Publicado: 24.09.2015 19:49 |Actualizado: 25.09.2015 07:00

Iván Ferreiro y su disco más agridulce

El músico cuenta cómo ha vivido este año de parón desde su tierra, Galicia, y cómo han influido las complejas vivencias personales que ha tenido en este nuevo trabajo.

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Iván Ferreiro tocando en Manzana Mahou 330.

Iván Ferreiro tocando en Manzana Mahou 330.

MADRID.- Iván Ferreiro lleva un año fuera de los escenarios, reflexionando, componiendo. Después de la gira de Val-Miñor Madrid. Historia y cronología del mundo apenas se ha sabido de él, más allá de conciertos puntuales como los que ha tenido este miércoles en Manzana Mahou 330, y su despedida llegó sin previo aviso.

Desde su casa, en el pueblo gallego de Gondomar, está creando un nuevo disco que seguramente salga a la luz en 2016. Un proyecto agridulce y que refleja el complejo momento personal que está viviendo el compositor. "Lo que sí hay es un final feliz en todas las canciones", asegura.



P: ¿Qué momento musical y personal estás viviendo?

Estoy viviendo un periodo de entrediscos. Es un momento raro, pero plácido también. Llevábamos de gira y componiendo desde hacía mogollón, desde que sacamos Canciones para el tiempo y la distancia. Hacía diez años que no estábamos en casa, por lo que nos sentimos contentos de poder volver a nuestro hogar y componer.

P: Cuando hiciste este parón dijiste que fue para "no aburrir al público". ¿Crees que tus seguidores han entendido este año fuera de los escenarios?

No les vimos aburrirse, pero pensamos que antes de que pudieran hacerlo era mejor parar. Llegó un momento en el que todo el mundo podía vernos. Quiero decir, nosotros somos muy fáciles de ver porque en cuanto estamos de gira, en menos de un mes vamos a pasar a 100 kilómetros de tu casa. Hacemos de todo, desde actuar en recintos grandes hasta en bares en los que caben 40 personas.

Decidimos parar por cuestiones musicales y personales, queríamos saber cómo era componer un disco sin estar en la carretera. Además pensamos: Joder a nosotros nos encanta esto, nos encanta tocar, pero a la vez no queremos dar la chapa de más. Llegó un momento en el que estábamos empezando una gira y terminando otra en la misma semana y eso no podía ser.

Iván Ferreiro. Archivo

P: ¿No te has subido por las paredes este tiempo?

No. No sabía que estaba tan cansado hasta que paré, fue entonces cuando descubrí lo cansado que estaba. Mientras estás de gira, como sabes que en dos días tienes que estar otra vez en carretera, tampoco te permites estar agotado.

Había un instante antes de salir a tocar en el que pensaba que me apetecía estar en casa, y eso que me encanta subirme al escenario. Poco a poco ese instante se fue haciendo más largo y antes de cansarnos de esto, pensamos que era mejor parar.

P: ¿Pensaste en esos instantes que no querías tocar más?

Qué va, para nada. No era el hecho de tocar, sino que nos agotaba un poco pensar que teníamos que estar esperando en el aeropuerto, recogiendo el equipo con las guitarras, movernos a otro lado… ahí pensaba: Joder me apetece estar en mi casa.

El parón ha sido un experimento también a nivel vital. Los tres primeros meses que he estado en Galicia, en mi casa, ha sido rarísimo. Llegaban los viernes y me volvía loco, en especial cuando veía la oferta televisiva. En cambio, ahora he llegado un punto en el que estaba tan a gusto en mi casa que hasta me ha costado venir a Madrid a tocar. 

P: Has dicho estar en un periodo de "entrediscos", ¿qué estas componiendo ahora?

Siempre que hacemos un disco lo hacemos sobre alguna premisa, algo etéreo que no es fácil de definir. Es algo que nos contamos Amaro (su hermano) y yo y que vamos definiendo poco a poco. Partiendo de una idea mía, vamos concretando hasta conseguir las canciones que buscamos. Además, no somos tan buenos; quiero decir, nosotros llegamos, tenemos una melodía y hacemos la canción que podemos. Luego cogemos y metemos una palabra donde nos cabe. Digamos que hay un trabajo de oficio que se podría asemejar bastante al de los editores.

P: ¿Habrá un nuevo disco de Iván Ferreiro en 2016?

Aún no sé qué disco estoy haciendo, pero creo que va bastante bien. De momento tenemos unas 10 canciones y no se parece nada la una a la otra. Es cierto que hay un hilo conductor en los textos, pero todavía no sé qué puede salir.

P: ¿El piano va a seguir siendo una extremidad más de tu cuerpo en el nuevo disco?

Sí, sí, hay piano. Muchas veces grabo el piano por encima y nos damos cuenta de que el piano sobra porque todos tocan mucho mejor que yo (dice entre risas). Ahora que estamos grabando vemos que el piano nos sobra y eso es precisamente lo que estamos intentando encajar. Es cierto que yo toco de una manera muy simple, pero intento mejorar ensayando cada día un poco. 

P: ¿Seguirá esa línea optimista del disco anterior?

No ha sido un año muy alegre para mí porque ha habido cambios y algunos problemas familiares.

