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IU: la cara y la cruz de la 'pinza'

Pactos postelectorales. El caso extremeño resucita la vieja polémica de si conviene a la federación apoyar al PSOE o apartarse de él

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Fíjese en la foto. Es Cayo Lara en la sede federal de Izquierda Unida. Hay algo más: una gran pinza de la ropa bicolor, roja y azul. Con la rosa del PSOE y la gaviota del PP. Uno encarna la 'crisis'. El otro, la 'corrupción'. Los dos, el 'neoliberalismo', la 'tenaza bipartidista'.

Aquella pinza física, de madera, protagonizó el Consejo Político Federal de IU del 10 de octubre de 2009. Y ahora sigue en el despacho del coordinador, como un aviso permanente. Porque esa pinza es el reverso de la pinza, el supuesto pacto que forjaron la IU de Julio Anguita y el PP de José María Aznar entre 1994 y 1996 y cuyo fantasma volvió a planear en las últimas semanas. Primero, a cuenta de las 40 alcaldías que la federación ha facilitado a los conservadores. Luego, por la decisión de IU Extremadura de abstenerse en la votación de investidura del conservador José Antonio Monago.

La pinza es, para IU, la bicha a la que nadie en la actual dirección quiere mentar. Lara suele comentar que la feroz 'campaña' de los 90 'hizo mucho daño' a toda la federación. Por eso, en 2009, cuando algunas voces en la cúpula alertaban de que el trazo grueso contra los socialistas podría dar lugar a una imagen 'falsa' de pinza con el PP, el coordinador levantó un cortafuegos. Apagó el incendio antes de que saltaran las chispas.

La tesis esgrimida por Lara recabó un apoyo abrumadoren la dirección federal

En el siguiente Consejo -enero de 2010- ya escribió que 'IU no debe permitir, ni ahora ni en el futuro, que con sus votos, por acción u omisión, gobierne el PP'. La tesis recabó un 80,3% de apoyos (94 votos a favor, ocho en contra y 15 abstenciones). En octubre, volvió a ser respaldada por un 93,6% (73 votos a favor, tres en contra y dos abstenciones). Y para el 22-M, el líder revalidó su compromiso en toda España. También, claro, en Extremadura.

La rotundidad de hoy responde a la pinza del pasado. 'Aquel episodio traumatizó a IU. Debemos saber dónde estamos, que no compartimos nada con el PP', asume Ramón Luque, responsable electoral. 'La pinza no existió como tal, no hubo un pacto, pero esa imagen sí quedó en el subconsciente colectivo y nos dañó. Ahora estamos preocupados. Una fuerza que no cumple su palabra pierde credibilidad', refuerza Miguel Reneses, secretario federal de Organización y número dos de Lara.

¿Pero hay razones para la inquietud? ¿IU baja siempre que entrega las llaves de un Gobierno al PP? ¿O le hiere más aparecer como 'muleta' del PSOE, según el planteamiento del líder de la federación extremeña, Pedro Escobar?

Todo depende de a qué puerta se toque. Si replica Anguita, su respuesta es diáfana: no, el daño viene si IU se cree el 'complejo de inferioridad', su 'supeditación' a los socialistas. Para la cúpula actual, no se trata de ser sus escuderos, sino de 'relanzar un proyecto anticapitalista, republicano y transformador que dependa de sí mismo y que tiene como eje avanzar en la base social del PSOE para convertirse en la referencia de la izquierda', explica Reneses. Y añade: 'Por eso, la base socialista ha de tener claro que con nuestro voto no gobernará el PP. No es un capricho'.

La cúpula asume que la 'pinza' logró 'traumatizar' a toda la federación 

En cualquier caso, un cierto consenso fragua sobre la esencia misma de la pinza. Miembros de la IU de antaño y de la de hoy sostienen que no existió si se entiende como pacto sellado con el PP. Y denuncia que el PSOE critique los pocos casos que habido, cuando antes y ahora acuerda gobiernos con el PP

Luis Ramiro, politólogo de la Universidad de Murcia y uno de los pocos y renombrados estudiosos de IU, comparte parcialmente el argumento: no hubo acuerdo, pero su 'estrategia' de total confrontación con Felipe González 'hacía extremadamente al PSOE fácil presentar a la opinión pública que había pinza con el PP'. Porque el armazón doctrinal que sustentaba tal posición es la teoría de las dos orillas (o sea, que PSOE y PP están en la misma orilla, la del neoliberalismo, e IU, en la otra) y el sorpasso, la creencia de que era posible superar a los socialistas.

