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El falso sueño europeo

La sala Cuarta Pared estrena 'Líbrate de las cosas hermosas que te deseo', un texto sobre la esperanza (o la falta de ella)

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Un instante de la representación en la sala Cuarta Pared.- A. A-D.

MADRID.- Dejarlo todo e irte a vivir a África. Escapar de esa rueda para hámsteres que nunca se detiene y que quién sabe cuánto tiempo lleva girando. Buscar allí tus raíces. Alejarte tanto como tus piernas te lo permitan de ese instante horrible que todos hemos padecido, en mayor o menor medida, cuando sentimos que hemos fracasado en casi todos los aspectos de la vida. “Fracasar en las expectativas laborales, fracasar emocionalmente en lo que pensaba que era tener una pareja estable, fracasar como sociedad…”, enumera María Velasco, dramaturga, la lista de frustraciones que uno puede llevar dentro de la mochila.

Es la autora de Líbrate de las cosas hermosas que te deseo, un texto que habla de ella misma y que la compañía La Cantera representa desde hoy y hasta el 14 de marzo en la sala Cuarta Pared de Madrid. “La obra forma parte de un ciclo de la sala llamado Espacio de Teatro Contemporáneo donde dan cabida a nuevas dramaturgias y escritores emergentes. Tenía que escribirse sobre un lema: 'Lo personal es político'. Querían que contásemos historias personales que tuvieran algo que ver con la crisis de España y lo que estuviéramos viviendo”, explica Velasco.

M (Marta Cuenca), una treintañera de Burgos, igual que su creadora posee un brillante historial académico. Sus expectativas de encontrar un empleo digno deberían ser brillantes pero está en paro. Su situación la ha hecho reflexionar, se siente agobiada por la sociedad de consumo europea y las altas expectativas que todos tienen en ella. Necesita huir. En España no encuentra su lugar, por eso, ante la posibilidad de un trabajo de recepcionista en un hotel decide cruzar el estrecho e instalarse en Marruecos. Lejos de encontrar apoyo entre los suyos, intentan que abandone la idea.

El plan es, explicado de manera simbólica, coger una patera e irse en dirección contraria. “Citando a Juan Goytisolo: igual que a veces la necesidad material lleva a coger la barcaza en dirección a España; a veces son las neurosis creadas por el primer mundo y la ansiedad del consumo lo que nos lleva a querer recorrer el camino inverso. A buscar la autenticidad”.

Aunque la decisión es firme, su culminación no va más allá de su propio imaginario. “Es por esa cosa tan española que tenemos de soñar y soñar, pero luego entramos en un bar, nos tomamos una caña y se nos olvida”, asegura la dramaturga. A diferencia de su personaje, Velasco sí ha viajado al continente vecino en múltiples ocasiones. Para ella Marruecos es ese lugar al que acude cuando tiene que evadirse. Parecido a la cabaña en mitad del bosque a la que va a perderse el escritor que quiere centrarse en su próxima novela.

“Hacía esos viajes para encontrarme”, asegura. Aunque igual que le ocurre a la protagonista, descubre que no hay que irse tan lejos para adquirir conocimiento sobre uno mismo. En medio de este proceso de autoconocimiento se topa con un senegalés recién llegado que se convertirá en su pareja. Este choque cultural es uno de los ejes centrales de la obra. Las diferencias entre ellos son tales, que en un momento de la obra la protagonista llega incluso a decir: “A veces creo que eres más blanco que yo”.

La función carece de principio, nudo y desenlace, , algo habitual en el estilo de Velasco. “Podría decirse que es un monólogo y el resto de personajes son sus diferentes perspectivas”. Apoyado con proyecciones, música en directo y ordenadores portátiles sobre los que se proyectan imágenes la actriz va haciendo un paralelismo entre la relación con su novio y con su padre. Poco a poco comienza comprender a su progenitor, las decisiones que tomó en la vida y su forma de actuar.

La función pretende poner sobre la mesa los valores occidentales. Aquellos por los que casi todos los días cientos de africanos cruzan el estrecho y otras aguas jugándose la vida. Una sociedad materialista en la que por mucho que se tenga nunca se está satisfecho. “En nuestro continente se ha tendido a un derroche económico muy irresponsable. Ha sido causa de muchas desgracias en países del tercer mundo y ahora en algunos lugares de Europa”, explica Marta Cuenca.