Publicado: 20.08.2016 21:32 |Actualizado: 21.08.2016 13:01

De cómo la letra pequeña de las hipotecas limita tu vida

Silvia Herrera es una de las afectadas por el IRPH, el segundo índice hipotecario más utilizado en nuestro país, después del euríbor. Su aplicación afecta a más de 1.300.000 familias. En su caso, la hipoteca aumentó de 900 a casi 1.500 euros al mes.

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“Nos aseguraron que el IRPH estaba pensado para personas que no querían sorpresas en su hipoteca”, relata Silvia.

BARCELONA.— Silvia toma aire para narrar el comienzo de todo. Es el año 2005. Ahí, confiesa, empezó su “odisea”. Esa sobre la que, según ella, parte de la sociedad pasa de puntillas, pero que ignora las tremendas consecuencias de una estafa cuando aparecen piedras por el camino. En su recuerdo se traslada al momento en el que ella y su marido esperaban al notario. Estaban nerviosos. Por fin, tendrían un hogar que compartir junto a su hijo, Adrià, de seis años. Pero también se sentían seguros.

Les confirmaron que la hipoteca cumplía con lo que ellos pedían: no pagar más de 900 euros al mes. Silvia trabajaba en un almacén. Su marido, Alfonso, como carpintero. Aún así, hacía falta un aval: sus padres, con su pisito de 60 metros cuadrados, de VPO, por un porcentaje y un tiempo limitado.



El notario llegó y entre los papeles se coló una palabra extraña. El padre de Silvia preguntó de qué se trataba. Era el IRPH. “El notario nos repitió hasta la saciedad que el IRPH era un índice más estable que el euríbor, que la cuota siempre sería la misma, que fluctuaba menos”, detalla Silvia. Poco más le explicaron.

No les advirtieron que, en realidad, sería un índice menos estable. Y mucho menos, le detallaron de dónde surgía. Tampoco, que había tres tipos diferentes. “Nos aseguraron que el IRPH estaba pensado para personas que no querían sorpresas en su hipoteca”. Silvia, su esposo y los padres de ella confiaron en la palabra del notario. Firmaron. Y así, empezó la historia que nunca hubiesen querido vivir.

La hipoteca “sin sorpresa”

La pareja se trasladó a su nuevo hogar, pero la “sorpresa” sólo tardó un año en llegar: la hipoteca subió 200 euros al mes. Al año siguiente, otros 200 euros más… y así, hasta alcanzar los 1485 euros al mes. Silvia y su marido se vieron acorralados. Las cuentas no salían. Recortaron en todos los gastos que pudieron. Entre ellos, el comedor escolar de su hijo. “Su abuela iba al colegio a por él, porque nosotros nos matábamos por trabajar… Hacíamos hasta 18 horas diarias”.

¿De dónde salían esas subidas si les aseguraron que era un índice más estable? El IRPH surge de calcular la media de los préstamos, que tengan más de tres años, concedidos por las entidades bancarias. Ese es uno de sus mayores agravantes y lo hace muy manipulable. Hasta octubre de 2013 existieron tres tipos diferentes: el IRPH de bancos, el de cajas y el de entidades, que era una media de los dos anteriores. Y entre tanta cifra y desconcierto, llegó la crisis.

Un niño sin fiestas de cumpleaños

En 2009, después de seis años como trabajadora en un almacén, Silvia es una de las afectadas por el ERE de su empresa. Es despedida junto a sus 135 compañeros. “Salíamos nosotros por un lado y, por la otra puerta, entraban los nuevos, que venían formados de Francia. Estuvimos un mes sin producción sabiendo que nos íbamos a la calle. En la empresa de mi marido bajó la demanda y, en 2010, dejaron de pagarle. Y en ese mismo año tuve un accidente de moto y salí despedida por los aires… Ya no nos podía ocurrir nada más”. A Silvia le cuesta relatarlo. Estuvo cuatro meses con yeso, con el brazo roto por dos sitios, un mes con una férula y cuatro meses de rehabilitación. La cuota de la hipoteca era muy elevada para ellos en esas condiciones y, en su estado, no podía buscar trabajo.

