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Izal "Sabemos lo que nos funciona y lo hacemos"

¿Presión? “Estar con un bombo en la rodillas durante cinco horas de viaje a Galicia para tocar en un karaoke, eso sí es duro”. La banda madrileña presenta 'Autoterapia', un álbum de resaca emocional en el que relativizan los sinsabores del éxito.

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La banda madrileña Izal.- JESÚS ROMERO

Cuenta Mikel Izal que él no compone discos, sino canciones. Vaya por delante la aclaración por si algún despistado pensaba que los Izal se habían marcado a estas alturas un álbum conceptual. No es el caso. En Autoterapia no esperen narraciones deliberadas. Tampoco temáticas transversales. Las cosas surgen como surgen. “Me di cuenta a posteriori que estaba haciendo un balance o una búsqueda”, apunta pensativo Mikel, líder de la banda. Una toma de posiciones que, tras el éxito cosechado con sus anteriores trabajos, se antojaba necesaria, saludable si me apuran. “Es importante identificar y saber combatir los peligros del éxito”, añade algo críptico.

Mikel Izal: “Es importante identificar y saber combatir los peligros del éxito”

Digamos que Autoterapia es lo que emerge tras ese batiburrillo de conciertos, giras, algún que otro sinsabor sentimental —“una relación me dejó huella”, apunta Mikel— y lo más importante: la fidelidad a una fórmula que, como se ha demostrado, les funciona. “No pretendíamos ningún experimento extraño, queríamos seguir siendo nosotros mismos porque es lo que buscan nuestros seguidores”, confiesa con franqueza Alejandro Jordá, batería de la banda. ¿Presión? Muy poca o ninguna. Máxime cuando minimizas riesgos. “¿Para qué complicarnos? Sabemos lo que nos funciona y lo hacemos, hay gente que quiere escucharnos, la presión la teníamos al principio, cuando no había nadie al otro lado”, zanja Alejandro.

Para Mikel, menos pragmático que su compañero a los tambores, el secreto pasa por intentar relativizar lo ocurrido. “Yo veo peligros hasta donde no los hay y no puedo evitar darle demasiadas vueltas a las cosas”, concede el letrista, para —acto seguido— desquitarse un tanto afectado: “Tú eres el mismo que hace cinco años, solo que has sido bendecido por la suerte de poder dedicarte a lo que más te gusta. En ese sentido, me siento muy afortunado porque soy capaz de vivir todo esto con cierta distancia, algo que me aporta estabilidad mental y me mantiene con los pies en el suelo”.

Alejandro Jordá: "La presión la teníamos al principio, cuando no había nadie al otro lado"

Pero, ¿qué es todo esto?, ¿a qué se refieren los Izal cuando hablan de lo ocurrido? Dos pistas para entender el fenómeno. Primera, 17.000 personas en el WinZik Center de Madrid coreando sus tonadas. Segunda, El Pozo —adelanto de su último lanzamiento— codeándose con los triunfitos en plena fiebre OT y a años luz de su aparataje promocional. De eso hablamos. Así, cuando el día se les tuerce, los Izal echan mano de tiempos pretéritos: “Estar con un bombo en la rodillas durante cinco horas de viaje a Galicia para tocar en un karaoke, eso sí es duro”, confiesa Mikel. “Es un álbum de fotos recurrente que nos hace poner las cosas en su sitio”, añade Alejandro.

Siete años han pasado desde que empezaran su andadura en un garaje de Sainz de Baranda con sus respectivos bolos de fin de semana. Una trayectoria que, si bien comenzó errática —“nos movíamos mucho pero apenas avanzábamos”, comenta Mikel—, supo tejer poco a poco una red de entusiastas que se fue multiplicando con el Sonorama como punto de inflexión. La fórmula del éxito, más allá de un recetario melódico heredado —con mayor o menor acierto— de bandas foráneas como Two Door Cinema Club, Foals o Mumford & Sons y autóctonas como Vetusta Morla o Standstill, es una cuestión de proximidad. “Escribo mucho más sobre vulgaridades que sobre cosas extraordinarias. Lo extraordinario no es global, no es algo con lo que la gente se identifique, lo que realmente te deja un poso es aquello que te ocurre con tu mejor amigo, y no un aforo completo en el Palacio de los Deportes”.

Mikel Izal: "Escribo mucho más sobre vulgaridades que sobre cosas extraordinarias"

Y es ahí donde quiere seguir incidiendo Mikel con sus letras; a la caza del hombre de a pie. “Comparto lo que hago con el resto de seres humanos que trabajan en oficinas o en bares. Comparto mis miedos, inseguridades, amores y desamores, victorias y derrotas… No es algo que intente a propósito, sino que me sale hablar de emociones comunes a todos a pesar de llevar una vida poco común”. Una vida sometida a los vaivenes del reconocimiento y a las veleidades de una fama que —aun incipiente— ya les está cosechando algún que otro disgusto. “Es una lucha diaria el intentar discernir cuándo estás siendo un desagradecido y cuándo estás intentando salvaguardar tu intimidad”, apunta Mikel.

En esa tensión entre una teoría bien aprendida basada en la proximidad y una práctica que tiende a lo desmesurado se hallan los Izal de Autoterapia. ¿No será esto una encrucijada? “No tiene por qué, creo que podemos seguir siendo agradecidos con nuestros seguidores aunque estemos en un estadio diferente”, incide Alejandro. “Las redes sociales han terminado por cargarse al mito —profundiza Mikel—, su secreto estaba en la inaccesibilidad, ahí es donde se forjaban. Necesitamos mitos, necesitamos leyendas”.