Publicado: 10.04.2015 17:38 |Actualizado: 11.04.2015 09:35

ENTREVISTA | KARIM MISKÉ

"El laicismo es mentira"

Neofundamentalismo religioso, tráfico de drogas y un crimen brutal son los ingredientes de 'Arab Jazz', primera novela del director de cine y guionista Karim Miské

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karim miske

El escritor francés de origen mauritano Karim Miské.- ANTOINE ROZES

MADRID.- El cineasta francés de origen mauritano Karim Miské (Abiyán, 1964) sitúa a los protagonistas de su debut literario, Arab Jazz (Adriana Hidalgo Editora), en el parisino y tristemente célebre distrito 19. Un vecindario multicultural del extrarradio de la capital francesa en el que cohabitan magrebíes, judíos, subsaharianos y asiáticos, y en el que, curiosamente, se criaron los responsables de la masacre del Charlie Hebdo.

Cabe decir, antes de que se ensañen con el escritor al grito de oportunista, que el libro se publicó antes del dramático suceso. “Cuando supe de lo ocurrido, cuando me enteré de dónde venían los asesinos, tuve un sentimiento estremecedor por esa mezcla entre ficción y realidad. Como si la realidad me hubiese atrapado mientras jugaba con la ficción”.

En dicho escenario, Miské teje un relato negro plagado de localismos propios de una comunidad que vive en un extraño limbo pacífico, fruto de numerosas tensiones que se solapan constantemente. La narración arranca con el asesinato de una joven azafata de Air France, un crimen brutal que conmociona a su vecino Ahmed, tipo retraído y sociópata que vive recluido en su apartamento leyendo compulsivamente novela negra y que, fruto de su admiración por ella, decide salir de su agujero y hacer algo por esclarecer lo ocurrido. “Para él, la lectura es una manera de no estar solo, le permite vivir cosas terribles y tomar distancia, ver la violencia desde una perspectiva literaria y evadirse de la realidad”.




Junto al investigador espontáneo, la novela cuenta con una pareja de tenientes de policía, Jean Hamelot y Rachel Kupferstein, ambos frente a su primer gran caso y ambos muy alejados de ese perfil clásico de policía de crónica negra. Estamos más bien ante dos letraheridos que buscan desentrañar no solo un crimen sino la razón última que lo explique todo. Fanatismo, tráfico de drogas, violencia, marginación… son sólo algunas de las ramificaciones del caso a las que Ahmed, Hamelot y Kupferstein tendrán que hacer frente.

“No podemos seguir hablando de integración, estamos en la cuarta generación, ya no tiene sentido”


Con todo, es la religión, y más concretamente el neofundamentalismo, lo que condiciona y vehicula la trama del libro. Conocedor de este mundo por su labor como documentalista, en especial por uno de sus últimos trabajos, Born Again, en el que pasó varios meses entrevistando a adeptos y procurando entender sus motivos, Miské apunta algunas claves para entender el fanatismo religioso. “Creo que más que una realidad religiosa, lo que hacen es abrazar un dogma porque es ahí donde encuentran una identidad clara y una forma de no gustar, una libertad para disgustar, pues la libertad que les queda es una libertad para disgustar a una mayoría que entienden opresiva”.

El autor pone el foco en el laicismo para evidenciar el fracaso de la integración en Francia. “Sigue habiendo cierta ambigüedad al respecto, el laicismo es una mentira, nuestro laicismo es un laicismo bastante cristiano, por ejemplo, los festivos en Francia son, por lo general, celebraciones cristianas y cada vez que una comisión sobre laicidad propone que se escoja un día festivo musulmán o judío no se puede llevar a cabo por la oposición de la iglesia”. Por cierto, un concepto, el de la integración, que Miské no duda en enmendar: “No podemos seguir hablando de integración, estamos en la cuarta generación, ya no tiene sentido”.

A la pregunta de si cree que el género policíaco es el idóneo para reflejar la realidad de un extrarradio conflictivo y multiétnico, Miské lo tiene claro: “En el origen de este género ya encontramos la idea de tener un conocimiento político de la ciudad, mirar a la ciudad desde otra perspectiva y señalar sus contradicciones. Quizá por ello, no sorprende que uno de los padres del género [Dashiell Hammett] fuera comunista, porque el marxismo trata de analizar las relaciones de fuerza y, en cierta forma, este género trata de deshacer unas mentiras que muchas veces son ideológicas, por eso considero que es un buen género para dinamitar la farsa”.