"Mis padres han comprado ropa para mi hijo, lo han recogido del colegio, lo han cuidado, le dieron de comer… Lo básico nos lo daban ellos”

La prestación por desempleo se agotaba. Por la noche, Silvia no podía asumir tanta angustia. Desencadenó el síndrome de piernas inquietas, llamada enfermedad de Willis-Ekbom, y empezó a tomar ansiolíticos. “Estaba encerrada, entre la espada y la pared. Cada día me levantaba y acostaba con la pregunta de qué hacer”, reconoce. Tan sólo le aliviaba ver el rostro de su hijo, la parte más indefensa de esa historia. Dice Silvia que el pequeño creció con la certeza de no poder pedir nada en casa. Nada de excursiones y apenas cumpleaños: “Sus amigos lo invitaban en la puerta del colegio, pero él no podía ir porque no les podía regalar nada. Poco a poco empezó a sentirse marginado, hasta que dejaron de invitarlo”.

Había que arreglar la situación como fuese. Esperanzada, Silvia llamó a su banco para explicar la situación. “No podíamos abonar esa cantidad. Les comenté que podía pagar 400 euros cada mes. Su respuesta fue que no, que lo mínimo serían 900 euros, que correspondían a intereses, y que me buscase la vida. Lo hicimos un año. Como era una carencia, al año siguiente volvió a subir la cuota. Si quieres carencia es lo que tiene… No es ningún favor”. Por entonces, la UE instó al Gobierno español a retirar los índices IRPH por su grado de manipulación. El PSOE marcó un régimen transitorio de un año y advirtieron que los IRPH desaparecerían. Para Silvia estaba más cerca el “fin de la pesadilla… Todo era cuestión de tiempo”.

Cuando el IRPH condiciona el agua, la luz o la comida

Su marido empezó a cobrar de nuevo. Ese dinero iba directo a la hipoteca, más elevada tras el periodo de carencia. Ella sólo estaba con sus 500 euros de paro y con eso, debían cubrir todas sus necesidades más básicas. Su recurso, siempre, fueron sus padres. “No hacía falta pedirles nada. Ellos veían nuestra cara. Han hecho todo por nosotros. Nunca hemos dejado de pagar ningún mes. No debo ni una cuota. Mis padres han comprado ropa para mi hijo, lo han recogido del colegio, lo han cuidado, le dieron de comer… Y con 500 euros no hay para agua, luz, gas, comida… Lo básico nos lo daban ellos”, sentencia, mientras revive la impotencia de aquellos días.

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En diciembre de 2011, Silvia se dio de alta por el accidente. Encontró pronto un trabajo de limpieza, en la casa de una familia. A los diez días, una amiga le ofreció otro empleo como limpiadora en una farmacéutica... Ella vio el cielo abierto. Y su padre mostró la mayor de las sonrisas de alivio.

El Partido Popular ganó las elecciones, y marca otro año y medio de transición para el IRPH. La familia aguanta con paciencia y el deseo de que, esta vez, sí fuese la definitiva. Mientras, a pesar de la leve mejoría laboral, aún dependen de la ayuda de sus padres. Silvia recuerda a su padre, pensativo en el sofá… “Le habían engañado a él, al sindicalista… que lo había sido toda su vida. Nos enteramos de que su aval fue por el importe total y hasta final del vencimiento: 35 años”, explica con indignación. Es entonces cuando, además, detectan a su padre un cáncer. “Es lo peor. Yo he visto la preocupación en la cara de mi padre, estando enfermo, sin saber qué iba a pasar al final con nosotros, y con su casa como aval. Eso no se lo voy a perdonar a nadie en la vida”, sentencia su hija.

Preparar la demanda

La espera duró hasta el año 2013. “Para nuestra sorpresa, el día que desaparecen los IRPH, eliminan el IRPH cajas y el IRPH bancos. Pero queda vigente el IRPH entidades, que es el que tenemos como sustituto en las escrituras. Aparece en la Ley de Apoyo a los Emprendedores, en la disposición 15. A día de hoy todavía sigo sin explicarme qué tiene que ver la velocidad con el tocino…”, comenta, con sarcasmo.

Silvia recibió la indemnización por su accidente. La pareja ve en ese dinero su oportunidad para luchar frente al Goliat de la banca. Se informa. Contacta con grupos de trabajo y de afectados en Twitter y Facebook. Acude a un bufete de abogados con ese dinero extra y demandan a la entidad UCI, propiedad del grupo Santander.

