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Nadie es perfecto

Marchena conoció y amplió la querella contra Atutxa y luego le juzgó en el Supremo

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Un gran número de casos atestigua que no es de cierta importancia, sino fundamental, que no sólo se debe impartir justicia, mas se debe mostrar, manifiesta e indudablemente, que se ha hecho justicia', escribió el juez Gordon Hewart al revisar una sentencia, en el Alto Tribunal de Justicia de Reino Unido, en 1924. Desde entonces, es uno de los grandes aforismos jurídicos del Derecho. No sólo hay que hacer justicia, sino que se debe ver clarísimamente que se ha hecho justicia.

En su auto de archivo de la causa de Nueva York contra Baltasar Garzón, el juez Manuel Marchena señala, en relación con una querella presentada contra Emilio Botín, que el entonces titular del juzgado de instrucción número 5 de la Audiencia Nacional asumió la causa, pese a haber recibido un patrocinio del Banco Santander meses antes.

No sólo hay que hacer justicia, sino que se debe ver que se ha hecho justicia

'Es cierto que Baltasar Garzón no se abstuvo en el conocimiento de esa querella. Ese hecho tiene un contenido jurídico incuestionable. Es la mejor muestra de que el deber de abstención que le incumbía fue conscientemente infringido en gratitud por la generosa respuesta que el BSCH [Banco Santander] había realizado a su petición de ayuda económica', señala.

Y añade: 'Cuando el imputado, debiendo abstenerse del contenido de esa querella, consideró oportuno ocultar al fiscal y a las partes de la concurrencia de una causa que podría perturbar su imparcialidad, estaba demostrando que el deber de agradecimiento generado por la dádiva interfería ya el ejercicio íntegro de su función jurisdiccional'.

La recusación de Marchena en el 'caso Atutxa' fue desestimada

¿Y el juez Marchena? Veamos. Ayer, Alberto Figueroa, letrado del expresidente del Parlamento Vasco Juan María Atutxa, recordaba a este cronista que tras la sentencia del Tribunal Supremo de 2008 [recurrida en amparo ante el Tribunal Constitucional sin respuesta cuatro años después] que condenó a Atutxa, Kontxi Bilbao y Gorka Knörr por un delito de desobediencia, él solicitó la nulidad porque el magistrado ponente, Manuel Marchena, había conocido de la querella presentada por el Fiscal General del Estado, Jesús Cardenal, en junio de 2003.

Al presentarse dicha querella, Marchena era miembro de la secretaría técnica de la Fiscalía General del Estado y, un mes más tarde, en julio de 2003, era nombrado fiscal jefe de dicha secretaría técnica. Esta secretaría es el principal órgano de elaboración jurídica del fiscal General. Ya en su calidad de fiscal jefe, Marchena supervisó la presentación de una ampliación de la querella original, aparte de seguir, en su calidad de brazo derecho de Cardenal, las actuaciones de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco en el caso Atutxa.

'El conocimiento de esa querella y la ampliación posterior hecha bajo su gestión en calidad de fiscal jefe de la secretaría técnica lo inhabilitaban para ser juez imparcial', dice Figueroa. Sin embargo, su petición fue desestimada a través de una providencia por ser extemporánea. Pero, en la breve diligencia, los magistrados utilizaron el argumento que él como defensor de Atutxa ya había planteado en su escrito, a saber, que Marchena había sido nombrado fiscal jefe con posterioridad a la presentación de la querella.

Ahora ha vuelto a ser displicente con la apariencia de parcialidad

'Yo había dejado constancia de ese hecho. Pero el caso es que Marchena había sido miembro de esa secretaría técnica durante la elaboración de la querella y, más tarde, cuando ya fue nombrado fiscal jefe, en sustitución de Fernando Herrero Tejedor, supervisó en abril de 2004 la ampliación de la querella inicial. Nunca podría ser imparcial.', explica Figueroa.

Ya en el Tribunal Supremo, en 2008, Marchena, en calidad de juez, formó parte del tribunal y tuvo que sustituir al ponente original, en desacuerdo con el criterio mayoritario de condenar a Atutxa y a los otros dos acusados. Marchena, que había supervisado el caso desde la Fiscalía General del Estado, creyó, a diferencia de lo que imputa a Garzón, que su pasada función de fiscal en este caso 'no perturbaba su imparcialidad'.

Claro que una vez esto le puede pasar hasta a los jueces más puntillosos. Nadie es perfecto. Pero el caso es que, al no prosperar el incidente planteado por Figueroa, el juez Marchena ha vuelto más tarde a ser displicente con la apariencia de parcialidad cuando se trata de aplicársela a sí mismo.