Anguita, que ya en 2006 se desquitó en su libro El tiempo y la memoria (La Esfera de los Libros, Madrid, 2006), defiende que no excluyó el diálogo con González, que le ofreció acuerdos 'sobre programa' en 1990, 1993 o 1996. El PSOE, dice, 'nunca los quiso'.

La práctica se llevó a cabo en Asturias, Málaga, Andalucía o Extremadura

¿En qué se concretó la pinza? Básicamente, en cuatro momentos. Primero, en 1994, con las autonómicas andaluzas, en las que la federación obtuvo un resultado histórico (19,14% y 20 diputados de un total de 109). El PP respaldó a Diego Valderas (IU) para la Presidencia del Parlamento. Así arrancó una legislatura convulsa que vivió la prórroga de dos Presupuestos por el voto de PP e IU. En 1995, el desacuerdo entre la federación y el PSOE concedió a los conservadores el Gobierno de Asturias y la alcaldía de Málaga. IU también se adjudicó la Presidencia de la Asamblea extremeña gracias al apoyo del PP.

'Quizá hubo gestos no muy afortunados, como algunas fotografías de Luis Carlos Rejón [entonces líder andaluz de IU] y Javier Arenas, pero no hubo pinza -relata Anguita a Público-. Me di cuenta de la campaña del PSOE. Para combatirla, en Madrid imprimimos folletos donde contábamos las coincidencias de PP y PSOE y las escasísimas de IU y PP, todas relativas a la transparencia. En Andalucía, se limitaron a dar ruedas de prensa'. Manuel Monereo, muñidor intelectual de la estrategia de Anguita, asume que IU 'pudo pasarse de frenada' al dar 'innecesariamente poder al PP'. 'Con una mala aplicación de nuestra política, en un contexto de enorme división interna y de deriva del PSOE, dimos pábulo a que sectores del PSOE y Prisa, su aparato mediático, proyectaran la imagen de la pinza', alega.

Julio Anguita subraya que siempre intentó el acuerdo con Felipe González

Entre 1994 y 1996 se agolpan los mejores resultados de IU. Un 13,44% y nueve escaños en las europeas; un 11,68% y 3.493 ediles en las municipales, y en las generales, un 10,54% y 21 diputados –dos menos que los logrados por el PCE en 1979–. Anguita lo achaca a su discurso 'rotundo' y sus 'grandes propuestas' –oposición al Tratado de Maastricht, banca pública, jornada laboral de 35 horas o supresión de la mili–. 'Era un proyecto de una IU que fuese alternativa de gobierno y de poder, no subalterna, con vocación mayoritaria', sanciona Monereo.

Los críticos con Anguita le afean el 'simplismo' de su análisis electoral. 'Su éxito se sostuvo en otros componentes: una organización fuerte, un liderazgo reconocido, una decadencia brutal del felipisimo por la crisis y los escándalos de corrupción y los GAL, el prestigio de los sindicatos...', subraya Luque. El profesor Ramiro también atribuye el ascenso al desgaste del PSOE, igual que hace Pere Ysàs, catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

La federación culpa al PSOE de espolear una 'campaña' contra ellos

Es la tesis que sostiene la dirección de IU o el mismo Gaspar Llamazares, que en 1995, cuando era coordinador asturiano, permitió al PP, por decisión 'propia', y no tanto de Anguita, hacerse con el Gobierno del Principado. 'Veníamos de una reconversión industrial y si pactaba con el PSOE se me iba la mitad de la militancia. Pero aquello fue un error. A corto plazo, la confrontación con el PSOE es rentable porque te permite rentabilizar su desplome. Pero cuando cambiaron las tornas y el PP se hizo con el poder, esa estrategia envejeció súbitamente y se convirtió en una losa para IU, un estigma, que hemos venido pagando una década'.

Del clima general anti-PSOE se salvó Madrid, un territorio siempre muy combativa con Anguita: 'Nosotros siempre mantuvimos las relaciones con CCOO, que Julio no mantuvo para el resto del Estado. Teníamos una cultura de gobierno importante y una apuesta por la unidad de la izquierda, desde la identidad y el respeto mutuos', rememora un destacado dirigente de la federación madrileña, que pide no ver publicado su nombre. 

