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Camps opta por el banquillo y vende su marcha como un servicio a Rajoy

El president, acusado de cohecho en el ‘caso de los trajes’, abandona la Generalitat y el liderazgo del PP valenciano. El alcalde de Castellón, Alberto Fabra, será su sucesor en ambos cargos

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En los dos años y tres meses que ha durado la instrucción del llamado caso de los trajes, Francisco Camps apenas ha contestado preguntas sobre el asunto y ha procurado eludirlo, como si a fuerza de no nombrarlo pudiera conseguir que no existiera. Mientras, las revelaciones cada vez más graves de la presunta corrupción en el PP valenciano aireadas por el sumario del caso Gürtel, iban ocupando el debate público en el País Valencià, asfixiando cualquier otro debate. Este miércoles, la marea del escándalo llegó por fin a la nariz de Francisco Camps, que hubo de romper finalmente la burbuja que le aislaba del mundo real. Y ya, a estas alturas del proceso judicial en el que anda inmerso, no le quedó otra opción que dimitir.

Camps está imputado por un delito de cohecho pasivo impropio por aceptar, presuntamente, varios miles de euros en trajes de empresarios de la trama Gürtel que, en el mismo periodo en el que agasajaban al presidente, conseguían millonarios contratos de la Administración autonómica de manera supuestamente irregular. El pasado viernes, el juez instructor anunció que hay suficientes indicios de delito en la conducta de Camps como para juzgarlo.

Desde entonces, el president no convocó ni un solo acto público. El exmandatario estaba ocupado en elegir uno de los dos caminos que le había impuesto la dirección nacional del PP. El primero, aceptar su culpabilidad en una maniobra judicial que evitaría el desgaste mediático del juicio. El segundo, dimitir. La primera opción implicaba reconocer que había mentido cuando tantas veces repitió que pagó sus trajes y no recibió regalo alguno. Así que Camps optó por abandonar su cargo.

Lo hizo en una comparecencia en la que demostró que no renuncia a su estilo ni en este último día de su ya extinta carrera como gobernante. En un discurso iluminado y victimista, clamó por su inocencia, sin dar explicaciones detalladas sobre sus imputaciones judiciales y sin aceptar preguntas. No pronunció en ningún momento la palabra “Gürtel” y culpó de su desgracia a “brutales” y oscuras tramas.

“Dejo la Presidencia de la Generalitat en este mismo instante, inocente, completamente inocente, de las barbaridades que se han dicho de mí”, afirmó Camps. Añadió que se va “con menos” de lo que llegó y que nadie ha podido demostrar que se llevó “un euro”. El expresident dio a entender que afrontará el jucio, que se prevé para el otoño, y que intentará conseguir una sentencia absolutoria: “Estoy, a partir de este momento, liberado para defenderme donde corresponda de estas infamias y estas insidias”.

Camps se presentó a sí mismo como un mesías del pueblo valenciano devenido en mártir. Apeló a sus tres mayorías absolutas en las urnas y tiró del “orgullo” de ser valenciano, aprendido en la “casa” de sus “mayores”. “Somos los mejores, este es el mejor territorio, esta es la más grande comunidad de España y la mejor región de Europa y por eso han ocurrido las cosas que han ocurrido”, afirmó. El expresident culpó, sin citarlo directamente, al Gobierno socialista de haber orquestado una suerte de conjura contra él, de ser un “sistema duro y brutal” que, vaticinó, caerá en las “próximas elecciones democráticas”. Esto, pese a que la imputación judicial de Camps ha sido razonada, sostenida y reafirmada por el Tribunal Superior de Justicia valenciano (TSJCV), a través de innumerables autos generados durante los dos años que ha durado la instrucción de su caso.

