Publicado: 27.11.2011 08:00 |Actualizado: 27.11.2011 08:00

El 60% de los cinco millones de parados no terminó la ESO

El número de universitarios desempleados crece de 476.500 en 2008 a más de un millón en 2011. La matrícula de adultos ha crecido un 25% en diez años

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Septiembre de 2008. Quiebra Lehman Brothers y colapsa el sistema financiero hasta hoy. Comienza la gran crisis y alcanza a España con 2.598.800 personas registradas en el tercer trimestre de ese año en el paro, según la Encuesta de Población Activa (EPA). De ellos, el 81,6% (2.122.300) no tenían siquiera el título de la ESO. La EPA dice que ahora mismo hay 4.978.300 desempleados. De ellos, 3.029.200 carecen de la titulación básica. Son un 60% de trabajadores atrapados en un callejón que sólo tiene una salida: la mejora de su propia formación.

Los parados sin formación eran el 80% del total en 2008. La reducción de ese porcentaje al 60% actual significa que los desempleados universitarios también se han disparado. De los 476.500 licenciados sin trabajo registrados en 2008 se ha pasado a 1.013.100 actual.

De 136 graduados en ESO por libre en 2003, se ha pasado a 11.700 en 2009

Gabriel González, de 22 años, dejó de estudiar a los 16 años. En su pueblo, Lillo (Toledo, 3.043 habitantes), es "lo más normal". "Me puse a trabajar en la agricultura. Trabajé durante cinco años en los viñedos de la zona. Ganaba 1.200 euros. Después enlacé contratos temporales hasta que me quedé sin trabajo", describe a la salida de clase. Cuando dejó el campo, González se topó con un currículum en el que ni siquiera podía decir que había aprobado 3º de ESO. Ahora estudia en un centro de adultos. Su experiencia es el puro drama estatal del fracaso y el abandono escolar.

Gabriel conseguirá a los 22 años el título de ESO completando en el CEPA (Centro Educativo de Personas Adultas) Moncloa de Madrid un curso que equivale a los dos de la segunda etapa de Secundaria (3ºy 4º de ESO). Cuando acabe aspira a entrar en Bachillerato. La orientadora de su centro, Julita Cascante, no lo ve tan claro. "Son chavales con un problema grave de autoestima. Muchos, como un mecanismo de defensa, dicen que ahora quieren ser ingenieros y no saben hacer una ecuación", explica.

El impacto de la crisis ha devuelto a las aulas a muchos de los que abandonaron sus estudios para el trabajo fácil en la construcción, el turismo o el sector servicios. "En 3º de ESO ya ni iba a clase. No me centraba y cuando cumplí los 17 ya lo dejé por completo porque sabía que con 18 me iba a tener que ir de todas formas del instituto. Encontré un trabajo en un restaurante y llevo dos años trabajando pero me he dado cuenta de que necesito más formación", explica Milagros Acosta, inmigrante peruana de 19 años.

"Si encuentro trabajo lo dejo otra vez", dice Alex, de 22 años

Milagros llegó a España con 9 años. Desde que dejó los estudios colabora en la economía familiar con parte de su sueldo de camarera, pero la experiencia laboral le ha hecho ver que perdió su oportunidad al dejar los estudios. "Ahora me gustaría seguir en el Bachillerato y luego quizá la Universidad, pero siempre que pueda seguir trabajando. En esta vida, si no estudias, puede que te quedes en el mismo sitio toda la vida. No progresas", afirma con aplomo.

"La experiencia laboral se nota mucho. Los alumnos que han trabajado tienen otra actitud. Saben que no pueden desaprovechar otra oportunidad", razona Cascante. El mayor problema al que se enfrentan los centros de educación para adultos es el absentismo. En el CEPA Moncloa, más de la mitad del alumnado no termina sus estudios. Consigue acabar con éxito aproximadamente un 25% de los alumnos que se matriculan.

"No se ha producido un aluvión de alumnos", advierte un sociólogo

Eso sí, gracias a ese absentismo las clases no se han saturado. En el curso 2000/2001 había 364.617 alumnos en enseñanzas formales de adultos. Una década después, en el curso 2010/2011, se matricularon 454.839 alumnos (un 25% más), según los datos del Ministerio de Educación. Los tres grupos del CEPA Moncloa para la segunda etapa de la ESO, que cuenta con una plantilla de 11,5 profesores, se reparten 111 alumnos y la matrícula sigue abierta.

"La impresión es que, a la vista de esa cantidad de parados sin el título de ESO, tampoco se está produciendo el aluvión de vuelta a los estudios que se podría esperar", explica el sociólogo de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Feito. Otra de las vías más utilizadas por los que retoman sus estudios es la prueba libre para obtener el título de ESO. En el curso 2002/2003 se graduaron 136 personas por esta vía. Cinco años después, los graduados se dispararon hasta los 11.699.

Pese al crecimiento de matriculaciones y graduados los sociólogos echan de menos medidas para atraer a esos potenciales estudiantes que están en paro. "Hace falta un plan de choque que tuviera en cuenta que el profesorado de los centros de adultos debería tener una formación específica. Ahora mismo son profesores que antes estaban en un instituto", añade Feito. La orientadora del CEPA Mon-cloa apunta en la misma dirección: "La metodología de la enseñanza de adultos no ha tenido una reflexión especial. Sólo se han adaptado los planes de estudio, pero poco más".

"Son chavales con un problema de autoestima", dice una orientadora

"Hay que plantearse si el problema que les llevó a abandonar los estudios es el mismo que les puede expulsar de las enseñanzas de adultos porque los profesores son los mismos", añade Feito, que trabaja en un estudio financiado por el Ministerio de Ciencia sobre jóvenes del fracaso escolar que vuelven al sistema educativo con la crisis. "El problema es que hemos crecido con un mercado laboral que pagaba poco y no exigía titulación. Por ejemplo, en el turismo se deberían haber exigido más idiomas", explica.

Alex Paul Crot, nacido en Ecuador hace 22 años, dejó los estudios por un trabajo en una compañía telefónica de agente comercial. "No me exigieron ningún título y además no gané dinero porque me pagaban por clientes", explica este alumno de la Secundaria para adultos que fue expulsado a los 18 años del instituto tras repetir 2º y 3º de ESO. "Enlacé un trabajo tras otro hasta que me matriculé el año pasado, pero lo volví a dejar porque encontré un trabajo de verano en un bar de Murcia", explica este joven que aspira a estudiar un Grado Medio de Formación Profesional. "Si encuentro trabajo lo dejo otra vez", advierte.

"Todas las medidas que intenten recuperar a esos alumnos expulsados (abandonados por el sistema) van en la buena dirección, pero la cuestión fundamental es qué sistema educativo es este que lleva al fracaso a tal proporción (30%), sobre todo cuando vamos teniendo evidencia, además, de que la relación del fracaso con las capacidades y competencias de los alumnos es, cuando menos, débil", analiza el sociólogo de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, Mariano Fernández Enguita.