no obstante, hay que andarse con mucho cuidado, porque Feijóo, hace poco más de tres años, se puso a discutir con Silvia Intxaurrondo el tema de la revalorización conforme al IPC y se enteró en vivo y en directo que el PP no había revalorizado nada. Primero protestó, luego exigió una rectificación y al final se tragó sus palabras con patatas. Tal vez por eso mismo, Figaredo ya ha advertido a sus votantes que en Vox están a favor de una reforma drástica del sistema público de pensiones, abogando por un modelo mixto en que en el Estado se haga cargo de una parte mientras el resto corra por cuenta del pensionista, quien deberá haber ahorrado lo suficiente en previsión de su vejez o atenerse a las consecuencias, más bien lamentables. En Estados Unidos, sin ir más lejos, ya hay un 7% de jubilados que han tenido que ponerse a repartir paquetes, atender cajas de supermercados o cuidar mascotas para no morirse de hambre. El american way of life en todo su esplendor geriátrico.
Aunque trumpista hasta la médula, Figaredo ha tenido el buen ojo de colocar de modelo para su propuesta de pensión privada a los países nórdicos, una comparación un tanto trilera cuando uno cae en la cuenta de que en España el sueldo mínimo no llega a los 1.500 euros mientras que en Suecia o Dinamarca los convenios colectivos y sindicatos establecen una remuneración mínima efectiva de 2.200 para los suecos y de 3.000 para los daneses. En cualquier caso, el votante fachapobre ya está avisado de la que se le viene encima, aunque tampoco le importará mucho, ya que en caso de no llegar a fin de mes siempre puede comerse la bandera. Tampoco es la primera verdad del barquero que suelta el portavoz de Vox, quien en plena crisis migratoria en Ceuta alentaba a cazar a los inmigrantes uno por uno, pam, pam, pam. Entre decir que el sistema de pensiones actual es un zombi y llamar a cazar inmigrantes como si fuesen zombis, lo mismo Figaredo se ha hecho un lío. Para sistema de pensiones mixto, ahí está la Fundación Disenso, cuyo capital de aproximadamente 13 millones de euros proviene mayormente de fondos públicos. Quién podía sospechar que la prioridad nacional era esto.
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