Durante toda su comparecencia, estuvo rodeado de su Gobierno, recientemente nombrado, y también de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y Federico Trillo. Este último se ha encargado en los últimos días de transmitir a Camps las recomendaciones o exigencias de Génova en lo tocante a su futuro. Frente a ellos, Camps aclaró que su gesto es una autoinmolación por el bien del presidente nacional del PP. “Voluntariamente ofrezco este sacrificio personal para que Mariano Rajoy sea el próximo presidente del Gobierno”. Y añadió que “esta gran mentira” no debe ser “un pequeño obstáculo” en la marcha del PP hacia la Moncloa.

Su sucesor, Alberto Fabra, le califica de 'referente político' y 'amigo personal'

La comparecencia en la que Camps anunció su dimisión llegó a primera hora de la tarde. Fue el corolario a una mañana esperpéntica, en la que el tozudo silencio del president mantuvo en vilo a la clase política valenciana. Camps no apareció en Les Corts Valencianes, donde se celebró un pleno extraordinario para tratar el tema del corredor mediterráneo. Durante la mañana, también se cancelaron dos actos en Castellón, anunciados la tarde anterior, con los que parecía que iba a volver a su actividad habitual.

La expectación se trasladó entonces a la sede del TSJCV. Allí, se sucedían los movimientos que hacían pensar que Camps escogería la opción preferida por el PP nacional. En la calle Génova, se temía que la vista oral, prevista para el próximo otoño, coincidiera con las elecciones generales, en el caso de que estas se adelanten. Por eso, se brindó a Camps la posibilidad de acogerse a la llamada “sentencia de conformidad” por la que asume la condena y evita el juicio. Para ello, el expresident tenía que acudir personalmente al tribunal.

El president decide, contra lo previsto, dimitir y enfrentarse al juicio

Dos de los cuatro imputados en el caso, Rafael Betoret –exjefe de gabinete de la Conselleria de Turisme– y Víctor Campos –exvicepresident de la Generalitat– acudieron a comunicar al juez que se declaraban culpables, según esta modalidad. Sólo faltaba que apareciera Camps y el otro imputado, el ex secretario general del PP valenciano Ricardo Costa. Este era el más difícil de convencer, ya que está implicado en otra investigación penal también por presunta corrupción en el PP valenciano, y, en el caso de haber aceptado la condena, llegaría al proceso siguiente con antecedentes penales. Cinco minutos antes de que el tribunal cerrara sus puertas, el president anunció que sí acudiría a declararse culpable. Veinte minutos después de tal aviso, se echó atrás. Poco después, llegó la dimisión.

La jornada se cerró con una reunión de los órganos de Gobierno del PP valenciano. Allí, Camps dimitió también como presidente del PP. Pero también se ocupó de designar a su sucesor. Se trata del alcalde de Castellón, Alberto Fabra. Fue cabeza de lista autonómica por la provincia y le avalan sus mayorías absolutas en la ciudad. Además, es conocido por su discreción y apocamiento político –desde hace años soporta sin rechistar el dominio del PP provincial por parte de Carlos Fabra, expresidente de la Diputación, imputado por corrupción desde hace siete años–, que le han ayudado a situarse como sucesor sin despertar grandes fobias en los pesos pesados del partido. Además, no está imputado en ningún caso judicial.

Camps se despide con un discurso victimista en el que no admite preguntas

Fabra será investido en los próximos 19 días, cuando el president de Les Corts Valencianes, Juan Cotino, convoque un pleno extraordinario. Mientras, asumirá las funciones de la presidencia la actual vicepresidenta, Paula Sánchez de León, una mujer de la total confianza de Francisco Camps. Ayer, Fabra fue aclamado por el PP como nuevo líder del partido. Una de sus primeras frases fue para el expresident, al que calificó como “un amigo a nivel personal y un referente en lo político”. Anunció que mantendrá al mismo Gobierno que Camps había nombrado, a su misma ejecutiva y también a los mismos responsables del grupo parlamentario, porque “con ellos se puede llegar muy lejos”. Fabra tendrá que lidiar con los problemas judiciales del PP valenciano, que no se acaban con la marcha de Camps. El TSJCV investiga a varios altos cargos del partido por financiación ilegal, prevaricación, cohecho y falsedad documental. El proceso acaba de empezar a instruirse.