 

Al auge de 1994-1996 sucedió el descalabro, principal prueba de cargo para los contrarios a Anguita. En 1996, IU cayó de 20 a 13 diputados en Andalucía y los socialistas subieron. La izquierda jamás recuperó la alcaldía de Málaga –evidencia, para la dirección, de que el PP llega para quedarse en el Gobierno, y de que no es fácil echarlo–. En 1999, en Extremadura y en Asturias, la federación cedió tres de sus seis escaños y el PSOE se reforzó. También en 1999, IU cayó en las municipales a un 6,52% y a un 5,77% en las europeas. En las generales de 2000, pese al pacto de Francisco Frutos y Joaquín Almunia, se precipitó al 5,45% y a ocho escaños. 'El efecto político es diferido, pero pasa –razona Ysàs–. Aparecer como muleta del PSOE no trae beneficios electorales, pero facilitar gobiernos al PP comporta una penalización mayor. Un elector de IU no transige con el PP, por mucho que sea cierto que la pinza fuera instrumentalizada por el PSOE'. Reneses le da la razón: 'El electorado de IU generalmente rechaza más al PP que al PSOE. No tenemos franjas electorales en común con el partido de Mariano Rajoy, pero sí con el PSOE'. 

Jesús Iglesias, actual coordinador asturiano, abomina de la pinza: 'Fue catastrófica desde la perspectiva electoral: sufrimos un varapalo. Nos metió en el desierto y seguimos en la travesía. Y desde la perspectiva social, también: nos impidió intervenir en la política. Puedes condicionar al PSOE, con él puedes sacar parte de tu programa, y no con el PP'.

'Jesús es benévolo. Lo que dice Julio es una gran mentira fundada en la ignorancia. IU se hunde a partir de 1996, en el momento álgido de la pinza, cuando la gente se da cuenta de que eso no garantiza políticas de izquierda. La pinza fue una estrategia suicida y fracasada. Miente descaradamente quien defienda las dos orillas', sentencia Pedro Chaves, profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid y principal bastón teórico de Llamazares en sus años de coordinador general.

Llamazares pilotó la estrategia contraria y tropezó también con un mal resultado

Anguita culpa del declive a que González había alimentado una 'quintacolumna', Nueva Izquierda, a la que finalmente expulsó en 1997: 'Su discurso era mercenario y todos sus miembros acabaron en el PSOE. En 2000, el aplauso al pacto con Almunia arrolló la imagen de la pinza, así que no pudo influir'. Llamazares cree lo contrario: 'Cuando Paco [Frutos] pactó con Almunia ya estábamos condenados: habíamos perdido la mitad del voto autonómico y municipal, así que era previsible que con el sistema electoral de generales perdiéramos diputados. Fue un pacto defensivo y la gente no lo comprendió porque veníamos de la pinza. Gracias a aquello, contuvimos el desgaste'.

'Las crisis internas tienen castigo –analiza Ramiro–, pero pensar que fue un elemento crucial es desenfocado. Lo relevante en IU es que las diferencias provocan rupturas, no se administran pacíficamente. Y aquel enfrentamiento con el PSOE pudo no ser comprendido por los votantes de IU, que preferían alianzas'.

La posición actual es fruto del 'aprendizaje' de los fallos del pasado

Tras Anguita, Llamazares. Mayor proximidad a los socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero, recomposición de las relaciones con los sindicatos, los movimientos sociales e ICV. Y sin embargo, nuevo bajón: cinco diputados en 2004, dos en 2008. Todo por la 'subalternidad' al PSOE, según sus críticos. Los gasparistas subrayan la 'influencia' en el Gobierno como un éxito: 'Si estás en política, quieres transformar las cosas. Y, al margen de identidades, es más fácil llegar a acuerdos con el PSOE. Además, el primer Zapatero no era González', indica Montse Muñoz, responsable de IU Abierta.

Los expertos coinciden. 'El Gobierno llevó a cabo una agenda progresista a la que IU no podía oponerse. Dudo de que Gaspar pudiera hacer otra cosa', opina Ramiro. 'Zapatero concentró el voto de la izquierda en 2004 y lo repitió en 2008 para evitar que volviera la derecha', cree Ysàs. Luque, que integró las ejecutivas del hoy portavoz en el Congreso, señala como fallo de Llamazares no tanto la estrategia hacia el PSOE, sino 'su gobierno interno', más parecido a 'reinos de taifas'.