Lo que sí hay es un final feliz en todas las canciones. Mantenemos eso de alguna manera porque estamos tratando de jugar con las dos cosas. Tampoco hay que compararlo con el disco anterior porque si hay algo de alegría será una alegría diferente. Mientras en Val-Miñor las canciones tristes eran claramente tristes y las alegres eran claramente alegres, aquí jugamos con la mezcla. Empiezas escuchando una canción que parece triste y resulta que luego es alegre. Incluso aquellas canciones que acaban mal, tienen cierto toque de humor.

P: ¿Tiene que ver esa dualidad con el contexto que estamos viviendo, de crisis pero a la vez de cierto optimismo?

No, nosotros no vamos por esa línea. Más bien el disco gira en torno a lo que significa estar en nuestro hogar, donde también ocurren cosas insólitas y maravillosas. Hemos descubierto un mundo cotidiano que está lleno de magia. 

Hay veces que estoy en casa súper contento pero de repente me pongo triste. Eso me pasa también cuando estoy de gira, pero lo vivo de otra manera y las canciones que compongo son diferentes. Mientras que de gira surgen canciones en movimiento, en mi casa lo que surge son canciones también en movimiento, pero en mi cabeza.

P: ¿Ha influido en esa falta de alegría el fallecimiento de Javier Fernández, batería de Los Piratas?

Es una pena que nos dejara aquí. Fue un mal día, pero afortunadamente ya ha pasado todo. Trato de llevarlo bien pero fue difícil, hay que seguir hacia delante.

P: ¿Cómo ha sido poner música a las letras de César Pérez Gellida?

Por un lado hay letras que escribimos junto al propio César y después hay otros poemas en el libro donde nosotros solo hemos hecho la música. Cuando me propuso si quería participar, le dije que se viniera a mi casa. César, por ejemplo, aunque como novelista es brillante, no había compuesto nunca una canción. Le dijimos que era muy fácil y al final acabamos con tres canciones.

Si soy capaz de hacer canciones sobre cosas que siento, también puedo hacerlas sobre lo que leo

En mis discos puedo hablar de lo que me da la gana. Me he leído sus novelas y pensé: Si soy capaz de hacer canciones sobre cosas que siento, también puedo hacerlas sobre lo que leo. Es un juego bonito porque parece que hablo de cosas mías en una canción y en realidad lo que estoy haciendo es describir a un asesino en serie. Componer con gente alrededor siempre es positivo, de hecho Val-Miñor es un disco donde han participado muchos músicos. Intento hacer las mejores canciones posibles y por eso cuento con personas con mucho talento para que me echen una mano.

P: Ahora que has parado, ¿cómo ves el panorama cultural español?

Con esto voy a quedar fatal, pero ha llegado un punto en el que me da por el culo. Cuando estoy en casa, prefiero ver una película para no ver el telediario. No es que esté indignado, eso ya se me pasó.

Cuando estoy en casa, prefiero ver una película para no ver el telediario.

Si me preguntas por la cultura te diré que, al menos en el pueblo de Gondomar donde vivo, la única oferta cultural es la banda de los vecinos. Es un pueblo bastante cultural, donde toqué con Los Piratas, pero nadie apuesta traer cosas. En Galicia creo que se llevan más las bandas musicales y la muñeira porque son las típicas cosas que la gente mantiene a base de cariño y de echarle horas.

P: ¿Entonces crees que no hay suficiente oferta cultural?

Otro tipo de cultura no entra y no es que la gente no esté dispuesta… es complicado de explicar. Lo único que sé es que no hay oferta cultural suficiente y que hay gente que está esperando a que el Estado le arregle todo. No sé para qué queréis que proteste, si para decir que el Estado no invierte todo lo que debería en cultura o para señalar que hay demasiadas personas esperando a ver si alguien les suelta (hace un gesto con la mano simulando el dinero).

P: Pero, ¿estás en contra de las subvenciones?

No. Es solo que en Galicia estoy viendo un mundo de las subvenciones que no conocía. No hablo del cine ni de la música. No he pedido nunca una ayuda ni vivimos de eso. No me parece mal que se las den a la gente joven que esta empezando.

Me encantaría que tuviéramos un Estado que invirtiera y que dijera: Ah, que en España te va bien pues toma dinero, un préstamo que me lo devolverás cuando puedas, y a ver qué tal en México. Prefiero eso a tener que explicarle a un banquero todo esto. Hablo de negocios, como si un empresario que tiene un astillero y construye barcos, quiere ir a México. 

P: ¿Y cuál sería la solución?

No tengo ni idea de cuál sería la solución, ni si quiera sé si el Estado tiene que protegerme a mí solo por hacer cultura. Sinceramente, no creo que el Estado tenga que protegerme ni que tenga que salvarme pero, por ejemplo, la pintura o las orquesta sinfónica sí hay que mantenerlas. Si eres un artista pop es el público el que decide si eres válido o no el que te da la oportunidad de irte o no a México.

Resumiendo, que si me preguntas por el mundo: me da igual (dice entre risas). Soy la última persona que debería opinar sobre estos temas y me gustaría que esto lo metieras en la entrevista, porque creo que a los que tienes que preguntar es a los managers y promotores que controlan esta industria. Además, nosotros no queremos ser cultura, sino un artículo de lujo. Ojalá nuestro disco valiese 200 euros o un millón (concluye entre risas).