"Yo he visto la preocupación en la cara de mi padre, estando enfermo, sin saber qué iba a pasar al final con nosotros, y con su casa como aval. Eso no se lo voy a perdonar a nadie en la vida"

En este tiempo descubren otro de esos “detalles” de la letra pequeña de su escritura: las titulaciones. En una cláusula se habla de la cesión del crédito a un fondo, sin tener que notificarlo. “Esto quiere decir que mi hipoteca fue vendida a un fondo de inversores a los seis meses de contratarla”, relata Silvia. “Por lo tanto, mi hipoteca no es de UCI. Es de un fondo de inversión con 3000 hipotecas más, donde cada uno de los inversores participa por un porcentaje de cada una de ellas. UCI es la parte demandada, pero no son los propietarios reales de la hipoteca. Son sólo la parte administradora. Los que recogen el dinero que yo pago y se lo pasan al fondo de inversión”.

En marzo del 2015 la sentencia les da la razón. Condenan a la entidad a anular la cláusula del contrato, a devolver todos los intereses desde el momento de la firma, y amortizar únicamente el capital, sin intereses. “Mi padre estaba muy malito por entonces. Llegué feliz para darle la noticia y me respondió: ‘sé prudente, hija… es una buena noticia, pero van a recurrir’. No se equivocó pero, para entonces, él ya no lo supo”. Los bancos no entienden de duelos ni lutos. Su padre murió el 19 de mayo de 2015.

La sentencia fue recurrida en la Audiencia Provincial de Barcelona y aún está pendiente de resolución. “Por ahora la demanda se ha ejecutado de forma provisional, pero si yo perdiera en la Audiencia Provincial, tengo que devolver todo. Es decir, por eso yo ahora pago 420 euros, pero si pierdo debería pagar cada mes 1200 euros de hipoteca. Por lo que pueda pasar, guardo cada mes ese dinero de más, como una hormiguita… Porque si ellos ganan, imagina la deuda en la que me metería”.

Políticos y justicia frente al IRPH

Silvia y sus compañeros afectados reconocen que esta lucha es difícil. “Todos sabemos que la casa, en verdad, vale la mitad del precio de compra; pero no voy a permitir la estafa dentro de la hipoteca. La impunidad empieza por el mismo juzgado, los jueces y los políticos”. Una plataforma de afectados acudió al Parlamento Europeo para proponer que esta cláusula fuese nula de acuerdo con la normativa europea sobre protección del consumidor. En las votaciones finales, PP, Ciudadanos, CDC y Unió votaron a favor de mantener el IRPH. El PSOE se abstuvo. Sólo PNV, UPyD, Podemos, IU y Bildu apoyaron los argumentos de los afectados.

"Mi hipoteca fue vendida a un fondo de inversores a los seis meses de contratarla"

“Cuanto más se ve y se investiga, produce más asco. Entre tanto, se han llevado millones de por medio”, apunta Silvia. Se ríe cuando se le menciona la recuperación económica de la que tanto se habla. Por eso, pone en primera línea a los que aún no han salido de esta crisis y de la estafa financiera. “El gran problema es que la gente no sabe dónde tiene que acudir, cómo encontrar las cláusulas que nos colocaron, qué es abusivo… y así, siempre ganan los bancos. Hay que asumir la realidad. Unirse y hacia delante”.

Las pequeñas cosas de la vida

Ahora le da vértigo rememorar todo lo vivido desde el año 2005, pero se siente orgullosa de hacer frente a la banca. “Una persona, cuando lleva mucho tiempo en una situación tan mala, se deja vencer porque ya no puede más. Son demasiadas llamadas de teléfono y amenazas. Siempre hay que pelear. No queda otra. Yo tengo una familia preciosa, Ana. ¿Cómo no voy a pelear? ¿Qué ejemplo daría a mi hijo si yo me rindiera? Yo he tenido padres peleones. Pero ser fuerte no significa que no tengas sentimientos. Lo sufres igual”.

Silvia sigue con su síndrome de piernas inquietas de forma puntual, algo menos intenso. Sabe que estas cosas requieren de paciencia. Porque la angustia le caló por dentro poco a poco y tardará en desaparecer.

-“¿Qué has aprendido en este tiempo?”, le pregunto.

Y ella responde, con determinación: “Que no puedo vivir como hasta ahora, con esa ansiedad, porque me estoy negando a mí misma a ser feliz. Me negaría y perdería las pequeñas cosas de la vida… el beso de mi hijo por las mañanas, el abrazo de mi marido... ¿Tú sabes lo que vale eso? Eso es lo que alimenta. Lo que me lleva a seguir… Y un índice no me lo va a impedir”.