De la ruptura interna nació la IX Asamblea y el liderazgo de Lara, en 2008. Y la posición del 'ni por activa ni por pasiva' habrá gobiernos del PP. Los analistas –y la dirección– lo entienden como un 'aprendizaje' tras el 'trauma' de la pinza. Sin embargo, los gasparistas creen que aún perviven las dos orillas, la creencia de que PP y PSOE 'son lo mismo', cuando 'el electorado socialista no ve a su partido en la derecha', juzga Chaves. 'Las dos orillas –continúa– no han muerto. No se ha interiorizado totalmente el análisis crítico. Tú puedes criticar la deriva neoliberal de Zapatero, es tu obligación, pero el problema es que la dirección entiende que, estructuralmente, PSOE y PP son lo mismo, que están en un lugar diferente'. 

'Decimos que Zapatero hace políticas de derechas, pero los dos partidos no son lo mismo porque ni su historia ni sus bases sociales son las mismas', tercia Reneses. Valderas, que en 1999 tachó de 'error grave' la estrategia de 1994-1996 y que hoy reconoce que algunas imágenes de aquel tiempo sobraron ('valían más que mil palabras'), reitera que IU sólo debe 'casarse en el programa'. 'La tesis del ni por activa ni por pasiva es un error. Es tener la moral del esclavo, el eterno complejo de inferioridad. La pinza ha traumatizado a los dirigentes débiles de IU', contrapone Anguita. Le replica Llamazares: 'Es una argumentación inaceptable. Me interesa muy poco [Guillermo Fernández] Vara [presidente extremeño en funciones]. Me importan los extremeños e IU. Y la capacidad de condicionamiento sobre el PSOE es mayor que sobre el PP. No hago un análisis para favorecer al PSOE, sino para favorecer a IU'. 

El reto, hoy, es darle la vuelta a Extremadura. Investir a Monago supondría, para la cúpula, que IU 'falta a su palabra'. La peor carta de presentación, entiende, para unas generales para las que no sale con el aprobado en la mano.

Los expertos avisan de que con la crisis extremeña, 'el daño a IU ya está hecho'

La lectura de IU no anda desencaminada, según los expertos. Ramiro apunta que, 'con todas las salvedades' que quepa hacer –aún no se han convocado las elecciones, no sabemos el contexto, la evolución de la crisis–, 'se puede pensar que los electores mostrarán incomprensión hacia esta actitud', vista la experiencia pasada. Recuerda que votantes y militancias suelen mostrar prioridades distintas en los partidos, pero en el caso de IU se hace 'más patente en un tema muy relevante'. Con respecto a los efectos internos, este profesor de la Universidad de Murcia cree que todo dependerá de 'cómo se administren las divergencias', aunque la señal es que no se llevará a una situación extrema, pues hay consenso en la dirección federal. Pero advierte: 'El daño ya está hecho. IU no será fiable, expulse o no a sus cuadros extremeños'. Ysàs coincide con que el pago de la factura será 'importante'. El argumento de que la federación es un valladar contra el PP, por lo pronto, ha quedado 'cuestionado'. 

La duda de qué es mejor seguirá ahí, irresuelta. Porque, como concluye el catedrático de la UAB, arbitrar las relaciones con el PSOE 'nunca es fácil'. 


IU Extremadura ha recibido el mismo mensaje esta semana: ha de votar en contra de la investidura de José Antonio Monago (PP).

Eso pidió ayer domingo el Comité Federal del PCE. Según confirmaron a Público fuentes del partido, su secretario general, José Luis Centella, defendió que había que apoyar la tajante resolución de la Presidencia Ejecutiva Federal de IU de este martes, que volvía a recordar a la federación regional que no podía dejar pasar al PP. El aviso de Centella también iba para el PCE extremeño, que apostó por la abstención a Monago.

El informe del líder fue aprobado por 68 votos a favor (97,14%), ninguno en contra y dos abstenciones. Estos dos votos no procedieron de Extremadura.

Ayer IU comunicó que Llamazares ha remitido una carta a José Bono para quejarse por su “desprecio” a la federación, acentuado por el caso extremeño. Dijo al presidente del Congreso que puede defender el bipartidismo, pero no atacar a los minoritarios, cuando el cargo le exige “buen gusto y objetividad”.